Asociación Aragonesa de Escritores

Decididamente a la difusión de la lectura y el libro.

Archivo para 'Entrevistas' Categoría


Personaje del mes: Mª Pilar T. Callizo.

Publicado por Angelica en Abril 23rd 2010

callizo

Entrevista a Mª Pilar Callizo.

Por Angélica Morales.

Usted arrastra nombres encadenados, ¿con cuál de todos firma en sus libros?

 Con el primero, Mª. Pilar.

Es evidente que la proximidad del Moncayo ha influido en su literatura. ¿Qué hay que hacer para que la magia nos impregne?

 Mirar sus paisajes, oler sus aromas, escuchar su sonido… Y luego…, cerrar los ojos para que esa magia profundice en todos nuestros sentidos.

¿A qué huele un cuento?

 Cuando contemplas el rostro de un niño escuchando un cuento, huele a felicidad.

¿Qué historia está escribiendo en estos momentos?

 La de un niño y su tata…

Disculpe que no sea más explícita, pero ya sabe que a los escritores no nos gusta mucho desvelar nuestras historias, hasta que las vemos terminadas en nuestros folios; pues las “hadas” son muy juguetonas y las pueden llevar por otros derroteros…
 

¿Hay mucho cuentista en la literatura?

 Supongo que habrá alguno, como en las demás actividades humanas. Pero si los hay…, espero que sean más divertidos.
Complete la frase, por favor: “Dejar de ser niño es como…”

 …dejar de tener sueños.

Cítenos alguno de los autores que le han marcado

 Es sabido que la niñez es muy importante en la formación de la personalidad. Por lo tanto, los cuentos son básicos. Y, además,  Kipling (Libro de la Selva), Tagore, Dumas (Conde de Montecristo) y Bertol  Brecha, entre otros.
Su labor altruista es bien conocida, organizó junto a otros compañeros de la Asociación lecturas de cuentos en hospitales, destinados a los niños enfermos. Comparta con nosotros sus impresiones. ¿Repetirá el año próximo la experiencia?

 Gracias por su amabilidad.

 Pero decía Séneca, que la recompensa a una buena acción, es haberla hecho.

 El mérito de esta actividad, “Un cuento, una sonrisa”, lo tienen los niños; que nos regalan sonrisas, en unas tardes impregnadas de la fantasía de los cuentos. Y, también, muchas personas que hacen posible que pueda realizarse, como mis compañeros escritores, la AAE que organiza, el Hospital Universitario Miguel Servet, el Hospital Clínico Universitario “Lozano Blesa” y ASPANOA.

 Todos juntos, seguiremos haciendo el trueque de cambiar cuentos por sonrisas.

¿Qué se siente al hacer soñar a un niño?

 Se siente ser como  Peter Pan, cuando tenía pensamientos felices y podía volar.

La literatura infantil es su medio de expresión, pero también confiesa sentirse tentada por la poesía. ¿Cuándo se va a atrever a dar el paso?

 He publicado algunos poemas, en la revista Cántaro y Hierba, en momentos puntuales.

¿Sigue creyendo en historias imposibles a estas alturas de la vida?

 Sí.  Sigo creyendo en las “historias”. El hacerlas posibles o imposibles depende del talante de cada uno, de la educación, de cómo vemos y afrontamos el día a día.

Decía Roald Dahl: “El que no cree en la magia, nunca la encontrará”.
 ¿Qué le pide a las hadas buenas?. ¿Se imagina ganando un día de estos el premio “Barco de vapor”?

 Les pido que no haya desigualdad, que no haya violencia ni maltrato, que sigan saliendo el sol, la luna, las estrellas y el arco iris. Pero sin apartar los pies del suelo. Todos tenemos que trabajar y esforzarnos para ello.

 ¿Premio?… Nunca me lo he planteado. Pero ahora que me lo pregunta…, si alguna vez me lo concedieran…, sería estupendo.
Si tiene alguna reivindicación que hacerle a la AAE, ahora es el momento. Sea valiente

 Se están haciendo muchas actividades.

 La Junta y la Asamblea, escuchan las ideas nuevas que aportan los socios.

 Todo lleva  su tiempo…

 Sería interesante, dar a conocer a nuestros autores y nuestra literatura fuera de nuestra tierra,  con la colaboración de las Casas de Aragón.

Permítame un añadido, como colofón: “Y colorín, colorado…”.

Ha sido un placer.

 

Mª Pilar Callizo por Mª Pilar Callizo:

Nací en un pequeño pueblo de Aragón, situado en la falda de una preciosa montaña: nuestro Moncayo mágico, donde viven hadas y duendes y, alguna que otra bruja buena.

Bécquer vivió una temporada en Veruela, respirando el oxígeno de estos paisajes y se impregnó de su “duende”, dejándonos por escrito sus sensaciones.

En mi pueblo, vivieron dos excelentes escritores que tuve la suerte de conocer y estimar. Fueron felices en estos paisajes de colinas suaves, nevadas de almendros, con aromas de espliego, tomillo y romero. Paisajes alegres, de jota y vendimia; de olivares; de frutas jugosas; de huertos pequeños; de choperas frescas; de río, con nombre de mujer; de manantiales que las ninfas protegen… Bulbuente. El pueblo de Julio Alejandro Castro, de José Antonio Román. Mi pueblo.

Me llamo María del Pilar Teresa de Jesús Callizo  Jiménez. Un nombre de consenso.

La primera bebé en una familia, es estreno de todos: Papás, yayos, tíos… y todos quieren poner su nombre preferido.

Así es que mis padres, que eran maravillosos, decidieron sabiamente hacerles felices.

El resultado fue, que casi tengo nombre de infanta… El problema es, que la mayoría, me llama María Pilar; bastantes María Teresa y, algunos, Tere. Estuve un tiempo explicando que mi primer nombre era María Pilar, pero fue inútil y, como no me gusta usar la fuerza, pensé: ¡Si los cristianos llaman a Dios, los judíos a Yahvéh y el islam a Alá y, a todos les contesta el mismo padre!….

Cogí su ejemplo y me resultó de lo más fácil. Pero como en  la vida misma, a pesar de darles facilidades, algunos se lían…

No recuerdo cuando escribí mi primer cuento. Debía de ser muy pequeña… Siempre he imaginado historias.

También me ha gustado que me contasen cuentos. Tuve la fortuna de tener a mi bisabuelo, que era experto en ese arte.

No recuerdo ninguna historia; sólo, mi personaje favorito: La vaca Concha. Un cuento no escrito, de transmisión oral, que él creó para que fuese feliz.

Mis padres nos leían cuentos y hacían que se los leyésemos a ellos. Mis preferidos: El patito feo y La sirenita (Andersen); también: La cenicienta (Charles Perrault) y Celia (Elena Fortun). Más tarde, envuelto en papel de regalo, descubrí a Mujercitas (Louissa May Alcott). De todas las hermanas, Jo, era mi preferida.

¡Qué grandes aventuras a través de sus páginas vivimos en el Libro de la Selva!, o con Robinson Crusoe… En el bachillerato, descubrí a los clásicos, como el Quijote (Miguel de Cervantes), Romeo y Julieta (Shakespeare), El Buscón (Quevedo), Fortunata y Jacinta (Galdós), Platero y yo (Juan Ramón Jiménez). Y la poesía de este autor, de Machado y de Miguel Hernández (con su Nanas de las cebollas). Y, siempre me gustó, Gloria Fuertes.

Ya de adulta, leí La conjura de los necios (Toole), los Pilares de la Tierra y a autores aragoneses, entre otros. Y seguiré leyendo para vivir otras vidas, otros paisajes…

Pertenezco a la Asociación Aragonesa de Escritores, casi desde su fundación. A la Asociación Aragonesa de Amigos del Libro y a la tertulia literaria Tercer Milenio. He colaborado en las revistas literarias: Criaturas Saturnianas, Imán, Cántaro y hierba, en Jornadas y eventos relacionados con la literatura y el cuento infantil. Participo como jurado en varios premios literarios. Soy coordinadora de la actividad “Un cuento, una sonrisa”, para niños ingresados en centros hospitalarios, organizada por la AAE y en la que colaboran el Hospital Universitario Miguel Servet, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa y ASPANOA de Zaragoza. Consiste en acercar el mundo mágico de los cuentos en dos fechas señaladas: Cuando los libros salen a la calle a celebrar su fiesta (Feria del Libro) y los escritores, con nuestros cuentos, visitamos los hospitales para hacer partícipes a los niños de la alegría de los libros, contándoles las maravillosas historias que guardan en sus páginas y, en navidad.

Como seguro que lo habréis adivinado…, soy escritora de literatura infantil. Aunque, a veces, cuando me grita el alma, escribo poesía.

He publicado los cuentos: Arturo, el caqui (2002, ed. Gobierno de Aragón, Departamento de Educación y Ciencia), reeditado en 2005, ed. Gobierno de Aragón, Departamento de Educación, Cultura y Deporte); Garné de Beruela y el príncipe Mabec (2006, ed. Consejo Regulador de la D. O. Campo de Borja), representado en el Monasterio de Veruela por la compañía El Temple (2008); El dinero silvestre (2007, ed. Gobierno de Aragón, Departamento de Educación, Cultura y Deporte ) y Pedro Saputo y sus ratos (2008, ed. Delsan), basado en la obra de Braulio Foz. En 2008, junto a veinticuatro escritores más, escribimos Duchas Escocesas (Ed. Certeza), final de una trilogía que nuestro compañero José Antonio Román Ledó no pudo acabar, porque nos dejó un 23 de abril…

Me gusta escribir cuentos y leerlos en voz alta. A ver cómo suenan… si me gustan sus armonías, los doy por concluidos.

Un cuento nace para ser compartido. Por eso, soy feliz cuando los veo convertidos en libro, con sus preciosas ilustraciones.

Esta foto la he elegido…; aunque no se vean delante de mí, hay unos cien niños escuchando “El dinero silvestre”. Una niña de las que allí estaban, llamada Julia, me invitó a que cuando fuera igual que yo; o sea, mayor, sería escritora de cuentos y tendría que ir a la presentación de su primera obra. Julia, no me pidió ni dirección ni teléfono; tampoco tengo el suyo. Pero ni ella estaba preocupada, ni yo tampoco, por esas minucias… Ya nos pondrá la dirección el hada cartera, cuando llegue el momento.

Tengo varios cuentos empezados y algunos en la cabeza. Cuando sea su hora mágica, verán la luz para ser compartidos.

Cuento: “El sembrador de estrellas”

Fuencisla, como todos los domingos, se iba a correr al parque próximo a su casa. Su salida y llegada, estaban en un precioso magnolio de la variedad Grandiflora.

Esa mañana, mientras se preparaba, miró al árbol y le pareció que estaba enfermo. Pensó… ¿No se habrán dado cuenta los jardineros?…, ¡tendrán que tratarlo!.

A la hora en punto regresó a su punto de partida, a “su magnolio”, como ella decía.

Un hombre estaba abrazando al árbol, acariciándolo y hablándole.

Fuencisla, sintió ternura por él…

Una pareja que paseaba con su bebé comentó: ¡Está loco!, puede ser agresivo…

Un grupo de adolescentes que habían terminado una madrugada de botellón, le sacaban fotos entre risas e insultos, para colgarlas en la red.

Nadie preguntó al hombre abrazado al magnolio, por qué hacía eso…

A los árboles se les mira, se les admira, se les ignora, se aprovechan sus sombras para refugiarse del calor, se lleva al perro para que los utilice de w. c., se les rodea de botellas y desperdicios de las juergas, se les arrancan las ramas, se hacen cicatrices en sus troncos, se recogen sus frutos…

Pero nunca se les abraza. ¡Sólo lo hacen los locos!

A la mañana siguiente, para sorpresa de Fuencisla, de nuevo se encontró al hombre. Esta vez, entablillando una pata a un perro al que habían atropellado sus propios dueños.

El animal, al ver que lo bajaban del coche y se marchaban sin él se quiso subir al vehículo, con tan mala suerte, que le pasó la rueda por su pata.

Fuencisla no le dijo nada. Miró al hombre afanado en su tarea y pensó:

- Este humano no es normal.

Pasaron tres días, Fuencisla se había olvidado del “raro”, como ella le llamaba. Había quedado con unas amigas en una heladería, hacía mucho calor; le apetecía tomarse un helado.

Llegó la primera, era la más puntual… Con sorpresa, se encontró al “raro” sentado en un banco enfrente de la heladería; hacía un sol de justicia…

En un arranque de generosidad, decidió invitarle a un helado de limón. Se le acercó y se lo ofreció. Éste, con una sonrisa “profidén”, le dio las gracias.

Ella le preguntó: ¿se ha quedado usted sin trabajo?

El hombre, levantándose del banco, le dijo:

-¡Discúlpeme un momento!…

Y se dirigió a un mendigo maloliente que estaba sentado en el suelo y le regaló el helado.

Fuencisla estaba indignada… Fue a su encuentro y le dijo:

-¡Soy una idiota y, usted, un insolente!. Pensé que no tenía dinero y que con el calor que hace, necesitaba un helado. ¡Se ha reído de mí con su desprecio!…

El “raro” alarmado por su reacción, le dijo con ternura:

-¡Él lo necesitaba más que yo!. Ahora, si me lo permite, le invito yo a usted.

-¡Bueno, acepto la invitación como disculpa!.

Ambos entraron en la heladería. Ella le preguntó:

- Pero… ¿tiene trabajo?.

- Sí.

- Ya me parecía. No tiene pinta de indigente, pero…

Él le sonrió.

Terminaron de tomarse los helados y ella le dijo:

- Si no es indiscreción…, ¿qué trabajo tiene usted?.

- Soy sembrador de estrellas

Y, besándole la mano, se despidió.

Fuencisla, estupefacta, se dijo para sus adentros:

¡No escarmiento!… ¡Quién me mandaría a mí sentarme aquí con él!. ¡Estoy como una regadera!

No volvió a verlo. Ella lo prefería, se sentía ridícula.

Al domingo siguiente,  como siempre, fue al parque, a “su” magnolio. Y se lo encontró más hermoso que nunca.

Mientras lo admiraba, un perro ladraba a su alrededor. Era el de la pata entablillada. Estaba feliz con su nuevo amo, un niño de ocho años.

El pequeño, preguntó a Fuencisla:

- ¿Tú conoces al -sembrador de estrellas-?

- Sí. ¿Y tú?…

- Él me dejó a “raro” para que seamos amigos.

Ella le preguntó de nuevo:

- ¿Y tú, por qué le has puesto ese nombre?…
- Él me dijo que le llamase así.

- ¿Dónde está?…

- Se ha marchado a seguir su trabajo.

- ¡Cuida de “raro”, porque él cuidará de ti!

Y, dirigiéndose a “su” magnolio, le dijo:

¡Hasta el domingo que viene, querido amigo!.

 

 Este cuento, que escribí en diciembre de 2009, es un homenaje para tantos seres humanos que trabajan para facilitar la vida de los más débiles.  Con ocasión de la  Jornada Literaria de homenaje y ayuda a los damnificados del terremoto de Haití, organizado por la AAE en el Aula Magna del Paraninfo de la Universidad de Zaragoza, colaboré y participé con su lectura en febrero de 2010.

Publicado en Asociados, Entrevistas, Personaje del mes | Sin Comentarios »

José Ángel Monteagudo: Personaje del mes

Publicado por Angelica en Diciembre 23rd 2009

jose-angel-monteagudo

Entrevista a José Ángel Monteagudo
por Angélica Morales

Así que infancia con los Salesianos, ¿tiene usted alma de mártir? ¿O es que para ser rebelde es necesario abrazar antes una fe de quita y pon?


En realidad toda mi vida estudiantil, excepto la etapa universitaria, anduvo rodeada de curas y monjas; preescolar en las Josefinas, EGB y FP en Salesianos Zaragoza. Uno puede ser rebelde por muchas o por ninguna causa (como el Dean), no creo en la fe como la primera virtud teologal que defiende la iglesia sino más bien la tomo como la acepción de confianza; por eso mi fe no es de quita y pon, sino íntegra en todo aquello que realizo. La misma adolescencia en la mayoría de los casos es la rebeldía pura y así me la tomé yo. También le diré que los curas Salesianos que yo conocí eran de otra pasta que la del cura retrógrado e inquisitorial que suele habitar en muchas sotanas, y si le digo la verdad las únicas tortas que vi en clase y los reglazos que un servidor llevó en las manos fueron de profesores seglares.
También le digo -ya en FP- que quedaba raro escuchar el “Salve” de La Polla Records, y andar a vueltas en un colegio de curas. Creo que al final los extremos se necesitan.

Nos comenta que en su juventud se decantaba por las lecturas imposibles, ¿lo hacía por voluntad propia o para fardar ante sus amistades?. Haga memoria y comparta con nosotros algunos de aquellos libros seductores.


Nunca me costó leer. Cogí el hábito muy temprano y, además de los tebeos de toda la vida (me encantaba el guerrero del antifaz, que aún hoy debe andar combatiendo el mal y a los infieles por Afganistán adaptándose a la época), y los libros clásicos de Verne, Blyton, etc, leía una enciclopedia de apartados (¿Dime por qué?, ¿Dime dónde está?, ¿Dime como funciona?..) que me encantaba y nutría mis ansias de aprendizaje. Empecé a leer clásicos de toda la vida, pero un libro que me cambió de verdad la visión fue “El otro árbol de Guernica” de Luis de Castresana, un libro autobiográfico poco conocido pero que fue Premio Nacional de Literatura por los años 50 y trataba de un grupo de niños vascos trasladados a Bélgica durante la guerra civil, que cuentan sus tribulaciones y vicisitudes. Lo leí con 10 años y comenzó a llevarme a otras lecturas, a interesarme por la historia e intentar comprender –o más bien aprender- que significaba la política, que era aquello de las izquierdas y las derechas.

Ganador de un concurso de guitarra clásica. No me lo imagino a lo Paco de Lucía, fíjese. Ya que estamos en danza musical, confiésenos uno de sus mitos.


Aquello fue corto, tenía 8 ó 9 años (iba a 4º de EGB) y en sólo dos años de clases gané el Mª Auxiliadora de mi categoría que se celebraba en el antiguo teatro del colegio Salesiano –donde actualmente están las aulas más nuevas-. A partir de aquello no sé que pasó pero perdí interés y lo dejé, a pesar de la insistencia de mi madre. Mi madre siempre se interesó por los aspectos culturales y es la que me inoculó el gusto por la lectura.
Musicalmente tendría que llenar dos folios para quedarme contento con mis referencias –más que mitos- musicales. He navegado de los Clash a Tchaykowski –como dice Gaeto Mundó en su biografía al desuso- pasando por Boney M, Dr. Feelgood, Stray Cats, Rosendo o Manzanita, escuchado los más terribles grupos punk con el pop al uso, grupos heavies, rockers… de todas clases y colores. Fuimos una generación que no le hicimos ascos a ningún tipo de música porque nos tocó una época dorada en la que conocimos a los artistas anteriores y coincidió con la madurez creativa de los grupos del momento (muchos españoles) ahora míticos. Eso sí, siempre me gustó el punto de calidad de las letras por eso adoro a autores como Serrat, Santiago Auserón (Radio Futura), Sabina…

Afirma usted que hubo un tiempo en que se hizo ferviente seguidor de una religión con nombre de boa tropical “Arconadista”. ¿A qué Santico le rezaban ustedes? Arroje luz a nuestra ignorancia.


Evidentemente a San Arconada, el mejor portero del mundo por siempre jamás. El único Santo al que he visto, en directo y con mis ojitos, volar a lo infinito, parar lo imposible (aunque por una debilidad allá en París lo clavaron en la cruz del fallo los vocingleros mediáticos deportivos), amar a unos colores (los de su equipo de siempre) por encima de otros (los del dinero), y ser una persona íntegra a pesar de feroces campañas y ataques a su persona. Este sí que fue un mito de nuestra generación y tenemos como deber reivindicarlo en estos tiempos tan mediocres en todo, sobre todo en el “fúrbol”, este “fúrbol” de millones, influencias, camisetas vendidas, sociedades anónimas deportivas (malgastadoras e interesadas), y conversaciones “catedráticas” de barra de bar. Es lo que toca, nuestros padres eran de Ramallets o Iribar, y nuestros hijos son de Iker –el Casillas, no el iluminado de los fantasmas-, nosotros éramos de Arconada. Los guantes de portero eran parte fundamental del equipo diario, junto a los libros, me los enfundaba y al patio a batallar, digo… a parar. Arrasábamos en los equipos de fútbol y a los 14-15 años quedamos campeones de Aragón de escolares.
A los 10 u 11 años yo creía que Arconada era un Dios, luego comprobé que estaban invertidos los factores; Dios era Arconada.
Je, je, creo que me he pasado un poco.

Sin duda es usted una cajita de sorpresas, o un maletín de sport Billy, no sé. Háblenos de su momento “Punk”. Amén de la revolución musical y estilística, ¿hubieron cambios en sus gustos literarios?


Pues le diré que sí. Estamos hablando de los 15 a los 20 años, más o menos. Pasé de la lectura meramente narrativa en la que había leído a los clásicos más clásicos; Baroja, Sender, Poe, Dumas, Bécquer, Cela, Valle Inclán, Cortazar, etc., a devorar libros de historia (de Aragón y España, medievales, la guerra civil, el franquismo, la transición…), de movimientos sociales y obreros, de arqueología… lecturas que me sirvieron posteriormente para cursar la Carrera de Historia.
Formar parte de los grupos musicales aumentó mi capacidad a la hora de desarrollar un poco más las letras y adaptar la métrica a los estilos musicales.

También ha coqueteado con la radio en un programa que se llamaba “Sobremesas jamaicanas”. ¿Qué tal se le daba el directo?


Eso fue una etapa muy concreta (1987). Tenía 17 años. Se hicieron unos cursos de radio en la Casa de Juventud del Casco Viejo y a raíz de eso se montó una radio pirata; “Onda Vorde”. No tengo ni idea de cómo llegamos a parar allí, supongo que conoceríamos a alguien en los ambientes que nos movíamos y fuimos a una Asamblea (allí todo funcionaba por Asamblea aunque la mitad de los asistentes no hacían ni caso) en la que tras explicar nuestras intenciones, dieron el visto bueno y comenzamos a emitir el programa. Empezamos un amigo (“Zapa”) y yo, aunque al final todo el mundo (demás amigos, compañeros de clase…) se apuntaba a venir, hasta un cura del colegio nos escuchaba todos los miércoles (para que veas tú según con qué curas). Pagábamos una cuota mensual, el “estudio” era una vieja buhardilla del Casco Viejo y frente a la mesa de mezclas había un cartel con instrucciones de cómo huir por los tejados a la casa contigua si llegaba la policía (la controvertida y macarral UVE, los de mi edad ya saben de que hablo). Al final vino de verdad el lobo, digo la UVE, y desmanteló el equipo. Cogimos algo de soltura para expresarnos y lo pasamos verdaderamente bien.

Eso de que participó en la “Quebrantahuesos”, ¿es verdad o un cuento de calleja?


Tan cierto como que me está entrevistando. Siempre me ha encantado el ciclismo y la bici me servía para evadirme y hacer deporte. Era el contrapunto perfecto para los excesos del lado roquero, una forma de cuidarse un poco y no pasarse.
La famosa “Quebrantahuesos” fue en el 98, cuando “sólo” participaban 3500 personas y yo tenía 15 kilos menos en el cuerpo. Fue una etapa de tranquilidad, ya había pasado el furor roquero y me dedicaba más a mis labores literarias y a mi carrera universitaria. Fue un objetivo que me propuse y lo terminé a base de muchos kilómetros recorridos durante todo el año de preparación (¡más de 10.000 kilómetros, hice ese año! Sí, no sobra ningún cero) Tampoco perdonaba las noches con los amigos, pero cuando comenzabas a subir un puerto te recordaba todos los cubatas y cervezas de la noche anterior de forma inmediata e inmisericorde, por lo que decidí controlar la ingesta de brebajes. ¡Qué crueles son las rampas de los puertos de montaña!

Dice que en sus inicios literarios se decantaba usted por los relatos “Sádico-líricos”. ¿El orden altera su producto?


Relatos sádico-líricos fue una serie de historias que escribía para que lo leyeran los compañeros de clase. El protagonista era un tío macarra que se metía en mil historias surrealistas y, a su vez, reflexionaba sobre la vida, el mundo… Le puedo asegurar que el orden no alteraba el producto de ninguna manera. Era una época efervescente, cada uno hacía lo que le gustaba, los que dibujaban genial hacían tebeos a los que poníamos el guión, otros organizaban lecturas, otros les tiraba la fotografía, íbamos a conciertos y actos diversos, montábamos nuestros grupos musicales y actuábamos en cualquier sitio…

¿Y de su vena poética, cuándo hablamos?


Pues, ya mismo. Me encanta la poesía, siempre leo algo de poesía, me evade de una forma emocionante y rápida cuando encaro la lectura de algún poemario. Tengo toda la biblioteca poética en el salón de casa, y a veces llego de trabajar y sin cambiarme, me siento en la silla más cercana y releo algún poemario que pillo a mano. Me encantan los clásicos (Machado, el 27, Hernández, simbolistas…), más que los modernos, pero no le hago ascos a ninguno. Bueno… excepto a los poetas de pacotilla, a los ridículos, a los que exponen su verborrea mental inconclusa creyendo que el lector es tonto, además de engañarse ellos mismos. A los que se creen que colgando cuatro pajas mentales en un blog y que les adulen o loen, se es poeta.

La seriedad le permite adentrarse en las entrañas de revistas literarias y comienza la publicación de sus obras más destacadas. ¿De cual de sus criaturas se siente más orgulloso?


Nunca podemos decir de qué hijo nos sentimos más orgullosos. El primero tiene la excelencia de serlo, pero todos los demás aportan cosas igual de importantes; eso es si nos tomamos cada libro como algo serio y que, en teoría, intente aportar algo nuevo a nuestra trayectoria. Me revienta el autor que tiene que editar por sistema porque si no le escuece no estar en la pomada, y me da lástima el que lo tiene que hacer por decreto, digo, por contrato, pues carece de libertad.

Pertenece a la Asociación Aragonesa de Amigos del Libro y a la Asociación Aragonesa de Escritores. ¿Tanto asociacionismo no le lleva por la calle de la amargura?


Me lleva por otras calles que me son más placenteras; la de la satisfacción de hacer algo que me gusta, la de compartir experiencias o conversaciones con gentes afines a la actividad literaria, la de conocer a otros autores y artistas del panorama cultural, etc Todas esas calles desembocan en la Plaza del Trabajo que es lo que conlleva estar asociado y participar en las actividades y programaciones.
La calle de la amargura la atravesamos cuando se trata de alcanzar la otra plaza principal, la del tiempo que necesitamos para realizar todas esas actividades por amor a la cultura, tiempo que tenemos que repartir o quitarnos de otras actividades. El tiempo es más que oro en estos tiempos que todos marchamos tan atareados y estresados.

Dirige la revista literaria Barataria. Publicítese y díganos lo bien que funciona y lo maravillosos que son sus colaboradores.

Barataria es la revista de la Asociación Aragonesa de Amigos del Libro, de la que soy Director desde el año 2007. Intento que sea un producto digno, de calidad, sin sectarismos ni capillicas literarias, ayudando al que empieza para que vea publicado algo de su obra y disfrutando de los colaboradores de altura y ya consagrados que participan con agrado –creo-, y con la certeza de estar editando una publicación de referencia en el ámbito literario (Barataria se edita desde el año 1991). Suelo pedir trabajos inéditos como signo de exclusividad, que sea la seña de identidad de la revista.

¿Qué le queda de ese escritor genial que fue Román Ledo?


José Antonio Román fue un padre, un amigo, una enorme persona, todo un carácter, un escritor fuera de serie que no atendía a modas sino a la calidad de lo expresado, y sobre todo un gran maestro del que aprendí a afrontar “profesionalmente” un trabajo literario, a cuidar las palabras, su riqueza, saber valorarlas y usarlas.
Tuve la suerte y el privilegio de disfrutarlo, de aprender de él, y sin duda crecí como escritor de forma importante y también como persona.

¿Para cuándo un nuevo libro?


En febrero de este mismo 2010 salé a la luz un libro que he preparado junto a José Luis de Arce sobre los 100 Premios Búho que ha entregado la Asociación Aragonesa de Amigos del Libro. Un libro arduo que nos ha llevado tiempo y mucho trabajo. Espero que se note el resultado.
Después tengo un trabajo de relatos casi terminado y otro en marcha (una novela).

Un deseo navideño que sea original. Ponga en marcha la imaginación.

Creo que no puedo ser nada original. Que 2010 nos traiga salud a todos; con salud afrontaremos todo cuanto nos venga.

BIOGRAFÍA AL DESUSO (de José Ángel Monteagudo)
Por José  Gaeto Mundó

jose-angel-monteagudo-solop1

Conocí a este chico (ahora escritor) en una EGB salesiana, en Zaragoza, y ya entonces me sorprendía con lecturas que ninguno de los que le acompañábamos teníamos ni repajolera idea de por donde iban los tiros. En esta etapa le dio tiempo, además de sus labores colegiales, de leer compulsivamente, de aprender guitarra clásica, ganar un Certamen -del mismo instrumento- Mª Auxiliadora, y hacerse de una nueva religión que en aquellos años hacía furor “Arconadista”, llegando a mimetizarse con el ídolo de forma preocupante –hecho que agradecieron los equipos de los que formó parte- demostrando sus vuelos y paradones en los campos colegiales.

Seguimos juntos en una FP eléctrica –en sentido figurado y real-, de ahí que la guitarra clásica se cambiase, cómo no, por la eléctrica (gracias a algún trabajillo extra) abrazando el punk y el rock formando parte de grupos musicales de corto recorrido aunque fulgurante esplendor (el Piramys, o la Casa de la Paz, hablarían maravillas de aquellos tiempos…), aunque -como él ingeniosamente me comentó un día-  musicalmente le gustaban los “Clashicos”, es decir de los Clash a Tchaykowski. Protagonizó un programa radiofónico semanal en una onda local “Sobremesas Jamaicanas” (evocador, ¿no?) y disfrutó de cuantos conciertos y jaranas pudo. Abrazó nuevos deportes en forma de dos ruedas –llámese ciclismo- corriendo una de las primeras “Quebrantahuesos”, cambió el micro de los escenarios rockeros por un puesto como tenor en la Coral Laudística “Amigos del Arte”, acudió a cuantos talleres literarios se le pusieron en el camino y comenzó a escribir sus primeras óperas primas literarias sólo para conocidos y amigos (alguien de clase le auguró que sería escritor); sus “relatos sádico-líricos” dieron que hablar por aquellos tiempos -y tuvieron más éxito que sus óperas primas poéticas-, mientras seguía leyendo compulsivamente, casi como una enfermedad.

La FP llegó a buen puerto pero tras el obligado “Año Mili”, y ya trabajando en el mundo real, hizo buena una vieja aspiración sacándose el acceso para mayores de 25 años a la Universidad, combinando a partir de entonces la Paleografía, Arqueología, y la Diplomática de la Carrera de Historia, con sus lecturas narrativas y poéticas, además de las exigencias laborales. Todo un logro que dejaba algo claro; el tesón, el trabajo duro  y el empeño mueven tantas montañas como la fe: el “Monti” sería escritor.
Hubo un punto de inflexión en el que decidió escribir en serio, ahí empezó su colaboración con numerosas revistas del ámbito literario y comenzó su obra editada; “Vera de Moncayo. Memoria Histórica”(Institución Fernando el Católico, 2005), “España de Damocles” (Fardacho Ediciones, 2004), “La generación poética del 65” (2007), “Los Bécquer; la mirada costumbrista”(2008), “Oruña”(2008), y “Ducha Escocesa” (Como coautor, 2008), libro en homenaje a Román Ledo..
Y el buen chaval, entró a formar parte de la Asociación Aragonesa de Amigos del Libro de la cual es ahora Secretario y dirige el Blog de la misma. También forma parte de la Asociación Aragonesa de Escritores con la que colabora.

Por último comentar que es Director de la Revista Literaria BARATARIA -una joya de revista-. Fulgurante trayectoria a la que, los que lo conocemos de cerca, llamamos trabajo. Parece buena persona el chaval, amigo de sus amigos a los que siempre tiene presentes. ¡Créanme, lo conozco bien! Pero ante cualquier duda de esta biografía al desuso, pregunten al autor sobre su apasionante vida y milagros. ¡Salud!

Un poema inédito de José Ángel Monteagudo, para estas navidades:

-A todos aquellos niños, que sufren la dentellada de la guerra.
A todos aquellos niños que no saben de paz.

NAVIDAD EN PIE DE GUERRA

Un niño
mira a los ojos de la noche.
Se ha introducido en su vientre
apergaminado,
con lágrimas hirientes
ruega descanso.

Un niño
vive en la noche.
Encriptado en sus pensamientos
deslabazados,
supura miedo inflamado
a través de sus manos.

Un niño
convierte su abrazo en noche.
Y la oscuridad avanza entre bramidos
de tormenta,
relámpagos de furia
y ecos de kalashnikov.

Era un niño,
como los nuestros.

Publicado en Asociados, Entrevistas, Personaje del mes | Sin Comentarios »

Fernando Burbano : Personaje del mes

Publicado por Angelica en Noviembre 16th 2009

 

 

burbano

ENTREVISTA A FERNANDO BURBANO

Por Angélica Morales

 

–No es un secreto que usted ha estudiado con los seminaristas, ¿ha conseguido domesticar su fe a lo largo de los años o sigue siendo un rebelde con causa?

 

Realmente no estuve con seminaristas. Estuve doce años en el colegio del Salvador, PP. Jesuitas, durante nueve meses cada año, de ocho y media de la mañana a ocho y media de la tarde, salvo dos horas para comer. Esto no es que marque, esto machaca al más templado. Luego vienen otros doce años de ducha moral continua para adquirir la forma con que recuerdas llegaste al lavado de cerebro, y luego… Mejor será dejarlo aquí, ahora pienso que está superado. En cuanto a mi fe, no solo está domesticada, más bien creo que está homotéticamente subvertida, o sea, no creo más que en los “buenos momentos “ del ser humano, sean estos los que sean y cuando sean, en lo demás ya ni siquiera sueño.

 

–¿Qué efecto ha tenido la religión en su manera de afrontar la vida?

 

Si he de decir la verdad, y ¡qué caramba! se la voy a decir, he hecho el canelo como un perfecto imbécil, eso sí, con ríos enteros de agua bendita. Ríos que ahogan la realidad y el deseo… pero no he podido hacer casi nada con ella. Ahí está pues.

 

–Actor y dramaturgo…No lo imaginaba a usted pisando las tablas. Cuéntenos su experiencia

 

Como actor ha sido realmente corta. Y menos mal. Me estrené como tabernero del “Juan José” de Dicenta y acabé con el don José de “Las entretenidas” de Miguel Mihura. Allí acabó todo, mi terrible miedo escénico pudo más que yo. Luego me entretuve con la dirección durante un par o tres de años, hasta que mi ego chocó con el ego en rascacielos de los actores, y lo mandé todo a hacer puñetas. Desde entonces me dedico a mirar, alguien tiene que hacerlo, y ha vencer mi miedo pánico a la escena. Todos los años busco la manera de intervenir públicamente tres o cuatro veces. Poco a poco voy consiguiendo resultados.

 

–¿Cómo ve el panorama teatral en la actualidad?

 

Entendiendo la pregunta y la intención determinada con que me haces la pregunta (iba a tratarte de vuecencia, puesto que tú me tratas de usted), sencillamente, no lo veo. Lo miro, lo busco, pero no acabo de verlo.

 

–¿Volvería a la interpretación si tuviera una propuesta tentadora?

 

Por supuesto que no, a no ser que fuera absolutamente necesario. Ni por asomo se me ocurre cómo puede ocurrir semejante eventualidad.

 

–¿De qué carecen los textos teatrales hoy en día?

 

Los poquísimos que hay, de compañías responsables que quieran representarlos. Hoy día, todos los grupos se piensan con el salero y la gracia para crear sus propios espectáculos; de esta manera, el autor hace textos, y conforme los termina, los va metiendo en el cajón, allí duermen el bendito sueño de los justos… En fin, sobre esto, tendríamos que hablar largo y tendido, pero no hay espacio ni tiempo.

 

–¿Es usted más espectador que lector? ¿Por qué se lee tan poco teatro en este país?

 

Soy bastante más lector que espectador. Reconozco que últimamente voy menos al teatro que lo que querría, pero no me apetece ir a ver viejas películas, que por otra parte, puedo disfrutar en casa, cómodamente sentado en mi sofá. Puedo entender que el dinero y la taquilla manden, pero ya son demasiadas las veces que me hacen comulgar con ruedas de molino…

 

–Comparta con nosotros los libros que le han dejado cicatrices en el alma.

 

Son demasiados. Si tengo tiempo y ganas volveré a leerlos todos. Últimamente, y por necesidades del guión psicológico-literario, he releído “El Árbol de la Ciencia” de Pío Baroja. Ha sido una experiencia que recomiendo a todo el mundo que pueda hacerla, releer un libro, luego de treinta años de haberlo leído. De ella y de algunas experiencias más, ha salido una de mis parábolas ateas que os enviaré para felicitar la Navidad; espero con ello ganarme el infierno. Bien estaré allí, compitiendo en desgracia y soserío con todas las putas y toreros del país. Entenderás que no hable de gracia y señorío cuando hablo de los réprobos… Bueno, esto va de broma… Si hay que dar un texto necesariamente, te daré dos. la “Fedra” de Ritsos (ya te la recomendé

a ti), e inmediatamente luego de leída y entendida en toda su poderosa magnitud sexual y tremenda, leer de un tirón la última novela de Javier Tomeo, nuestro paisano en París, titulada como “Pecados Griegos”, una lección magistral de lo profundamente cómicas que pueden resultar hasta las cosas más serias. Por supuesto, también “La Biblia”, “La Odisea”, “La tempestad”, y tantos y tantos otros, y de los que seguramente ni me acuerdo…

 

–¿Por qué cree usted que los textos teatrales son la cenicienta de la literatura?

 

Por lo de siempre. Hay que saber leerlos, y esto no es fácil. Ni en el ”cole”, ni en la Universidad te muestran cómo afrontar un texto de estas características, así que si quieres conocerlos te tienes que enfrentar solo al hecho de su lectura, con la consiguiente consecuencia lógica, de que pocos son los que osan semejante despropósito; consecuencia final: nadie compra una obra de teatro, nadie, tampoco, quiere editarlo. Y así, hasta la nausea…

 

–Ir al teatro nos hace mejores, ¿por qué entonces preferimos quedarnos embobados frente al televisor?

 

Aquí creo que te equivocas. Nada exterior a nosotros mismos nos hace mejores. Puede que el teatro, el cine, la literatura, la filosofía, incluso la religión tomada como medio, nunca como fin en sí misma, puede hacernos mejores, pero todo depende de eso que he llamado “un buen rato”, y este depende exclusivamente de nuestro interior pensante. Pero pensar cansa, y algunos reputan de muy peligrosos los productos procedentes del cerebro, así que mucha televisión y poco latín, no vaya a ser que nos salga la criada respondona… Últimamente he llegado a pensar que se nos concedió el cerebro para discurrir que es el culo el que debe tomar las riendas de nuestro razonar, y así nos marchan las cosas… Consecuencia final: los que nos metieron en una crisis galopante, económica y moral, nos van a sacar de ella. Sea.

 

–¿Quién es más mago, el autor teatral o el actor?

 

A corto plazo, indudablemente, el actor, pero a largo plazo es el autor, el buen autor, quién se lleva el gato al agua, sin duda.

 

–¿Qué proyecto literario tiene en estos momentos entre manos?

 

Un poemario de amor, que me lleva de cabeza, y unos cuantos cuentos. Espero que todo salga adelante. Toquemos madera, por si sirve de algo.

 

–Confiese; ¿Qué libro le aguarda en la mesilla de noche?

 

En el sentido que me dices, no tengo ninguno. No leo libros en la cama. Me gusta apuntar, releer, subrayar, escribir ocurrencias sobre cosas que vienen con la lectura, y esto no puedes hacerlo en el lecho. Es demasiado incomodo. Por tanto mi buena lectura es en la mesa de despacho. Cuando me ves hacerlo en otro sitio, o es que la lectura no me apasiona mucho, o es que estoy haciendo una lectura previa, de contacto, para hacer luego las cosas como a mí me gustan. Sí, son manías. Pero para contentarte diré que en mi mesilla de noche hay tres libros: una “Historia de España” de Saturnino Calleja, una “Antología de Novelas Policíacas” capitaneadas por Poe y una “Nueva Enciclopedia Escolar” del año 1937. Los abro pocas veces, pero los abro, pues soy de la opinión de que un libro cerrado es un paradigma de la inutilidad más manifiesta, hago pues lo posible por redimirlos de ella.

 

 

–¿Debería la AAE fomentar más a nuestros socios dramaturgos? ¿Qué actividades propone usted?

 

Propondría una lectura seria de los textos de nuestros autores, así como una enseñanza mínima de apreciación del texto literario dramático, al fin y al cabo es literatura como la realizada en otros géneros más frecuentados. Lo que sí me gustaría es aunar criterios a la hora de premiar una obra literaria dramática y hacer que el premio consiguiente no fuera un premio en metálico, que también, sino que el galardón para el premiado fuera fundamentalmente la puesta en escena de su obra premiada. Habría que luchar para que ésta fuera la regla, no la excepción.

 

–Las grandes revoluciones se llevan a cabo sobre los escenarios, ¿para cuándo está prevista la suya?

 

No terminan de gustarme las grandes revoluciones, todos sabemos donde han ido a parar, y qué han hecho con ellas los llamados poderes fácticos: la Iglesia, el municipio, el sindicato, etc., etc. Prefiero las revoluciones pequeñas y personales, que puedan ser manejadas por uno mismo. aprender a hacer un cocido fetén, pasar el aspirador una mañana por sorpresa, ponerse de improviso a planchar una camisa aunque no tengas puñetera idea…; en fin , todas esas pequeñas cosas que pueden hacer un ratico felices a los que nos rodean… ¡Ah, se me olvidaba!. preparar una estupenda caracolada con la cual los tuyos se relaman los dedos; en esas revoluciones si creo, las otras son muy bonitas para estudiarlas y hacer esplendidas novelas históricas, pero realmente no han servido para mucho más, demasiados muertos. Para terminar: se me ocurren una docena de nombres y apellidos de escritores y escritoras que con mucho más merito que yo tendrían que estar aquí, pero ya que me has elegido a mí: muchas gracias y un besico muy fuerte.

 

 

Querría añadir a todo lo anterior dos versos del último poema de mi libro “Resistencia a la rodadura”, helos aquí:

Porque quiero derecho a desdecirme de todo lo anterior si

      un día mi mente considerara lo contrario.

 

Porque quiero mente libre para hacerlo.

 

Ahora sí, ahora he terminado de verdad.

Fernando Burbano por Fernando Burbano:

 

FERNANDO BURBANO GARCIA. Nacido en Zaragoza, el doce de Abril de 1944. Educado en los Jesuitas, durante doce años, he conseguido no ejercer demasiado de ello. Cursos universitarios de física y  matemáticas en la Universidad de Zaragoza. Más adelante curso tres años de Arte Dramático en la Escuela Municipal de Zaragoza, entonces dirigida por don José Gimenez Aznar, para pasar a continuación a realizar dos cursos de improvisación y análisis de texto en el estudio particular fundado por entonces en Zaragoza, por la actriz argentina Esther Bonsi. He interpretado y dirigido varias obras teatrales que algún día reseñaré.

BIBLIOGRAFÍA:
Ecos de Soledad (poesía). Año 1978.
De mi, para ti, por todos (Poesía). Año 1979.
Resistencia a la rodadura (Poesía). Año 1980.�
Café Levante, dígame (Poesía). Año 2006.

Tengo escritos varios sin publicar: teatro, un buen numero de cuentos y varios libros de poemas, lo cual no cuenta más que para mi y para ti. Soy, desde su fundación, miembro de la Sociedad  de Escritores Aragoneses

 

CRÓNICA  PARA TRES FINALES

Por Fernando Burbano

 

… pero en los sueños el saber no necesita razones.

 

                                             B. CORNWELL

 

      Si, tu niñez: ya fábula de fuentes.

 

J.       GUILLEN

 

        Eran tiempos  blancos, eran tiempos mágicos.

 

        Había en nuestras cabezas infantiles otros mundos. Fuera, el globo: grande, áspero y difícil, encajando de alguna forma con el espacio inefable y sin sentido del vivir de los adultos. De algún modo la fantasía justificaba a la realidad.

 

        Gema, llorando, llegó del colegio a media mañana; Gema había sido expulsada de clase y del colegio por  “blasfemia y contumaz irreverencia a la Santa Religión Católica”; Gema seguía llorando media hora después, y especialmente empeñada en explicarse sólo cuando viniera su papá;  Gema tenía seis años recién cumplidos.

 

         Mi madre, cansada de intentar sonsacarle qué había dicho o hecho para semejante sanción, se dirigió al cercano colegio por ver de hablar con la madre superiora y poner en claro el comportamiento de su hija. La directora del establecimiento escolar, muy digna, “se negó a proferir semejantes dislates blasfemos y condenatorios; tendría que ser la niña quién se los explicase, dejando bajo responsabilidad de su conciencia, el repetir tamañas infamias”. Sicut dixit.

 

         Mi madre, indignada, llamó a mi padre a la fábrica y le contó lo que pasaba y cómo sólo él podía aclarar lo sucedido. Mi padre prometió que vendría en cuanto terminase un proceso químico que tenía entre manos. A la hora habitual llegó.

 

        Gema, mi madre y mi padre se encerraron en una habitación aparte, y tras de unos largos cinco minutos salieron; Gema con los ojos hinchados pero secos y una incipiente sonrisa tranquila y confiada; mi madre, enfadada y riendo, riendo y enfadada; mi padre, riendo a carcajada limpia.

 

        Muertos de curiosidad, mis hermanos y yo fuimos conminados a lavarnos las manos; mientras, mi padre, reprimiendo su risa, hizo unas llamadas telefónicas; a poco, todos nos sentábamos a la mesa. Un silencio inusual presidía aquella comida, y mi padre, con una sonrisa de oreja a oreja, lo respetó. A mitad del segundo plato mi madre rompió el mutismo anunciándonos que los pequeños, desde Isabel (ocho años ) para abajo, no iríamos al colegio aquella tarde. Cinco caras infantiles se iluminaron radiantes; dos, se fruncieron con envidia, y otras dos, más chiquitas, no entendieron nada.

 

        -Teníamos que ser examinados de Historia Sagrada.- nos comunicó mi padre con manifiesta ironía.

 

        Mi madre le reprendió, y reprochóle  su falta de seriedad para con la educación de sus hijos. Mi padre no quiso entrar al trapo de los reproches y dio por zanjado el suceso:

 

        -Por lo menos, hasta la tarde.- añadió, con voz seca y engolada, tras de la cual se escondía un profundo cachondeo.

 

        A poco de terminar de comer empezaron a llegar. Primero de todos llegó Don  Salvador Labastida,  coadjutor de la parroquia de Santa Engracia y director de uno de los pocos colegios seglares que funcionaban por aquel entonces; hedonista con todo aquello que le permitía su sagrado ministerio, era grande y coloradote dentro de su muy grande humanidad campechana; nos fue besando a todos y sólo cuando llegó a Gema se detuvo un momento y miró a mi padre; éste hizo un gesto afirmativo,  y el cura,  a la vez que le estampaba un sonoro beso, se encogió de hombros filosóficamente displicente.

 

        A poco, el timbre de la puerta nos anunció la llegada del segundo invitado. Era éste, el padre Efrén de la Madre de Dios, carmelita descalzo, con  “olor de santidad” según mi madre, con olor a retrete de Purgatorio según mi padre.  De una forma u otra, ninguno de nosotros quería acercarse al enjuto fraile seco y brusco, pues siempre te endilgaba un cariñoso pellizco con la santa excusa de que a este mundo veníamos a sufrir.  Entre nosotros habíamos constatado por los moretones subsiguientes que la intensidad de las “caricias” era  proporcional a la edad, y aún más intensas si cabe, si eras del sexo femenino.  Saludó a mis padres y a nosotros nos bendijo desde lejos.

 

        El padre Hilarión, carmelita calzado, fue el tercer conciliado que acudió a la cita. Hombre de pueblo grande, calzaba ínfulas de intelectual y su verbo, sin sustancia ni fondo,  pero lleno de citas rimbombantes, hacía furor entre las beatas y los ancianos sordos;  era superior de  su convento y encargado como párroco de pastorear las almas de su iglesia hasta que se tropezó con un trepa que lo desbancó con artes no muy marciales, ¿verdad padre Gomáriz?

 

        El padre Angel Arín S. J.  llegó el último.  Nos saludó a todos por nuestro nombre, y mientras a los niños nos daba ostentosamente la mano,  a las niñas les hacia una sonriente venia,  a la vez que besaba su mano, gesto que las ponía orondas y satisfechas.  Exultaba aires nobiliarios y gracias intelectuales;  orador de campanillas, muy apegado a su verbo y espléndidamente estipendiado por él.  Como él mismo decía, era un santo varón palaciego,  cuya sola contrariedad radicaba en que no desarrollaba su ministerio en una corte regia;  por lo demás,  era persona afable y con un espléndido sentido del humor.

 

        Luego de tomar café, se despidió a mis hermanos mayores al colegio y a los pequeños se nos confinó en el cuarto de jugar.  Después,  reunidos en tribunal en el despacho de mi progenitor,  nos fueron llamando uno a uno.

 

        A todos se nos hacía la misma pregunta: cuales eran los hijos de Jacob.  La respuesta de Isabel,  que ya había comulgado y llevaba tres años de colegio, así como la mía,  que llevaba dos y preparaba por entonces mi primera comunión para el año siguiente,  fueron correctas.  Se saltaron a Gema, que venía luego,  y fueron directamente a mi hermana Helena que tendría por entonces unos cuatro años:

 

        -Rubén,

 

Simeón,  Sicagón,  Sipedón,

 

Leví,  Noleví,

 

Judá,

 

Dan,  Quitan,

 

Neftalí,

 

Issacar,  Ymeter,

 

Gad,

 

Aser,  Anoasernada,

 

Zabulón,  El Negro Zumbón,

 

José

 

Y Benjamín,

 

Y una hija llamada  Cita,  Pacita y Recita –contestó de corrido mi hermanica con toda ingenuidad.

 

        Don Salvador,  dicen que ahogaba su risa en una globuda copa de coñac;  el padre Arín fumaba con deleite y releía lomos de libros contemplados  cientos de veces;  el padre Hilarión sonreía y negaba enérgicamente con la cabeza,  mientras contemplaba disminuido la seriedad tiesa y circunspecta del padre Efrén de la Madre de Dios.

 

-¡Qué barbaridad,  qué falta de respeto! -exclamó este último.

 

        -Bueno-,  dijo tranquilo el padre Arín  S. J.  –técnicamente no hay blasfemia,  no hay insulto, ni malsonancia contra el nombre de Dios, ni de sus santos….

 

        -¡Por favor!- interrumpió don Salvador en medio de un ataque de risa -lo nuestro sí que puede llagar a blasfemia, si tomamos en consideración la retahíla inocente de cuatro chiquillos y de un padre con demasiado sentido del humor; deshagamos el equivoco tonto y volvamos a quehaceres más serios que esta bronca monjil. ¿Hay más coñac?

 

        Las seis personas que estaban en el despacho, terminaron a  carcajadas y apuntando la incongruente lista de los ¿doce?  hijos de Jacob, decidiendo en extremo, dirigirse al colegio en solemne casi procesión y asegurar a la escandalizada monjita, por todo lo divino y humano, que sus castos oídos no habían escuchado otra cosa que una irreverente regla mnemotécnica, la cual sería corregida y enmendada debidamente.

 

        Todavía se preguntan por el barrio, qué significaría aquella procesión inquisitorial con don Santiago en el centro y cuatro sacerdotes rodeándolo, que se dirigía una tarde de primavera, al colegio de las Madres Esclavas del Sagrado Corazón, en la calle Bilbao.

 

        Muchos años después, explicando el suceso descrito como ejemplo gráfico de evento “cuasi-imposible” y con probabilidad tendente a cero de acaecimiento, surgió entre las jóvenes carcajadas una voz, que imponiéndose al escándalo generalizado, exclamó con indignación:

 

-No entiendo como podéis reiros, ¡la actuación indica una dictadura extrema y repugnante!

 

        Quizás. Eran tiempos mágicos; tiempos en que la realidad y la fantasía se daban la mano para sostener situaciones extremas; tiempos irrepetibles…

 

 

 

                                                    F  I  N

 

 

 

 

 

 

Publicado en Asociados, Entrevistas, Personaje del mes | Sin Comentarios »

Personaje del mes : Carmen Bandrés

Publicado por Angelica en Octubre 15th 2009

carmen_bandres1

Entrevista a Carmen Bandrés
Por Angélica Morales.

Es usted una apasionada de la lectura. Comparta con nosotros algunos de los libros que la han acompañado durante su infancia.

Sí, la lectura ha sido desde niña una compañera entrañable. Se agolpan los recuerdos pero, siempre que pienso en ello, hay dos nombres que tienen más color que los demás: Charles Dickens y Christian Andersen… ¡Ay, cuánta fantasía en aquella sirenita y que ternura en Christmas Carol!

¿Qué tienen los libros que no tenga la realidad?

Imaginación, sentimientos, exquisitez, ilusión, sueños, vida… ¡Los libros SON la realidad! Ahí fuera hay tantos mundos esperándonos como libros nos faltan por leer. Al fin y al cabo, eso es lo que nos enseñó Julio Verne: a curiosear por la otra esquina del orbe, sin movernos de la silla.

¿Siempre se imaginó escritora?

Desde muy pequeña. Y siempre me ha entusiasmado llegar a la gente, contar historias. Mi madre y mis amigas decían que los cuentos que me inventaba eran mejores que “los de verdad”

Islas desiertas empapeladas de historias, ¿tiene usted alma de náufraga?

¿Quién no ha sentido alguna vez cómo el mundo se hundía bajo sus pies? O bajo el agua, que viene a ser casi lo mismo. Seguramente, fue Robinson Crusoe quien me enseñó a flotar.

¿Por qué todos los escritores acaban sucumbiendo a la poesía?

Porque la poesía es el arte de la palabra y de los sentimientos.

¿En qué proyecto literario está inmersa en estos momentos?

Hay una novela muy madura… claro que eso, ya ha superado la fase de proyecto. Así que, en los próximos meses, me sumergiré de verdad en la poesía y, más adelante, quizá de a luz a una biografía.

¿Se siguen escribiendo buenos cuentos?

Por supuesto. Pero temo que aún no hemos sabido superar a los clásicos.

Articulista, escritora y aspirante a poeta, ¿hay algo más que quiera confesarnos?

Pues hay algo que también me fascina: promover el hábito de lectura, sea en colegios e institutos, en clubs de lectura o en cualquier foro que se preste. Hay algo maravilloso en mostrar a los demás todo el universo que se encierra en un buen libro.

Complete la frase, por favor: “Un escritor sin imaginación es como…”

…como un navegante sin brújula”. Sirenitas, barcos, náufragos, islas… para ser de tierra adentro, no está nada mal, ¿verdad?

A pesar de la eterna crisis editorial, ¿el futuro de los escritores se presenta del color del betún o, por el contrario, todavía tenemos mucha guerra que dar?

Por muchas batallas que perdamos, nadie será capaz de hurtarnos la palabra (ni aunque se acabe la tinta). ¿Me puedo poner un poquito solemne? ¡La palabra es inmortal! Si la palabra muere, el hombre perece. Y de momento, lo único que he visto morir es a mi primera portátil, una apreciada olivetti, víctima de los avances tecnológicos. No: ni las ideas, ni su expresión podrán jamás desaparecer; siempre habrá que contar historias y nunca faltarán quienes pongan toda su alma en contarlas, aunque sea preciso adaptarse a nuevos tiempos y fórmulas.

¿Cuál es el libro que cambio su vida? ¿Y el que la tiene completamente seducida?

Cambiar, cambiar, tal vez ninguno, pero, por uno u otro camino, todos han contribuido a forjar lo que soy. Desde mi infancia, me planteaba demasiados interrogantes que nadie quería responder… ¿adivinas donde encontré muchas respuestas? Y, respecto a ese juego de seducción que me comentas… pues no dejo de recordar a Luis Landero y sus “Juegos de la edad tardía” Intimidad, reflexión, un planteamiento realmente original… el polo opuesto de un best-seller, claro.

A modo de Presentación, por Carmen Bandrés.

Una buena memoria, unos libros fieles compañeros y, ¿por qué no? un teléfono…

Siempre he presumido de poseer una buena memoria; pues bien, incluso los más tiernos recuerdos de mi niñez yacen cobijados al amparo de algún libro, fiel compañero de aventuras, quién sabe si reales o…  ¿qué yo también le ponía mucha imaginación? ¡Claro!, pues, ¿qué sería de nuestra existencia sin ilusiones?
Libros, libros, libros… “Tú, lo que tienes es mucho cuento”, oía decir con frecuencia a mi abuelita, en tanto que, en cierta ocasión, mamá llegó a exclamar con, pienso, sincera sorpresa: “tus cuentos son mejores que los de verdad” Nada tiene, pues, de extraño que un buen día pasara de contar historias a escribirlas.
Seguro que a una isla desierta me llevaría no un libro, sino un paquetón de folios en blanco; tampoco olvidaría un teléfono, no para pedir socorro, sino para recibir de vez en cuando una buena noticia… uno de esos pequeños y grandes mensajes, quizá de nimia importancia pero a los que les concedemos un gran significado, como aquella llamada inesperada en la que un editor me propuso publicar mi primer libro (accedí, claro; ¿cómo negarme?); entre las narraciones que integraban aquella obra de relatos cortos figuraba “El diploma”, obra premiada en Oviedo y que supuso otra llamadita telefónica, esta vez de Emilio Alarcos Llorach, presidente del jurado que me otorgó el galardón: he de reconocer que aquella tarde, ya casi noche, me emocioné. ¡Qué gran invento es, sin duda, el teléfono!: también por esta vía me llegó el anuncio de que la University of North Carolina había seleccionado y adquirido “Las ventanas del alma” como obra recomendada para sus estudiantes de español y la invitación de Juancho Dumal, entonces primer director de El Periódico de Aragón, para que colaborara periódicamente en la sección de Opinión del diario.
Mucha tinta ha corrido desde entonces, confío que no en vano. Un par de novelas, cientos de artículos de Opinión, algún otro libro de narraciones cortas… Confieso que me atrae mucho el relato breve, por más que las leyes del mercado lo aprecien tan poco como a la poesía, otra de las vertientes literarias en la que aspiro a decir algo…
 ¡¡ALGO!!
(bueno, ya está dicho, así que la próxima vez intentaré expresarlo en verso, aunque sea sin rima, que los gritos del alma y las formalidades no casan bien).
Y todo esto no pretende ser sino una vaga promesa de pervivencia y futuro, pues sean cuales fueran mis vivencias aún pendientes, encontraré, sin duda, un camino para plasmarlas en letra escrita.

El desván
un relato de Carmen Bandrés

Mi memoria infantil permanece atrapada entre las cuatro paredes del desván de mi casa. Me gustaba denominar desván a aquel cuchitril de reducidísimas dimensiones, al que papá llamaba garito y mamá cuarto de los trastos. Su entrada me estaba vedada, pues mamá repetía una y mil veces que nada había allí que me pudiera interesar: todo eran viejos recuerdos e inútiles cachivaches que, liberados de su destrucción por la nostalgia, se habían acumulado cubiertos de un polvo añejo. Pero, por más que mamá perseveraba en tan juiciosos argumentos, yo sabía que no era sincera, entre otras razones, porque los mayores nunca dicen la verdad. Además… ¿por qué, entonces, cuando papá se ausentaba, tomaba ella la llave y penetraba sigilosamente en el desván?
Como mamá era muy bajita y guardaba la llave sobre el altillo de un armario, necesitaba subirse encima de una silla para alcanzarla. Suponía que así estaba suficientemente segura, a salvo de indiscreciones y lejos de mis manos. Se equivocaba en este punto, como también en suponer que mi curiosidad era incapaz de vencer la natural aversión al polvo y a las ratas, que según ella, campaban a sus anchas por el desván. Los mayores dejaron de ser niños hace demasiado tiempo: nos juzgan bajo su punto de vista y tiñen con sus manías todo lo que les rodea: que mamá odiara las ratas y sintiera pánico sólo de pensar que algún roedor pudiera andar cerca de ella, no quiere decir que yo hubiese de padecer, necesariamente, tal aprensión. Y en cuanto a trepar hasta la llave, ¿qué decir de mis dotes de la escaladora?
No, no era ese, de ningún modo, el problema. Para mi desgracia, mamá estaba tan pegadita a casa como un caracolillo: cuando no estaba ocupada con las tareas del hogar, se entretenía en pintar paisajes que olían a agua y flores, o a tejer hermosísimos tapices con hebras de oro y seda; incluso también componía poemas. Por estas razones, no había gozado de ninguna oportunidad para asaltar el cuarto secreto; sin embargo, desde muy pequeñita, me he crecido ante las dificultades: tanto obstáculo no hacía sino espolear mis deseos, hasta convertir en una obsesión lo que en principio no fue sino mera curiosidad.
Reza un antiguo proverbio chino que has de sentarte en la puerta de tu casa para ver pasar el cadáver de tu enemigo. Desde luego, no tengo la paciencia de un chino y no sé qué hubiera hecho si Cristina, una antigua amiga de mamá, de la universidad, no la hubiera telefoneado aquella tarde de forma inesperada. ¡Cristina! Aquí, en España. No se habían visto desde su boda con un portorriqueño que residía en Miami. ¡La primera vez en quince años! Deduje, con acierto, que aquel reencuentro iba a ser largo, muy largo. Todavía fue mayor mi alegría cuando, gracias a los comentarios de mamá sobre el evento, pude establecer un tranquilizador margen de seguridad, hasta por lo menos la cena. ¡Tenían tanto que contarse, tantas confidencias que hacerse…!
El feliz acontecimiento tendría lugar el viernes. Tuve, pues, dos días y medio para degustar el dulce placer de proyectar cuidadosamente, hasta el más nimio detalle, mi asalto al desván: ¿qué sorpresas me esperaban allí? ¿qué se guardaba con tanto secreto en aquel cuartucho inmundo? ¿cuál era el misterio que tanto atraía a mi madre y que, a veces, cubría su rostro de lágrimas? Al menos, esa era mi impresión, cuando abandonaba el desván con los ojos húmedos y las mejillas enrojecidas. Mamá ha sido siempre muy despistada. Jamás sospechó que la espiaba, que controlaba con precisión todos sus movimientos. Bueno, a decir verdad, no conseguí averiguar nada especial. Pero, entre lo que intuía, lo que escuchaba y lo que mi desbordada imaginación —la necesidad aguza el ingenio— inventaba, construí todo un entramado novelesco, que era preciso corroborar punto por punto.
Apenas mamá salió de casa, el viernes después de comer, me precipite a su habitación, arrimé una silla (la misma que usaba mi madre) al armario, extraje un cajón de la cómoda y lo situé cruzado, a modo de escalón, sobre el asiento. Ni siquiera fue necesario recurrir a la escalera de mano que mi padre guardaba en el patio para las reparaciones caseras. En un instante, la preciada llave estaba en la palma de mi mano. La acaricié con mimo mientras la insertaba en el ojo de la cerradura… La puerta se resistió. Nuevo intento. Sonó el teléfono…
—¿Sara? No. No, no puedo ir ahora… ni siquiera un momento… ¡Oye, que te he dicho que no! ¡Pero mujer…! Bueno, si te vas a poner así… Estoy allí en diez minutos ¿eh?
¡Qué fastidio! Precisamente ahora. ¿Puede haber mujer más inoportuna? Tengo que ir su casa para devolverle los ejercicios de lenguaje. No he tenido tiempo de copiarlos, pero cualquiera se niega… ¡Cómo se ha puesto la niña! Lo de chivarse ha sido un golpe bajo. ¡Qué le vamos a hacer! Espero, al menos, librarme de merendar en su casa.
¡Por fin! En total, casi una hora perdida. Simpática, Sara: la hubiera estrangulado con gusto. Pero he sabido comportarme. Controla, María, controla… que si pierdes la cabeza, la liamos. Que esta niña es boba y hay que saberla manejar… un poco de mano izquierda, María…
Y de mano derecha, que es la que ahora tiene de nuevo la llave del desván. ¿Qué le pasa a esta puerta? Tendría gracia…
Bueno, por fin. ¡Ya está! Sólo ha hecho falta un poco de maña. ¿Lo ves, María? controla… ponerse nerviosa no sirve de nada… Avanzo un paso. Otro. Y otro más. Todo un mundo misterioso me rodea, todo un mundo… de tinieblas, porque aquí no se ve ni tres en un burro. ¿Dónde estará el interruptor? Tendré que esperar un poco, hasta que mis ojos se acostumbren a la oscuridad. Ausculto las paredes con tanta minuciosidad como don Ramón mis pulmones cada vez que toso un poco. Nada, tampoco encuentro nada. ¿Dónde estará el maldito interruptor? Doy un paso más, segura de vencer este nuevo e impertinente obstáculo. Pero que… ¡¡Ayayay!!
He tenido suerte. He caído con las manos hacia delante, junto a la puerta. ¡Ay, mamita, qué hubiera pasado si me rompo las narices en el interior de este tenebroso agujero lleno de quién sabe que enigmas! Seamos prácticas, María. ¿Para qué sirve la linterna que te regaló Laura el año pasado? ¡Vaya ocurrencia! Pues ya va siendo hora de que sea útil.
La dejé en la consola de mi dormitorio. ¡Vamos a por ella…! Primero, el teléfono y, ahora, la linterna: abandonar de nuevo estas cuatro paredes que rezuman secreto por los cuatro costados es como traicionar a tu mejor amiga. ¿Y si en mi ausencia…? ¿qué? ¿qué puede suceder en menos de un minuto, eh? ¿qué puede pasar…? Pues nada. Claro. No pasó absolutamente nada, excepto algún segundo en el reloj. Y, nada más encender la linterna, localicé el dichoso interruptor, que sólo estaba un poco más apartado de lo usual de la jamba de la puerta. La única bombilla, sin tulipa, que pendía directamente del portalámparas, era de muchos vatios y daba mucha luz, tanta que de momento quedé algo deslumbrada, pues aquel potente foco se encendió muy cerca de mi cabeza. Fue como si el sol saliera de repente para iluminar mi territorio, recién conquistado. Ratas, no había. Al menos, no vi ninguna; pero, polvo… sí, ciertamente abundaba, y se hacía patente en cuanto intentaba remover alguno de aquellos enseres, cuyo profuso amontonamiento hacía difícil mis pesquisas.
“Déjame entrar al desván y te lo limpio” había suplicado un día a mi madre, con la más aviesa de las intenciones. “Empieza por arreglar tu cuarto” respondió ella de inmediato. No pude disimular un mohín de disgusto: ignoro si las madres son tontas o se lo hacen: ¿qué interés podía tener yo en ordenar mi habitación? Luego vendría —seguro— la de mi hermanita y quién sabe si después, también el baúl de los juguetes. Yo, la escoba sólo la quiero para barrer los obstáculos que se interponen con lo desconocido. ¿Por qué ahogarme en la rutina, si existe tanto por descubrir? Por ejemplo, esta muñeca sin brazos. Y, debajo…, ¡un precioso juego de café de porcelana! Claro, la tetera está rota, por eso está guardado aquí. ¡Es tan bonito…! Comprendo que a mamá le hiciera duelo arrojarlo a la basura. Otra muñeca… las llevaré a mi cuarto. Pero, ¿en qué estoy pensando? Mamá notaría enseguida su ausencia, y yo he olvidado el propósito de mi visita. Tengo que darme prisa, no sea que mamá regresé antes de lo previsto… quién sabe cuánto tiempo habrá de pasar antes de que tenga otra oportunidad.
Persevero en mi rastreo, husmeándolo todo como un sabueso: al final, la suerte es siempre de quien la persigue. Debajo de una sábana que lo cubría perfectamente, aparece el retrato enmarcado de un hombre bien parecido. Me gusta. Es más guapo que papá. Bueno… eso no es muy difícil. Hay una dedicatoria escueta, que nada aclara, firmada por un tal Federico. Mamá siempre dice que si hubiera sido chico me hubiese puesto Federico. Un nombre de poeta, de un gran poeta. ¿Será este señor tan apuesto el amor secreto de mamá? ¡¡Claro!! Por eso viene cuando no está papá y sale con los ojos brillantes. Federico es el culpable de los suspiros de mamá, porque mamá siempre está suspirando, y Juanita dice que sólo suspiran las mujeres enamoradas. La sonrisa de Federico se parece a la de mamá y es que, como ella asegura, los enamorados acaban pareciéndose. Seguro que fue el hombre de su vida. Porque tiene que estar muerto… ¿Y si todavía vive? ¿y si viene aquí, a reunirse con mamá y los dos juegan a médicos, pero de verdad, no como Felipe y yo, que lo hacemos de mentirijillas? Paz, no sé por qué, afirma que eso son marranadas. A lo mejor, Federico le escribe cartas a mamá y están guardadas por aquí, en algún cofre, como hacen los piratas, que guardan sus tesoros en un gran baúl y en una cueva oscura. Tienen que estar en algún rincón, ligadas con un lacito malva, por que ese es el color que más le gusta a mamá y el que más detesta papá, que considera que huele a Semana Santa y que no hay nada más triste que la Semana Santa…
Por mucho que hurgué, las dichosas cartas con su lacito malva no aparecieron. Al final, sólo me llevé unas canicas de cristal de preciosos colores. Será difícil que mamá las eche de menos, pero, por si acaso, las guardaré en casa de Paz. ¿Y si las cartas están escondidas en otra parte? No en su dormitorio: cerca de papá, no. Tal vez en el armario del pasillo… Eso será más fácil de registrar, pero tendré que esperar otra ocasión…
Devolví la llave del desván a su sitio, coloqué el cajón en la cómoda y me lavé las manos, negras como un tizón. Mamá regresó por la noche y no cesó de hablar. Jamás la había visto tan parlanchina. Entonces, sonó el teléfono.
Mamá cogió el auricular. Estuvo mucho tiempo sin decir nada, escuchando la voz al otro lado del hilo. Después, se puso pálida, sonrió y se quedó de nuevo muy seria, con los ojos fijos en alguna parte, muy lejos de nosotros. Papá y yo la mirábamos, desconcertados. Reía, lloraba… parecía haberse vuelto loca. Colgó, por fin. Y nos abrazó, con tal fuerza que casi nos ahoga.
 —Es el día de los reencuentros. Primero Cristina. Y, ahora… ¡¡Federico!! Regresa a casa… Mi hermano se siente cansado y enfermo y quiere vivir sus últimos días en España. Dios mío… ¡cuánta vida nos robó la guerra!

Publicado en Asociados, Entrevistas, Personaje del mes | Sin Comentarios »

Personaje del mes: Ángel Gracia

Publicado por Angelica en Septiembre 14th 2009

foto-angel-gracia1

Ángel Gracia en el pantano de Mezalocha.  Foto realizada por Leticia Civiriain.

Angélica Morales entrevista a Ángel Gracia:


- ¿Cuándo dejan de considerarle a uno joven poeta?

Publiqué mi primer libro (Valhondo, Diputación de Zaragoza, 2003) a los 33 años. Es decir, ya no tenía el Carnet Joven. De hecho, algún crítico (me refiero a mi querido Alfredo Saldaña) escribió que era un poemario largo tiempo meditado y madurado, de manera que podríamos decir que ese fue mi libro de senectud. Desde ese momento, disfruto de un proceso Benjamin Buttoniano, es decir, de inversión temporal, mediante el cual me siento un poeta cada vez más joven. Mi escritura rejuvenece año tras año. Retrocede a su primavera. Mis versos se aligeran de sobrepesos canónicos y metaliterarios, que tanto me lastraban al principio. Para comprobarlo, léase “Libro de los ibones” (Aqua, 2005); léase el poemario que publicaré en 2010.

 

- ¿Leemos menos de lo que confesamos?

Nos hemos creído que existe un canon inamovible, un catálogo de lecturas incuestionable. Nos lo enseñaron en la escuela y más tarde en la Universidad, aunque yo no iba mucho a clase. Nos adoctrinan desde los suplementos y las revistas culturales. Hasta el mismo Harold Bloom me envía spam todas las semanas con enormes listas de lecturas, no doy abasto.

Nos sentimos culpables cuando hacemos recuento y descubrimos que no conocemos a este o aquel autor canónico. Forma parte de nuestra cultura cristiana creer en los iconos y los santitos, ponerles velas y rezarles. Y también forma parte de nuestra cultura cristiana autoflagelarse y flagelar al prójimo. Confieso que yo mismo torturo a mis amigos: “¿Pero es que no has leído aún a Pound? Léelo y podrás saltarte a Eliot. ¿Es que no comprendes aún a Celan? Lee a Trakl y luego vuelve a leer a Celan y luego hablamos”, les digo.

También existe una ansiedad por leerlo todo, como si la lectura conllevase la adquisición de conocimiento y talento. Se trata de una obsesión neurótica con derivaciones megalomaníacas que desde hace años estudia el Insanity and Poetry Institut de la Syracuse University. Se lo tienen que estar pasando bomba en aquel sitio. Investigan todas las variantes del delirio poético: tanto el caso del tontiloco que quiere ser poeta (nunca quieren ser albañiles o repartidores, quieren ser artistas) sin haber leído ningún libro, como el caso del poeta obsesionado con leer a todos sus contemporáneos hasta que su propia escritura se resiente y se colapsa.

Creo sinceramente que cada uno debe leer lo que quiera leer. En todo proceso de lectura hay mucho de azar, de encuentro casual con obras y autores, de correspondencias y pasadizos entre unos y otros. Cada lector crea su propio canon, bien sea de diez libros o de mil.

 

- ¿Cuáles son sus fuentes de inspiración?

Es sabido que las drogas y el alcohol son perjudiciales. Sin embargo, las resacas de grado intermedio generan optimismo y poemas luminosos. Las resacas demoledoras producen metáforas insondables.

El cansancio físico por hacer deporte me aproxima a la poesía oriental. El cansancio laboral me provoca, paradójicamente, insomnio. Y éste, a su vez, teje en mí una prosa densa, acumuladora de frases subordinadas.

En cuanto al amor y la felicidad como imposibles fuentes de inspiración, confieso que uno y otra liberan mi escritura de la ansiedad y la obsesión por escribir. Es decir, me conducen a una escritura más feliz. Poseído por ella estoy.

 

- Háblenos de la obra de la que se siente más orgulloso.

Mis obras se caracterizan por la ausencia del concepto de “obra” o de “proyecto”. Mis humildes libros son apenas atisbos, aproximaciones. No siento que construya una así llamada obra. Más bien, siento que mi íntimo taller de escritura está siempre “en obras”. Apuntando, corrigiendo, borrando. Mis libros no son realmente obras cerradas. Sucedió que alguien por fin decidió publicarlas y tuve que dejar de corregirlas una y otra vez. De no haberlas editado en papel, aún seguiría con el infinito proceso de corrección.

En todo caso, si lo que me pides es que te hable de un texto mío que sea mi preferido, te diré lo mismo: salvo de la pira, de entre todo lo que he escrito, algún fragmento, algún artículo, algún poema. Salvo de la pira, si me apuras mucho, una palabra que ni siquiera es invención o hallazgo mío, una palabra que dio título a mi primer libro, “Valhondo”, un topónimo real que parece extraído de un cuento de Poe.

 

- ¿A qué sabe un premio?

Sabe mal, la verdad. Cuando se gana algún premio, uno se acuerda siempre de aquellos que se presentaron y no ganaron, sobre todo de los amigos más cercanos. Uno piensa que los libros de los demás eran sin duda mejores que el propio. Confesaré que uno sufre mucho cuando recibe un premio literario. Incluso he llegado a pensar, durante las terribles noches de insomnio, en renunciar a ese premio sin duda inmerecido.

Afirmo que es mejor no ganar los premios a los que uno se presenta. Más que la victoria, nos hace fuertes y verdaderamente grandes el sentimiento de derrota, sobre todo si es continuado y repetido.

En serio: la gente piensa que gano muchos concursos (apenas he ganado un puñadito y siempre de ámbito aragonés) y no se dan cuenta de cuántos premios he perdido. Centenares. Pero eso me ayuda a escribir y corregir. A esperar.

 

- ¿De qué carece la literatura actual? ¿Somos más payasos que artistas?

La literatura actual padece de muchas carencias, de muchas pérdidas irreparables. Imagínate, Paul Celan murió en 1970. Valente en 2000. En el ámbito aragonés, Miguel Labordeta murió en 1969. Mi querido Sergio Algora en 2008. Esto no tiene solución. Ellos son los que tendrían que haber seguido escribiendo para siempre, no nosotros. Los que permanecemos aquí hacemos lo que podemos. Unos escriben en silencio y otros escriben buscando el ruido de los bares. Unos sobreactúan y tienden al melodrama íntimo (el heautontimorumenos contemporáneo escribe blogs) y otros ocultan su impotencia creativa, su incapacidad, con maquillaje de payaso (también escriben blogs). Pero esto no significa que el payaso no nos haga reír a veces y que no nos guste el circo. Yo también tengo mi propia troupe.

 

- Comparta con nosotros sus nuevos proyectos literarios.

Estoy preparando una colección de relatos de ciencia ficción. Ya sabes: distopías, narraciones posapocalípticas, ciudades futuristas, pero todo con un enfoque muy humano, sin robots cabrones ni naves nodrizas ni nada de eso. Para mí, está siendo un esfuerzo de imaginación e inventiva muy costoso mentalmente. Al fin y al cabo, la realidad nos rodea de realismo sucio. Menos mal que tengo la edición de coleccionista de “Solaris” y que Philip K. Dick se me aparece en la mampara de la ducha cada mañana. Él me ha dado la idea de escribir una ucronía que cuente que habría pasado si Gran Scala se hubiese instalado en Los Monegros.

 

- ¿Existe Aragón, literariamente hablando?

Sí, claro. Gigantes como Cees Noteboom y Peter Handke han descrito lugares de Aragón en algunos de sus libros, tanto de viajes como de ficción.

 

- Narrador y poeta, ¿por cuál de los dos estilos se pirra?

Otro tópico canónico que no comparto: la clasificación por géneros literarios. Para mí no existe tal distinción. Otra cosa es que adapte las formas literarias al contenido que deseo expresar. Como diría el poeta cubano-aragonés Dolan Mor, “hermano, somos poetas y basta”. Aunque he de decir que el propio Dolan cree que un día seré mejor narrador que poeta. Y tú que lo veas.

-Sea valiente, ¿qué aplaudiría de la AAE y qué fustigaría?

Aplaudo cualquier proceso de renovación, regeneración y autocrítica. Abucheo los linchamientos, los corporativismos y el anquilosamiento. Abrazo las acciones de profunda naturaleza poética pero no abrazo a todos los poetas, no creas.

 

- Defínanos la literatura pulp.

Recomiendo vivamente la antología Los hombres topo quieren tus ojos y otros relatos de la Era Dorada del pulp (Valdemar, 2009), y muy especialmente la lectura del prólogo de Jesús Palacios.

De todos modos, yo convocaría un debate sobre este apasionante tema en Aragón Televisión, quizás de madrugada, después de “Borradores”. Un combate dialéctico entre mi admirado Quentin Tarantino (director de “Pulp fiction”) y mi editor (en el sentido anglosajón), y sin embargo amigo, Octavio Gómez Milián (antólogo de “El final del pasillo. Literatura pulp en Aragón”). Imagínate: el uppercut de Quentin contra las fintas de Octavio.

 

- “En bici por Aragón”, Y para el resto del mundo, ¿qué medio de locomoción recomienda?

Que la gente elija con libertad. Que no se sientan intimidados por la crisis del automóvil. Pondré como ejemplo a algunos de nuestros asociados: Forega conduce un todopoderoso Volvo. Tajahuerce un Ford de tres puertas (no son ciertos los rumores de que pidió un préstamo al Banco Espirito Santo para comprarlo). Ortiz Albero es copiloto de un Citroën que ha corrido varios rallyes. Yo mismo tengo un Peugeot de segunda mano, que eclipsa el Audi 100 de Vilas. Por su parte, Miguel Serrano, como es narrador de proyección nacional, tiene un Peugeot nuevo, de gama más alta y tamaño familiar.

 

- Enumérenos un poeta imprescindible, uno de bolsillo y otro al que se le siga maldiciendo entre dientes.

Los anteriormente citados, en el orden que guste situar el lector, podrían servir para la respuesta. Añado, como imprescindibles, la poesía de Saldaña, Vilas, Jesús Jiménez y Juan Marqués.

Los últimos clásicos aragoneses (Tello, Esquillor, Verón, Guinda), deberían estar ya en formato de bolsillo.

No maldigo a nadie. Al contrario. Ya he dicho que en esta época de mi vida estoy rebosante de buenos sentimientos y me gusta reconocer el talento y el trabajo de los demás.

Así pues, alabo la labor de las editoriales aragonesas de poesía: Olifante, Lola, Libros del Innombrable y Eclipsados, sobre todo, cuyos responsables merecen toda mi admiración.

También loo la sabiduría de David Mayor. Loo la inteligencia de Julio Espinosa. Loo la perseverancia de Octavio Gómez. Loo la iluminación de Ángel Sobreviela. Loo la fe de Dolan Mor.

Bendigo, finalmente, a Ana Muñoz.

 ÁNGEL GRACIA
Nació en 1970 en Zaragoza, donde reside. Como poeta, ha sido incluido en las antologías Cinco jovencísimos poetas aragoneses (Lola Editorial, 1993), Los chicos están bien (Olifante, 2007) y Veinte poetas aragoneses expuestos (Olifante, 2008), así como en Poesía de miedo (Olifante, 2008). Es autor de los poemarios Valhondo (Diputación de Zaragoza, 2003) y Libro de los ibones (Aqua, 2005).
Como narrador, ha sido incluido en las antologías El viento dormido. Nuevos prosistas en Aragón (Eclipsados, 2006) y Al final del pasillo. Terror, ciencia ficción y literatura pulp en Aragón (Comuniter, 2009). Es autor de la novela Pastoral (Prames, 2007) y del libro de viajes Destino y trazo. En bici por Aragón (Comuniter, 2009).

SEÑOR DE LA DANZA

Esta escultura de bronce, que representa al Señor de la Danza, lo muestra bailando dentro de un círculo de fuego. Una de sus manos sostiene una llama, mientras que la otra golpea un tambor. Su pie descansa sobre el demonio de la ignorancia.

Bridgeman Art Library, London / New York

Borrar el principio, escribir

el fin. Crear signos,

nombrar números y edades.

Regresar a las primeras palabras

que el aire oyó.

Yo, que creí en el manantial de luz,

en la tierra recién hollada. Yo, que imaginé

la lluvia abrazando a las raíces.

Yo tuve la eternidad entera para celebrar el día.

Aquí yacerá el mundo, dije. Su alfabeto

de sílice. El poema de piedra. La canción

de las hojas de noche. Pero pronto brotaron

las lápidas, las agrias plegarias.

Dioses y hombres juntos sin saberlo,

negándonos, nombrándonos.

Un dios no es nada, pensé,

sólo un vacío inmóvil. ¿Soy, pues, la nada misma?

Un hombre no es nadie. Una nada que camina

hacia sí misma, hacia su centro desangrado.

Así, la fe torturada de la repetición,

así, el miedo por el sueño del vigía.

Yo os creé y yo os destruiré.

Vuestras voces hablaron

del silencio, de mi voz.

Pero yo aguardé en la roca,

nadé en la montaña y su nube,

dormí con el rumor de las explosiones.

Yo os creé y yo os destruiré.

Sin ira. Sin piedad. Uno a uno,

porque no sois infinito.

No pensaré en ninguno de vosotros.

No recordaré vuestros nombres.

No os daré tiempo, sólo el espacio

donde debéis desaparecer.

Principio y fin reunidos en mi mano.

La luz negra inunda la luz.

Las palabras abandonan las cosas.

Aquí yace el mundo.

El horizonte se acaba en esta línea.

 

Premio del Público del II Premio Poesía de Miedo de Olifante (2007)

 

 

 

Publicado en Asociados, Entrevistas, Personaje del mes | 1 Comentario »

Personaje del mes: José Luis Gracia Mosteo

Publicado por Angelica en Junio 15th 2009

Estimados socios:

El apartado del “Personaje del mes” termina de momento aquí, en mitad del calor y la incertidumbre. Como ya sabéis por años anteriores, tras el Congreso de Calatayud, comienzan las vacaciones en el blog (julio y agosto). Todo el equipo que ha trabajado en su mantenimiento (Amadeo Cobas, José Ángel Monteagudo, Miguel Carcasona y Angélica Morales) queremos daros las gracias por vuestra colaboración. Sin ella esta aventura no hubiera sido posible. Es por ello que os animamos a que continuéis enviándonos noticias, reseñas y curiosidades literarias al retorno de las vacaciones (septiembre).

Hemos querido cerrar el “Personaje del mes ” con un escritor conocido por todos: José Luis Gracia Mosteo, que, a pesar de que ya no pertenece a la Asociación, siempre ha estado dispuesto a ofrecer su ayuda desinteresada a todo aquél que la ha necesitado. Como embajador de las letras aragonesas en Madrid, ha facilitado con maestría y cariño la entrada de nuestros autores en los círculos más exquisitos de la cultura madrileña. Era un deber desde la AAE ofrecerle este pequeño homenaje. Deseamos que con el tiempo José Luis Gracia Mosteo vuelva a unirse a nosotros. Ya quedan pocos escritores que sepan combinar a la perfección talento, encanto y buen humor.

jlgmosteo


ENTREVISTA A JOSÉ LUIS GRACIA MOSTEO

Por Angélica Morales

Tiene una larga y prolífica trayectoria, ¿hacia dónde se dirige Gracia Mosteo?

No me cabe duda de que hacia la calvicie total, la obesidad mórbida y el nirvana jubilata, visto el apasionado romance que tengo a dos bandas con mi nevera y mi sofá. También, hacia las tascas de Malasaña, barrio espiritual de Madrid por excelencia, o las bodegas de Cariñena cuando estoy en Aragón, ya sabe, algo así como la ruta del bacalao pero sin palabras, que eso de hablar cuando se bebe es de flojos, o sea, Alpartir, Almonacid, Aguarón, Cariñena y demás Camino del apóstol. Soy un metafísico, no lo puedo negar.

¿Ha tropezado muchas veces por el camino?

¿Qué si he tropezado, dice? Entre estas gafas de culo de vaso, este cuerpo serrano que agravia a la gravedad y este despiste que únicamente se alivia (pero tarde) cuando pasa una señorita de buen ver (de ahí que sea un experto gluteal), lo que no sé es cómo tengo piños aún. Cuando yo digo que acabaré del ramal de un pastor alemán.

Poesía, novela realista, policíaca… ¿Volverá a sorprendernos pronto el inspector Barraqueta o está de vacaciones en Mallorca?

El inspector Barraqueta es un guarro, un escaqueador y un pichafloja, aparte de un camastrón que no quiere más que tele y cocina. Básica, eso sí, quiero decir, fritanga y fabada Litoral. En fin, que parece un intelectual, y usted perdone. Para mí que la gente se identifica. (Un momento que voy al baño. Esto me pasa por hablar de intelectuales.) En fin, que como le decía, en vez de leer a Ana Rosa Quintana, se rinde ante Arguiñano. Ahora le ando siguiendo la pista. Me está contando su último caso y no me lo acabo de creer. La leche. Cuando lo acabe, ya se lo pasaré. Será por el 2011, si el tiempo no lo impide. Se titula El Taxidermista de Almas, como un viejo relato mío, aunque no tenga nada que ver. En fin, pura delicatesen y filosofía (escuela Macarrónica.)

En su faceta de crítico, ¿le causa mucho dolor de cabeza a los autores?

Verá usted, esto de la crítica es la pera. Como te descuides, te retiran la palabra o el carnet de conducir, porque como ahora escribe hasta la madera… Yo empecé hace veinticinco añazos, o sea, con quince. Entonces aún había respeto y te cedían el paso con terror, o sea, como debe ser. Pero como se están perdiendo las buenas costumbres, ahora como no les guste te dan de gorrazos. Dónde vamos a llegar. (Perdón, que voy otra vez al baño. Esto me pasa por hablar de críticos.) Mejor será hablar de algo trascendente, por ejemplo, Elsa Pataki o Ana Obregón. Esto es la decadencia, oiga. Yo que me imaginaba perseguido por bellas escritoras y descubro que, como mucho, me sigue el bueno de Yusta.

¿Cree que existen todavía jóvenes promesas?

La juventud es un contratiempo que además de producir acné y furor (no hablo de ese, aunque también) suele dar algo impagable que es la frescura y la osadía. Creo que hay un puñado de tíos y señoritas en Aragón que escriben de maravilla, qué peligro para nosotros los dinosaurios. Menos mal que muchos comenten el error de arrimarse a la sombra de un veterano y pierden la virginidad literaria, es decir, se dejan influir. En mi opinión el escritor joven debe ser, sobre todo, independiente y asesinar freudianamente al padre putativo que le influye, no buscarlo como Heidi. Para ello, debe presentarse a concursos, conspirar contra el orden establecido (literario, en especial), no negarse a sí mismo para publicar…

La inspiración también huele a pachuli, tabaco negro y ginebra a granel. Háblenos de ese merecidísimo premio obtenido en Calatayud este año: “Blues de los bajos fondos”. ¿A qué le supo este poemario tan suculento? ¿La poesía erótica tiene cabida en un sex shop, junto a los vibradores y la lencería fina?

En realidad, yo no soy poeta sino alguien que escribe poesía, que es distinto. Alguien que siente fervor pero también temor por la poesía. Vivimos en una época donde casi cualquier persona con cultura puede escribir poesía aceptable, pero eso sí, rápidamente olvidable. Por eso, para huir de la paja mental, me decidí hace cinco años a viajar al “corazón de las tinieblas” como Conrad, pero por el río de la Nacional II. Se trataba de descubrir esa vida oscura que se esconde en los antros que florecen a su alrededor; de contar y cantar el mundo del crimen y el sexo mercenario. Sin embargo, el resultado no es sólo “el horror”; es la extrema libertad aun a costa de la desgracia; el sexo en carne viva; el heroísmo de sobrevivir… Porque las doce putas y chulos de esos poemas han existido: en estos cinco años he bebido con gente que había robado, apuñalado e incluso asesinado. Es como sentarse al lado de una serpiente de cascabel.

Gracia Mosteo es un provocador. Atrévase a desmentirlo.

Yo soy un pobre chico algo entrado en kilos, rebelde porque el mundo lo hizo así, como decía Jeannette, esa pensadora de los 70, y al que la naturaleza hizo indudablemente sexy, qué culpa tengo. Eso es lo que soy, un hombre sin ambiciones que sólo persigue un ideal, el azul de Rubén Darío y Mallarmé, es decir, una editorial donde le paguen sin escribir y alguien que le mantenga hasta los 86. Por otra parte, ¿en qué se basa para llamarme provocador?

¿A qué cosas no debe renunciar jamás un escritor?

A tomarse en broma y pensar que es prescindible. Tengo muy claro que los escritores descendemos de los juglares. A mí, los que se toman en serio como Lobo Antunes, que dijo de su libro (no recuerdo cuál, tuvieron que subirme al sofá en medio de un ataque) estaba “como escrito por la mano de un ángel”, es que me alargan la vida por lo que me río. (Perdona, que voy al baño, me pasa cuando hablo de escritores solemnes.) En fin, que sin frescura y naturalidad, no hay libros sino legajos. A propósito, desde aquel momento comprendo el dicho ese de “que viene el lobo.”

Ha escrito una trilogía pirenaica, pero aún queda un volumen por emerger de las tinieblas: “EL Barón de Oliván”. ¿Para cuándo ese broche literario?

Me da pereza porque es un libro serio y no tiene el desgarro, la mala leche, la pulsión de Barraqueta o el Blues; sin embargo algún día me pondré. Estoy esperando algo, no sé, que me dé la pista de lo que puede ser este siglo XXI, pues cada volumen de la trilogía acontece en la misma casa del Pirineo pero en diferente época: La Dama Cautiva de Jaca, en el siglo XIX y la lucha por la libertad contada por Poe y Espronceda; La Saga de los Pirineos (que ahora se ha reeditado en Huerga y Fierro con un capítulo nuevo y más de 60 correcciones, dando lugar a una novela casi nueva), el malhadado siglo XX y el éxodo del campo a la ciudad; y el actual siglo XXI, pues aún no lo sé… Tal vez el fin del mundo, con tanto pirado como hay, o sea, Vivamus atque amemus, que escribió Catulo.

En su opinión, ¿se puede leer todo lo que se publica o se publica sin sentido?

En mi opinión hay que leer todo. “Si no siempre entendidos, siempre abiertos”, dijo Quevedo. Es lo que hay que hacer. Jamás despreciar un libro. Otra cosa es que al llegar a la página 10, descubras que es un tostón y lo tengas que poner debajo de la pata de la mesa que cojea. Los libros siempre son útiles.

El mundo editorial tal y como lo conocemos, ¿tiene los días contados? ¿Existen editores con buen olfato, de los que se juegan el pellejo o por el contrario la mayoría se ha vendido al mercado?

Hay de todo, como en botica: editores que no leen lo que publican (en Aragón hay alguno), editores sectarios (pues también), editores vocacionales (pienso en Jiménez Ocaña o en Tropo), editores que disparan con pólvora ajena, o sea, institucionales, hasta editores que no pagan hay, los angelitos. Será para que seamos más puros.

Descúbranos una joya en bruto, ese autor que ha de venir.

Hay un chico, Jorge, creo que se llama, uno muy joven que escribe poesía y relatos… Un argentino…. Tiene apellido de aceite y bolsa de frutos secos. No recuerdo bien. Esta cabeza… Uno del que dicen que ha muerto, pero que no me lo acabo de creer. Seguro que es una estrategia de los editores. Uno que cada vez lo encuentro más nuevo y valioso. ¿Cómo se llama? Jorge Luis… Joder. Ya me acordaré. Se lo recomiendo. Es una joya en bruto para todo aquel que no lo ha leído y aquel que lo vuelve a leer.

¿Qué tiene entre manos en estos momentos?

En primer lugar, el teclado grasiento del ordenata; en segundo, un klínex verdiazulado (el tabaco, ay); en tercero, una multa de aparcamiento que no voy a pagar; y en cuarto, la Plaza de Oriente pero sin Franco pues una editorial madrileña me ha pedido un relato para una antología con ese nombre; aunque, ahora que me acuerdo, me parece que he vuelto a tropezar, véase pregunta 2, y ya está publicado. En fin, que he quedado como la vaca de Morata, que es un pueblo donde hay cemento y apenas vacas, y no lo he mandado a tiempo. También estoy preparando un relato que me ha pedido el Café Gijón para un libro que saldrá el 2010. Y, finalmente, una antología de mis reseñas titulada Treinta motivos para reencarnarse en mosquito, que es una selección de libros raros y frikis, como por ejemplo aquel de Emilio Quintanilla donde una paramecio se enamora de una ameba; o aquel otro desvergonzado y, sin embargo, lírico de Ignacio Escuín; o aquel injustamente relegado de Víctor Juan…

Comparta con nosotros sus clásicos fetiche.

Homero con la Odisea, los Himnos y Epigramas de Calímaco, las Geórgicas de Virgilio, las Odas de Horacio, la poesía amatoria de Catulo, las Elegías de Propercio, la Comedia de Dante, los poemas de Quevedo, las Novelas Ejemplares de Cervantes, todo Shakespeare, no poco Galdós, todo Stevenson, los cuentos de Edgar Allan Poe, todo Scott Fitzgerald, la poesía completa de Laforgue, Los Thibault de Martin du Gard, las Odas de Ricardo Reis (Pessoa), El Gatopardo de Lampedusa, La Realidad y el Deseo de Cernuda, Ficciones y El Aleph de Borges, Bomarzo de Mujica Láinez, casi todo Mendoza (Eduardo,), en especial, Una Comedia Ligera y La Ciudad de los Prodigios, La Muerte en Beverly Hills de Pere Gimferrer, Los Epigramas del Último Naufragio de José Verón, La Caja de Plata de Luis Alberto de Cuenca, Corazón tan Blanco de Javier Marías, la novelística de Martin Amis…

Por cierto, ¿qué tal le ha ido en la feria del libro?, ¿ha acabado con todos sus ejemplares? Me gustaría que nos reservara alguno para el blog, por si encontramos valientes que se atrevan a criticar al gigante.

No he vendido un libro, que quiere que le diga, pero la gente me echaba cacahuetes y almendras a la caseta, y me he ahorrado lo mío. Debían de confundirme con la mona Chita o King Kong. En cuanto al libro, cuente con él, y ahora disculpe que me voy al baño. Esto me pasa por comer tanto fruto seco. Yo es que los cazaba al vuelo.

El Autor

JOSÉ LUIS GRACIA MOSTEO. Calatorao (Zaragoza), 1957. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid. Durante los 80, es uno de los responsables de la Sección de Literatura del Ateneo de Madrid por donde pasan Rafael Alberti, Dámaso Alonso o Luis Rosales entre muchos otros. Cuatro años después, en el 84, rehúsa un contrato como teacher assitant del profesor e historiador de la literatura Ángel Valbuena Prat en la Universidad de Deleware (EEUU). A principio de los 90, comienza a escribir su Trilogía Pirenaica donde novela el esplendor, decadencia y ruina de un mayorazgo altoragonés a lo largo de los siglos XIX, XX y XXI, publicando en 1999 La Saga de los Pirineos; en el 2000, La Dama Cautiva de Jaca; y quedando El Barón de Oliván aún en escritura. En el 2001, da a las prensas El Asesino de Zaragoza, primera de una serie de novelas negras y de humor en donde presenta al inspector Barraqueta, y en el 2004 el poemario La Balada del Valle Verde, que es finalista del Premio Nacional de la Crítica 2005. Ese mismo 2004, publica El Pintor de Fantasmas, un conjunto de relatos con El Greco, Rimbaud, Coleridge o Gracián de protagonistas. En el 2005, da a la estampa El rock de la dulce Jane, segunda entrega de los casos de Barraqueta; en el 2006, el libro de ensayos El monstruo del espejo; y en el 2007, la novela El infierno. Finalmente, en el 2009 edita el poemario Blues de los Bajos Fondos y reedita su primera novela La Saga de los Pirineos con nuevos capítulos y cambios sustanciales. Ha participado en las antologías El Quijote en el Café Gijón, Crímenes Contados, Historias para catar, Vidas de perros y Ducha Escocesa. Es, asimismo, crítico literario de Heraldo de Aragón, Turia, Tierra de Nadie, El Librepensador y República de las Letras entre otros. Desde 1979, reside en Madrid.


BLUES DE LOS BAJOS FONDOS & LA SAGA DE LOS PIRINEOS

Blues de los Bajos Fondos es la segunda entrega poética del autor, quien declara sentir devoción y horror por la poesía. Devoción pues es el género más engañosamente fácil pero en realidad más arriesgado. “Hablando seriamente”, dice, “el 99% de lo que se escribe no es poesía sino desahogo sentimental, estético o de la razón. Vivimos en una época donde casi cualquier persona con cultura puede escribir poesía aceptable, pero eso sí, prescindible y rápidamente olvidable.” Horror pues la delgada línea roja que separa el verso del ripio es tan leve que es facilísimo pisarla. Para huir de ambos peligros, Mosteo apuesta por la resurrección del romance y, en este caso, la jácara, donde el yo del autor prácticamente desaparece en beneficio de una historia ya no de caballeros o enamorados, sino de criminales; una resurrección sustentada sobre una estética contemporánea como es la visión furiosa de la realidad; el humor y el sarcasmo; el uso del argot tabernario, spanglish y la contracultura; y todos los recursos propios de esa literatura canalla en primera persona que tiene en François Villon a su pope, y que está semiabandonada hoy. Para ello Gracia Mosteo utiliza el endecasílabo, alejandrino y versículo más irregulares, y bebe de la descarnada actualidad, es decir, que la mayoría de las doce putas y chulos de sus poemas, han existido y le han sido revelados a lo largo de decenas de viajes a los puticulubs que rodean los 600 kilómetros de la Nacional 2 Madrid-Barcelona durante los cinco años (2003-2008) de escritura del libro. Por otra parte, el autor ha querido adoptar el esquema del blues para articular el poemario, es decir, doce compases que son poemas, patrones de llamada y respuesta, espíritus caídos o blue devils y conversaciones intercaladas, que a veces lo tornan en hip hop. El libro es pues un canto triste, que no una elegía, a la vida de los yonquis, macarras, chaperos, camellos, quinquis, chantajistas, hermafroditas y putas que viven en ese infierno, para los clientes paraíso, donde las convenciones no existen. “No me interesa el sexo como objeto literario, sino el crimen (subraya) como muestra (véase la filosofía de Sade o Apollinaire) de la más absoluta libertad” dice Mosteo, “Como decía Vicente Aranda, nunca haría una película sobre la reinserción del Lute. A mí me interesa el anterior.” Por eso Blues es un libro que gustará a quien no lee poesía; un libro sucio, entretenido, borde y, a veces malintencionado. “En estos cinco años he bebido con gente que había robado, apuñalado e incluso, en una ocasión, asesinado. Es como sentarse al lado de una serpiente de cascabel. Me fascinan las serpientes venenosas. En realidad el hombre ha llegado a la luna pero no ha cambiado nada en los últimos 5.000 años. Sigue matando por la comida, el sexo y el poder. Es lo que quiero cantar.”

En cuanto al segundo libro, La Saga de los Pirineos, es la novela de un viejo mayorazgo altoaragonés donde en pleno siglo XX aún se vive como en el X; la historia de una vieja familia, los Abarca, que ve cómo todo se disuelve con la llegada de la industrialización y la modernidad; el fin de un mundo agrario y que aún se rige por las estaciones y la sangre, un mundo enfrentado al abandono y la fuga (porque eso es lo que era, una huida del silencio, la injusticia y la incomodidad); la pérdida voluntaria del paraíso; el fin de una época… Militares, músicos, cómicos, vividores, pastores, los hijos segundones de esas casas de la pequeña nobleza debían buscar su destino lejos de la seguridad y la servidumbre al hereu, es decir, el mayor. “Es la novela más autobiográfica que he escrito, aunque sólo sea por el marco social: mi padre era hijo de la Casa Chuan de Oliván, una casa emparentada con el Conde de Aranda y que se difuminó cuando mi abuela Candida Abarca Oliván conoció a mi abuelo.” La Saga es pues la historia del siglo XX en una familia y una casa, una novela de aprendizaje, o sea, una bildungsroman, pero también una novela de aventuras, un libro que, para sorpresa del autor, acabó de lectura en las universidades de Bellaterra o Complutense, pese a las sesenta erratas y la pérdida de un capítulo en su primera edición, ahora agotada. “Culpa mía”, dice el autor, “En 1995, cuando la empecé, no tenía ordenador y contraté a una secretaria. Luego, las prisas y el nerviosismo toleraron la cadena de errores. Por eso esta nueva edición sonará a nueva”.

UN POEMA

DE

BLUES DE LOS BAJOS FONDOS

Viene una de por ahí, ya sabe, pubs

de carretera, casucas de alterne,

puticlubes, y un día, mientras echa

gasolina, conoce a un fulano y un

perro en un pueblucho o lo que es lo mismo,

a dos perros que le miran, o sea,

que buscan, ya sabe, una cocinera,

alguien que les caliente la manduca,

un coñito, dos que ofrecen futuro,

en fin, retirarte, vivir juntos,

envejecer sin fianzas ni hospitales

ni trullo; viene una hastiada de pichas

con tufo a requesón, de chulos con peste

a pachulí, de todo eso; viene una

y se queda un día, un año, una vida;

viene una y se piensa que puede hacer

la compra en el súper, levantarse

a las ocho, vestir de trapillo,

y se encuentra con alguien que no grita,

que se zampa sin chistar la paella

pasada, el café aguado, el mal vino;

que no pregunta; viene una y, joder,

se cree que puede lucir vaqueros

con peto, echar gasofa, follar

con uno, sólo uno, así que empieza

a aburrirse, o sea, a ser feliz, cuando

una noche para un camión y sale

un cabrito y le dice: Hombre, la Sandra,

¿qué haces tú aquí en este puto sitio?;

viene una y mira al colega y al chucho,

se mira en el retrovisor, espejo

para ver lo que nos sigue; viene una

al culo del mundo y se da cuenta

de que será siempre lo mismo, mientras

el machaca llena el depósito y

promete volver y opina de fútbol

con el que no protesta, el que tiene

la polla más gorda, o sea, el jodido

futuro; viene una de ahí al culo

del mundo y se queda un año, una vida,

cuando una noche se para un camión.

UN FRAGMENTO

DE

LA SAGA DE LOS PIRINEOS

Jugaba la luna con las nubes rasgando como una plumilla el velo de la oscuridad; jugaba con el viento estrellándose contra los cipreses, y levantaba obstinados posos y polvaredas de mi espíritu que, entre lirios y tumbas, se liberaba del sentido común hasta convertirse al abracadabrismo y recelar si aquel maldito Manolín no tendría razón.

-Pero, ¿qué haces, Alacrán? Anda, sujeta bien al gallo y sácale un poco de sangre. Y no hagas tanto ruido que vas a espantar a las ánimas, cagüen la pus, que menudo cafarnaum estás armando.

Había leído Manolín en un libraco de Mitología de la biblioteca municipal que únicamente la sangre de un gallo puede turbar el sueño de los muertos, así que allí estábamos con Carolo, el quirico más escandaloso y bullanguero del valle.

El ánima elegida para la plática era la de un difunto reciente: Don Raimundo el practicante, una especie de banderillero despiadado que había dejado un hijo naturista, una viuda adicta a los supositorios y una villa de nalgas en nirvana.

-Don Raimuuundo… Don Raimuuundo… ¿Me oye? -invocó- .Soy Manolín el de la partera… –clamaba el aprendiz de brujo.

Y susurrándome al oído: “Venga, pínchale en la cresta y haz en el nicho una cruz con la sangre.”

Silencio.

-Don Raimuuundo… Don Raimuuundo, vuelva, yo le convoco.

En ese momento, la luna remontó las copas de los cipreses y la repentina claridad arrancó un destello del retrato del banderillero que nos observaba amoscado tras el vidrio del nicho… Yo que vi aquellos ojos de Nerón que tanto se habían encarnizado con mis glúteos, di un grito, aflojé la presión del cuello de Carolo y recibí tal picotazo que me pareció reconocer la jeringuilla del difunto en sus mejores tiempos.

Volaba libre el gallo por el cementerio. Volaba yo entre panteones y nichos para desandar, y no muy de acuerdo con Jorge Manrique, la senda de aquel sitio “qu’es morada sin pesar.” Volaba ligero Manolín, barruntando que su conjuro había tenido éxito.

Esa noche descubrí lo celosos que son los muertos de su descanso. Y no digamos si además son practicantes. Entonces, más que celosos, otelos. Sin embargo, el Más Allá estaba allí, a mi lado, y al final del verano, aquella mancha de clavo en mis uñas se hundiría en mi vida como un puñal.

Publicado en Entrevistas, Personaje del mes | 1 Comentario »

Personaje del mes: Roberto Malo

Publicado por Angelica en Mayo 15th 2009

camello_malo

Roberto Malo (el de la derecha de la foto) nace en Zaragoza en 1970.  Es escritor, cuentacuentos y animador sociocultural.

Ha publicado los libros de relatos “MALOS SUEÑOS” (CERTEZA, 2006) y “LA LUZ DEL DIABLO” (MIRA, 2008) y las novelas “MALDITA NOVELA” (MIRA, 2007) y “LA MAREA DEL DESPERTAR” (HEGEMÓN, 2007).
Este mismo mes de mayo se publica su quinto libro (y ya se sabe, no hay quinto malo), la novela-guión “LOS GUIONISTAS” (ECLIPSADOS, 2009).
Tiene asimismo pendiente de publicación el libro infantil ilustrado (escrito en colaboración con Francisco Javier Mateos e ilustrado por David Laguens) “TANGA Y EL GRAN LEOPARDO”.

Roberto Malo es miembro fundador del GRUPO GALEÓN, con el que recorre el mundo mundial desde el año 1993, realizando todo tipo de talleres, animaciones, títeres y cuentacuentos.
Es miembro de la Asociación Aragonesa de Escritores, de la Asociación Aragonesa de Amigos del Libro, de la Asociación Española de Fantasía, Ciencia-ficción y Terror, y de Nocte (Asociación Española de Escritores de Terror).

Tiene un blog, que lo llena de fotos, cuentos y tontadas: http://robertomalo.blogspot.com

ENTREVISTA a Roberto Malo

Por Angélica Morales

¿Cuándo se pone serio Roberto Malo?
Ahora mismo, por ejemplo. Una entrevista hay que tomársela en serio. Si se toma a la ligera, uno puede acabar por responder algo que no tiene nada que ver con lo que le han preguntado e irse por las ramas descaradamente. Espero no hacerlo demasiado.

¿Sobre qué escenario te sientes más cómodo, sobre las tablas o frente a un ordenador?
Me encuentro muy cómodo en los dos escenarios (en los dos llevo ropa cómoda). Disfruto enormemente de mi trabajo como animador-farandulero-titiritero y al mismo tiempo me lo paso en grande escribiendo. Me siento afortunado de poder compaginar ambas facetas.

Actor, escritor, cuentacuentos…, ¿le echas mucho cuento a la vida?
Todos le echamos cuento a la vida. Cuando uno actúa, juega a interpretar otros personajes, y cuando uno escribe, también se mete en la piel de diferentes personalidades. En el fondo, a todos nos gusta vivir otras vidas (y si es de forma inocente y barata, más).

¿Relato o novela?

Como lector y autor, disfruto de los dos por igual. Sin embargo, en este país, como se tiende a menospreciar el relato, me veo en la obligación de tener que justificar la publicación de cada libro de relatos resaltando la importancia del género cuentístico, mientras que con la novela no hace falta. No tienes que empeñarte en justificar su existencia; es como si el ser novelista fuera lo más natural del mundo, la norma a seguir, y el hecho de escribir relatos, un capricho incomprensible para muchos.

El humor es tu bandera, ¿te has convertido en un especialista en arrancar sonrisas?

Lamentablemente, no soy especialista en nada. La vida sólo da para ser un modesto aprendiz (decir esto siempre queda bien, ¿eh?). Pero el humor se acaba colando en mi obra, es cierto, espero que de forma natural. Supongo que el humor aparece en historias tremendas y terribles como contrapunto o para que resulten más fáciles de asimilar.

Busca en tu memoria sensorial y cuéntanos un secreto inconfesable.
Nada, ya no me quedan secretos inconfesables. Ya lo siento, pero los he ido desvelando en sucesivas entrevistas. Bueno, venga…, uno que no he contado todavía: en el año 1990 fui abducido por extraterrestres, y desde entonces no tengo que usar desodorante, pero no me gusta  hablar del tema.

A los autores que cultivan el drama se les suele tener una mayor consideración, ¿significa eso que el humor no se toma en serio en la literatura?
En la literatura, y en cualquier ámbito artístico (me viene a la cabeza el cine, el teatro…), no se valora ni se premia el humor, se le hace de menos. Es triste, pero es así. Sin embargo, en mi concepción personal del Arte Supremo, el humor me resulta imprescindible.

¿Alguna mala crítica te ha hecho llorar?
Por favor, yo no he tenido nunca malas críticas. Todas han sido excelentes, realizadas por bellísimas personas. Sin embargo, no me importaría tener unas cuantas malas críticas. Mejor que se hable de uno, aunque sea mal. Aunque sea fatal, pero que se hable de uno.

Comparte con nosotros tus autores favoritos. Cita un libro que te haya dejado una cicatriz invisible.
Mis autores favoritos son demasiados. Por citar algunos: Fredric Brown, Richard Matheson, Philip K. Dick, Ray Bradbury, Robert Silverberg, Clive Barker, Woody Allen, J. G. Ballard, Chuck Palahniuk, Lewis Carroll… Y un libro: “Universo de locos”, de Fredric Brown.

¿El humor es un proyectil que hiere sensibilidades?

Creo humildemente que se puede hacer humor sobre cualquier tema, siempre que se haga con gracia e ingenio, pero hay temas que pueden molestar según la sensibilidad de cada uno.

Sé valiente, ¿qué valoras de la AAE y de qué carece?
Con sinceridad, lo mejor de toda asociación de escritores es cuando te juntas con ellos para cenar e ir de copas. Y lo peor, en mi caso, es que me he prodigado poco en este tipo de eventos.

Vender o escribir, ¿cuál es la cuestión?
Lo mío es escribir, eso lo tengo muy claro, sin pensar en las posibles ventas. Con que algunas editoriales se atrevan a publicar mis libros, sinceramente me conformo. Si luego se vendieran bien, claro, sería fabuloso, pero eso es algo más complicado… No obstante, que conste que yo hago todo lo posible para que se vendan bien mis libros. Los animo a leer allá donde vaya, me lanzo de cabeza en las ferias sobre los lectores, acudo alegremente a las radios y televisiones para la obligada promoción y me entrego a fondo en las presentaciones. Vamos, que soy un chollo para las editoriales. ¡Que corra la voz!

Presentas nueva criatura coincidiendo con la llegada de la feria del libro. ¿Piensas hacerte un esguince firmando ejemplares?
Mi nueva criatura se llama “Los Guionistas” (Eclipsados, 2009) y es una novela-guión de humor que entusiasmará a todos los amantes del cine y la literatura. Es un lujazo estar en la feria del libro con una obra recién sacada, desde luego, y espero firmar todos los libros que pueda, incluso alguno que no sea mío (ya que estoy…).

Vístete de gurú y léenos tu futuro en el poso de un café colombiano.
El mes pasado ya me vestí de gurú indio en El Atrapamundos, el restaurante donde todos los meses realizo Cenas con Cuento, pero soy muy malo leyendo los posos del café. Prefiero leer libros. En cualquier caso, me gustaría seguir como estoy; viviendo de la animación (que los caminos de la animación son infinitos) y publicando libros de cuando en cuando.

Y ahora un relato inédito de Roberto Malo, para ir abriendo boca:

POR ELLA

1

Me dejé atropellar delante de ella para llamar su atención, pero lamentablemente el autobús me arrastró cincuenta metros por el duro asfalto y la dejó a ella muy atrás. Un anciano que estaba en la acera vino en mi ayuda en su lugar.

2

Al salir del hospital, dos meses después, lo intenté de nuevo. Me tiré del puente por el que ella paseaba, pero en lugar de caer en el agua turbia del río caí encima de una lancha que pasaba por allí y me llevó hasta tres puentes más allá.

3

Al salir del hospital, tres meses después, lo intenté otra vez. Me disparé a la cabeza con una pistola descargada delante de ella mientras caminaba por la calle, pero un policía algo nervioso me disparó sin pensarlo al verme armado (en cuatro ocasiones y con aceptable puntería). Para más inri, se me llevaron los enfermeros sin que ella pudiera decirme ni una palabra.

4

Al salir del hospital, cuatro meses después, lo intenté de nuevo. Me ahorqué de un árbol en el parque por el que ella hacía footing, pero la rama se rompió y yo me rompí las dos piernas. Un gordo que hacía aerobic vino en mi ayuda en vez de ella.

5

Al salir del hospital, cinco semanas después, lo intenté otra vez. Me tomé cincuenta pastillas y un vaso de agua en la cafetería en la que ella bebía un batido de chocolate, pero incomprensiblemente las pastillas no me hicieron ningún efecto. Sin embargo, ocurrió algo más extraño todavía: ella se acercó a mí y me dijo que le sonaba mi cara. También me preguntó si quería conocer su apartamento. Entonces, supongo que por la sorpresa y la emoción, me vino una arcada inoportuna y le vomité encima las cincuenta pastillas pasadas por agua. Más extraño todavía: a pesar de mi afirmación espasmódica, acabamos haciendo el amor en el dormitorio de su apartamento, y además fue una experiencia sublime, el momento más dulce de mi desgraciada vida. Luego (siempre he tenido muy buen ojo para enamorarme) me enteré de que ella tenía el sida. Me enteré, evidentemente, porque me lo pegó. Mi suicidio definitivo, ahora sí, había comenzado.

Publicado en Asociados, Entrevistas, Personaje del mes, Quienes somos | Sin Comentarios »

Ángel Sobreviela, personaje del mes

Publicado por Angelica en Abril 15th 2009

Este mes Ángel Sobreviela se asoma íntimamente a nuestro blog. Es una oportunidad que no debéis desaprovechar para conocer al hombre y al poeta.

angel_sobreviela_1

ENTREVISTA a Ángel Sobreviela, por Angélica Morales:

Indagando sobre tu trayectoria me doy de bruces contra un hombre que arrastra nostalgias, ¿te gustaría darle la vuelta a los relojes y aterrizar en otro siglo?

Es honorable amar el destino y aceptar lo que nos ha tocado en suerte. Sentirse pertenecientes a otras épocas y a unos valores pasados puede llegar a ser una mala excusa para la no acción y siempre será un espejismo romántico. Hay quien diría que nacer en un punto concreto de la historia y en una tierra determinada es algo que ya decidimos en nuestra preexistencia antes de ser encarnados. Llegamos, desde este punto de vista, a un lugar e instante del mundo como cumpliendo una misión. Quizás nosotros mismos nos la encomendamos.

Tildas a la poesía de “Culmen de todo arte”, ¿Por qué sois tan pretenciosos los poetas?

En el principio fue la poesía. Y si no desde el principio, por lo menos durante largo tiempo la poesía caminó con el atavío de la épica. Posteriormente, la narración se despegó del lenguaje poético y la poesía no precisó de más personajes que el Yo poético para monologar incansable. Hoy pienso que hay más rigor intelectual en la narrativa (incluso más imaginación, tal vez), por poner un ejemplo cercano, que en la poesía. Culpa de los poetas. Sin embargo yo desearía el surgimiento de una poesía que tuviera la misma autoexigencia y estuviera tan bien escrita como la novela (algo parecido dijo Pound en su día). Para mí es fundamental el contacto de la poesía con otros medios de expresión artística e ideológica, desde el arte plástico a la filosofía pasando por el cine. No soy autocomplaciente por encontrarme en este lado de la creación literaria. Mi cuestionamiento de la idea existente hoy acerca de lo poético es también radical.


En tu opinión la literatura es lo único capaz de transformar el mundo, ¿tan poco te gusta lo que ves?

La literatura y el arte en general, nos enseñan a mirar y a partir de ahí a interpretar los fenómenos del mundo desde su esencia última. Para el artista y para el conocedor de las expresiones estéticas nada permanece oculto. Quien sabe, es poderoso, quien tiene ese poder encantado sentirá alguna vez que empuña la palanca que mueve los mundos. En la grandeza rastreable a lo largo de la esencia cultural propia, perviven los modelos excelsos que nunca podrán marchar hacia la nada; desde sus páginas impresas, sus lienzos, columnas, partituras, nos cuestionan permanentemente: llegad hasta nosotros, así dicen… sed dignos de la imagen que una vez fue reflejo (EPÍSTOLA DESDE CIMERIA, Canto XXII).

Albergas un ferviente deseo de crear una epopeya , ¿no serás en el fondo un héroe disfrazado de poeta?

Nací bajo el signo de Marte, dios de la guerra, según dice mi carta astral. Eso significa que mi visión de la vida es la del combatiente. El modelo literario supremo es el héroe. Aunque adecuarse plenamente a él no dependa de la libre voluntad, tenerlo presente como aspiración crea la tensión positiva necesaria para poner en funcionamiento muchas cosas (EPÍSTOLA DESDE CIMERIA, Canto XXIV). Sólo hay un camino para el poeta: hacer la revolución por lo menos entre las cuatro paredes de su estudio… al menos por el momento. ¿Qué es un héroe a fin de cuentas sino quien no se resigna a ser una hoja arrastrada por la corriente del tiempo? Y como decía Spengler, sólo hay dos actitudes ante la historia: sufrirla o hacerla.

Apuestas en tu obra por el diálogo con la herencia cultural , ¿mirar hacia detrás garantiza la continuidad?

No. No hay lugar en los lenguajes de este tiempo, y del tiempo que vendrá, para la repetición de estilos académicos, ni para la imitación servil de modelos clásicos. El futuro pertenecerá a quienes sean capaces de expresar realidades eternas con un nuevo lenguaje. Todas las herramientas o armas puestas a nuestra disposición por parte de la época deben ser utilizadas para volverlas en su contra. Nuestro tiempo ha de ser cuestionado radicalmente, esto es, hasta su raíz última.

¿Crees más en los artistas que denuncian o en los que se limitan a exhibirse?

Entre los poetas abundan los segundos, por desgracia. Hay aún del primer grupo, fieles recitadores de catecismos humanistas marchitos. Mientras que, por su parte, los provocadores del sexo y el vicio (drogas, alcohol, rock) no son ya sino viejos verdes un tanto ridículos, espantapájaros burgueses presuntamente antiburgueses y sobre los que defecan entre risas los cuervos de Wotan.

Más de una vez he pensado qué imagen tienen, de nosotros los poetas, quienes se dedican  a otras facetas del intelecto. Pienso muy particularmente en los novelistas, pero también en los artistas plásticos y los filósofos. La opinión que pueden albergar de los que escriben poesía debe de ser poco halagüeña.  Seguramente, nos ven como caprichosos incapaces, vagos que exhalan de vez en cuando suspirillos puestos por escrito y escasamente meditados… y por supuesto, sin ninguna armazón de construcción intelectual severa detrás de todo ello. Es contra esta idea contra la que me vengo rebelando desde hace 10 años. Mi oposición a la tradicional noción de poemario viene de esto mismo: no puedo tolerar que se considere la escritura poética como un desahogo emocional intelectualmente poco ambicioso y sin exigencias conceptuales complejas.

Exiges implicación y responsabilidad. Eres un tipo duro, sin duda. ¿Todavía hay quien piensa que puede ponerse en marcha una revolución cultural?

El siglo XXI reclamará, está reclamando ya, su revolución propia. La cuestión es qué puesto ocuparán en ella los intelectuales, y en concreto qué tipo de intelectuales y de artistas. La personalidad culta es portadora de la más alta de las responsabilidades: tal personalidad es la más consciente de entre toda la muchedumbre de individuos que forma una sociedad puesto que vive en el corazón mismo de su cultura. A esta élite del espíritu le corresponde su defensa y revivificación.

Eres licenciado en Historia del Arte, dime, ¿con qué estilo artístico identificarías tu escritura?

El modelo de estetas, el crítico victoriano de arte John Ruskin, opinaba que el gótico es la culminación expresiva de Europa. En el mismo sentido se manifestó el filósofo Oswald Spengler, otro de mis maestros. En el gótico confluyeron la visión religiosa definida, el vislumbre del ecúmene político universal, la unión de todas las vertientes de la existencia bajo un mismo principio, y la plenitud de la expresión formal. En un tiempo de disolución, construir arquitos góticos no aumentará la fe, como escribió José María Valverde. Lo importante es permanecer fiel no a las formas sino al espíritu que hizo posible que éstas se alzasen para siempre ante una y otra generación. La modernidad ha pasado sobre nosotros como una tempestad y somos sus hijos. No pueden desdeñarse las nuevas formas, la expresividad de las creaciones máximas del siglo XX. Hay que someter su lenguaje, en todo caso, a un espíritu concreto para que ese lenguaje sea su vehículo de manifestación. Esto incluye la “espiritualización de la técnica” de la que hablaron Heidegger y Jünger. Es pasar a la etapa adulta de la modernidad.

Hace poco fuiste invitado por Luis Bazán a dar una conferencia a los alumnos del instituto Itaca. Cuéntanos tu experiencia. Por cierto, ¿te obsequió nuestro compañero con uno de sus famosos bolígrafos?

Sí, tengo ese bolígrafo y pienso en él como en una varita de mago. Fue muy gratificante, aun sabiendo que mi visita fue la de un espectro que se disuelve como la niebla sin dejar nada de sí. Fue, en primer lugar, agradable para mí pues me planteé la posibilidad del contacto con las generaciones nuevas. Les recomendé que desconfiaran de los programas oficiales y de todas las tutelas provenientes de los ministerios: que buscaran el conocimiento por sí mismos, ya que hoy poseen un arma de la que yo estaba desarmado: Internet. Como siempre, yo arrojo las redes: quién sabe qué pez encantado habrá sido atrapado por una palabra, una imagen, una actitud… Con que sean dos o uno, entre mil, es suficiente. No creo en las multitudes sino en las élites conscientes.

Filosofía, ensayo, poesía, cine…, ¿hay algo que todavía se te resista ?

Sin duda para mí sería imposible ahora acometer la escritura de una vasta trama novelística, al estilo de Guerra y Paz o Los Buddenbrook. Una interesante cuestión es si nuestro tiempo favorece este tipo de creación, aparte de las condiciones materiales de la vida acelerada y plena de exigencias utilitarias de cada uno, que siempre estorban para este tipo de proyectos. Por el momento he optado por el arriesgado camino de componer una vasta obra poética por medio de un armazón complejo, una arquitectura de ideas que se responden las unas a las otras, llena de figuras y formas que se equilibren mutuamente, un discurso filosófico con el lenguaje de imágenes y metáforas propio de la poesía lírica: esto es ROMA, y sobre todo EPÍSTOLA DESDE CIMERIA.

En tus obras optas por encadenar pensamientos, unir tus reflexiones a los versos y capturar al lector para que de alguna manera participe en tu trabajo, como así quedó patente en “Roma” y en “Epístola desde Cimeria”. Está claro que prefieres la implicación a la contemplación, ¿me equivoco?

ROMA es un libro más contemplativo, pues en él prima la presencia luminosa del mundo. EPÍSTOLA DESDE CIMERIA, obra más reflexiva, por su propio carácter epistolar es una exhortación directa al lector, una interpelación apremiante, en especial hacia los lectores jóvenes de mi generación: tengo 34 años, por tanto hacia todos aquellos que tengan esa edad o cinco años más o menos.

La contemplación es útil si sirve a principios más amplios que la mera apropiación cognitiva del mundo, por ejemplo si es ascesis proyectada hacia la transformación interior del ser. Valoro mucho la imagen y la captación de las presencias visuales del devenir por medio de la metáfora: esas presencias son símbolos de la realidad invisible. Lamento mucho que en la poesía de hoy no haya lugar para el pensamiento (y demasiado para los sentidos), ni para ser capaz de un discurso lírico razonado, sostenido a lo largo de un texto extenso, construido y elocuente. He intentado crear con mis dos libros poéticos publicados por el momento, obras monumentales, enteras, mundos amplios que se sostengan por sí mismos de forma unitaria rehuyendo la fragmentación del poemario convencional. Un vasto discurso lírico-épico, cercano a la composición sinfónica.

Sé original y nombra un poeta innombrable.

Stefan George.


Sin ambages, bajo ese aspecto de ángel manierista, ¿se esconde un lobo estepario?

El lobo es mi animal totémico. Nací, astrológicamente, bajo el signo del león. El león es la parte que le corresponde al destino, la forma inmutable… el ángel de mi nombre es la máscara de mi caminar mundano… el lobo es la parte que le toca a mi voluntad y mi elección. El sentir de ese lobo estepario, del de Hesse, y no sólo de éste sino el de cualquier desconocido con el que nos cruzamos, puede estar resumido en un pasaje de la última página de EPÍSTOLA DESDE CIMERIA: “Llegará un día, a partir del cual, esto será posible: que el desconocido con el que os crucéis por la calle, quizás lleve en su interior el reino invisible.”

angel_sobreviela_21

POÉTICA, por Ángel Sobreviela:

El lenguaje poético se basa para mí en la imagen y la metáfora.  Esto quiere decir que incide en la capacidad directa de ver y de interpretar con más fuerza que cualquier otra forma de discurso escrito, como pueda ser la narración o el ensayo. Pero quien alcanza el dominio de imagen y metáfora, creando un poema o asimilándolo como lector (acto igualmente creativo), al ser capaz de ver e interpretar, percibirá que le ha sido concedido un determinado grado de poder. Una mayor intensidad en la contemplación y en la interpretación de los vínculos entre conceptos, imágenes y símbolos, nos tornará más poderosos. Esto significa que la más intensa literatura, la poesía, es capaz de transformar la realidad y por tanto no tiene ningún derecho a ser menos rigurosa, exigente y ambiciosa que la novela o la filosofía. Poetizar la realidad era la aspiración de Novalis, y es sin duda el primer paso para transformar esa realidad, para actuar en la historia de forma efectiva. En el ámbito contemplativo, la poesía es “alquimia del verbo”, como escribió Rimbaud, esto es, magia operativa; en el ámbito de la acción, es el bronco bramido del olifante, del cuerno de guerra que antecede al gesto físico, que convoca a los héroes o los arroja al combate.

Una de las raíces de lo poético es la épica, y el deseo de crear una epopeya de nuestros días, para nuestra época, con el lenguaje y las experiencias dolorosas de este tiempo, ha sido uno de mis objetivos. Mi ideal es una poesía que no sea expresión meramente individualista, ni una colección de estados de ánimo, sino un instrumento de conocimiento y apropiación del mundo y de la cultura, una forma de vivir en la historia y de experimentar la cultura como savia viva circulante… Un arma eficaz para heredar la Tierra.

ADAMAS

(Una visión)

poema inédito

“Feliz quien se halle lejos de tales acontecimientos.”

NOSTRADAMUS.

“Yo había crecido como una cepa sin tutor (…) Sentía que en todas partes me faltaba algo, y sin embargo no lograba encontrar mi meta. Así fue como él me encontró. (…) ‘Sé como él’, me dijo Adamas, cogiéndome de la mano y extendiéndola hacia el dios.”

HÖLDERLIN, Hiperión

Un día volverán los malos tiempos.

Sobre la casa del tejado arrancado

cantará al nuevo día un gallo negro,

cual veleta herrumbrosa en el viento infecto.

Serán días espantosos.

Entre sí, hasta la muerte, lucharán los poetas.

Los pasos volverán al camino recorrido

hasta la tumba de los niños suicidados.

Feliz quien se halle lejos de tales acontecimientos.

El misterio del mundo, por sí mismo,

se encerrará entre murallas de angustia

y la Belleza se fruncirá como una flor de acero.

El poeta entonces llega hasta el bosque calcinado,

recibe la llamada muerta

que penetra en su pecho vacío.

Inclinado se acerca, las manos le tiemblan,

desnudo se recuesta sobre la humeante ceniza.

Los días pasan sobre su cuerpo rígido

y las estrellas le niegan sus secretos

al amante afligido que no puede dormir sus ojos.

El lamento de las mil madres,

de la derrota de la Tierra,

se eleva de las ciudades

teñidas del gris verdoso de las épocas de prueba.

Ahora soy soldado en guerra,

movilizado con el cielo y la poesía en mi contra.

He castrado a mi superior

y he perdido mis botas al cruzar el río.

Sobre mí se derrama el sueño inquieto,

jamás envidiado y profundo del desertor;

bajo la voz de las ramas negruzcas que me hablan

de ejércitos anónimos de todas las épocas

que se escabullen como animales saeteados

por esta inconmovible región.

La verdadera patria, sin reproches,

se desploma invisible desde el cielo nocturno,

inasible en su desconocer, y soy feliz,

en el fondo, al ver caer en llamas

las ciudades que abandoné

sacudiéndome su polvo de mis botas de verdugo.

Siento ahora la hierba sobre mis labios,

brotando de las carnes laceradas

y de las entreabiertas bocas, con dientes intactos y puros

de hermanos tan abandonados como yo.

Al fondo del cuadro, una incandescencia blanca

precede al día desde el pozo irisado

en el que se bañan y mueren las promesas de los soberanos.

Los poetas lucharán entre sí hasta morir.

¿Pero qué prodigio de la suerte

conduce de nuevo a mi lado a mi Adamas?

¿Es posible que tu nombre querido

no haya sido tachado de esta página rasgada

en la que se escribe nuestra ignominia,

nuestra total ausencia de clarividencia

trazada por la mano temblorosa de la vergüenza?

De nuevo me sonríes como un nuevo sol

que calienta mi pecho herido.

Me señalas los nuevos brotes,

la promesa de los amados muertos

entre las obstinadas raíces que se aferran.

Adán-Adamas, rígido brazo diamantino…

Se abren ya ojos (me aseguras

que en tus viajes los has visto),

entre aquellos que se giran hacia nuestro horizonte

y quieren ser como nosotros,

y correr por playa

empujados por la brisa,

desnudos,

sabiendo que todos nuestros amores

(los que merece la pena amar)

los encierra este abrazo del Océano.

Y ya no soñamos.

Nos miran celosos de nuestro abrazo,

del pesaroso amor que nos reúne,

probado en el miedo y el abandono,

y que se eleva sobre la rabia de estos días.

ROMA, poema en prosa

(Fragmentos)

IV

Dos años. Dos años de nada.

Dos senos alabastrinos florecen junto al río. ¿Quién hará crecer alas a mi espíritu? Más allá de toda flaqueza, más allá de toda tierra, hacia el cielo de la fragilidad.

El sudario verde de la penumbra sobre la ciudad, rasgado con lentitud por la caricia del alba. La fascinación de todos los días. La fascinación de ver nacer la luz cada día tras la ventana extranjera. El calor emocionante del cuarto, corazón que comienza a palpitar. Abiertas las ventanas. El aire niño, con su risa fresca agitando banderas, sacude sus rizos bañados en el perfume del primer día de la Creación. La luz acude de nuevo a posarse en las frentes atormentadas de los atlantes del palazzo. La vida comienza hoy y en Roma.

Voy en tu búsqueda, mi Eurídice. Abandono el lecho, salado de lágrimas de plenitud. Recorreré las calles y plazas de mi ciudad. El dédalo de la mañana me aguarda. Te llamaré, tu nombre gritaré por palacios y ruinas, junto a fuentes, junto a sucias esquinas meadas. Buscaré tu corazón ahogado en las ondas del Tíber.

¡Oh sur de mis sures! Las sombras de la ciudad, cada uno de sus ángulos, oscuros en la mañana, rugen en tu honor.

El poeta, con el torso desnudo, se apoya en la ventana.

¿De qué se ríe Medusa? Con sangre en la boca y rosas derretidas en las manos, danza sobre el sol aplastado contra el suelo de la piazza.

Se ríe de mis pesadas manos de piedra, ríe del camino del sol hacia su lecho de espuma rosácea. Mientras aguarda la noche para peinar sus serpientes con dedos de esqueleto.

De EPÍSTOLA DESDE CIMERIA (Huerga & Fierro, 2008)

(Del canto XIII):

(…)

Una multitud acompaña a cada hombre.

Llegamos a la plaza: nuestros muertos abuelos ven ángeles donde nosotros palomas. De noche, ven abrirse la flor de nuestro dolor; y con ojos que ya nunca se cierran, contemplan la sangre que no pueden restañar.

Desde las profundidades clamamos, donde permanecemos abandonados a nuestras palabras y discursos, a su veneno clavado en nuestras venas y del que no podemos huir. Palabras que discurren por tuberías y alcantarillas, que suben y bajan y siempre vuelven, y se nos enroscan como serpientes a cada paso incierto.

Pero en algún lugar, bajo el asfalto, está el manantial.

Un invierno llega a un paisaje y todo puede cambiar. Y la esfera se cierra, como una onda de agua fría, deslumbrante, que se curva sobre sí misma y se mantiene así, aferrando sus átomos.

Que se eleven las aguas en el aire inmóvil. Que suceda lo que ha sido deseado una y otra vez, pagado con sangre prematura en el confín del mundo… con la entrega del cuerpo sobre la palma abierta de la vasta mano del mar… con el tiempo pacientemente escrito sobre la carne, en la inmovilidad y la ignorancia de una celda que era amada.

CURRÍCULUM BIOBLIOGRÁFICO:

Ángel Sobreviela nació el 28 de Julio de 1974 en Zaragoza. Estudió Historia del Arte, y justamente al final de sus estudios y muy influido por ellos escribió ROMA, Poema en prosa, obra publicada por Olifante en Mayo del 2008. Posteriormente escribió EPÍSTOLA DESDE CIMERIA (publicada en Huerga y Fierro editores/Poesía, Diciembre del 2007) donde proseguía en la línea del poema largo iniciada con ROMA…una concepción del poema como discurso lírico y reflexivo prolongado, invitando al lector a entrar a vivir en el libro e instalarse en él, abandonando la dispersión de la habitual noción de poemario.

La clave del trabajo de Ángel Sobreviela es el constante diálogo con la herencia cultural, y la confrontación de tal herencia con el mundo moderno y con un porvenir crítico ante el que se impone una nueva conciencia de la responsabilidad que debe asumir la personalidad culta. Esta idea de herencia y tradición es fundamentalmente artística en ROMA… espiritual, filosófica e histórica en EPÍSTOLA DESDE CIMERIA. Del mismo modo, las artes plásticas tienen su protagonismo como referencia y evocación en el primer libro… la música, el pensamiento, y la vivencia personal de la historia, en el segundo. La poesía es el lenguaje que fusiona todos estos elementos y les otorga una voz común.

Ángel Sobreviela es también reciente narrador, y también ensayista, autor de varios trabajos inéditos en el área de la reflexión crítica del presente. Se ha interesado también por el mundo del cine, de lo que es muestra su libro dedicado al cineasta ruso Andrei Tarkovski: ANDREI TARKOVSKI: DE LA NARRACIÓN A LA POESÍA (Fancy Ediciones, 2003).

Libros publicados:

- “ANDREI TARKOVSKI: DE LA NARRACIÓN A LA POESÍA”. Publicado por FANCY EDICIONES en el 2003.

- “EPÍSTOLA DESDE CIMERIA”. Publicado por Huerga y Fierro editores / Poesía, en Diciembre del 2007.

-  “ROMA”. Publicado en Olifante, Ediciones de Poesía, en Mayo del 2008.

Algunas conferencias:

- REVELACIÓN Y DESAFÍO (Palabras sobre Tarkovski). Universidad de Zaragoza, 2003. Publicada en la web “www.andreitarkovski.org“.

- LA POESÍA FÍLMICA EN TARKOVSKI (Una senda abierta en el último arte). Biblioteca de Aragón, 2004.  Publicada en la web “www.andreitarkovski.org“.

- STEFAN GEORGE. (Sobre el poeta de dicho nombre). Biblioteca de Aragón, 2006.

- INÉDITOS E INAUDITOS: GABRIELE D’ANNUNZIO (1863-1938), participación con el colectivo ESPOLETA, Enero del 2009. Publicada en http://www.aaescritores.com/users/aae/blog/?p=872

OTROS DATOS:

-          Una experiencia de animación cultural: participación en la organización y actos del homenaje al cineasta Andrei Tarkovski, realizado en la Universidad de Zaragoza en Noviembre del 2003.

-          Participación en el libreto que acompaña la edición de lujo de la película Sacrificio, de Andrei Tarkovski, en DVD. Editada por CAMEO y WANDA FILMS, en el 2006.

Artículos de Manuel Martínez Forega acerca de Ángel Sobreviela:

http://forega.wordpress.com/2008/10/25/angel-sobreviela-epistola-desde-cimeria/

http://www.aaescritores.com/users/aae/blog/?p=421

En el blog de Antón Castro:

http://antoncastro.blogia.com/2008/060103-fragmentos-de-roma-de-angel-sobreviela.php

http://antoncastro.blogia.com/2008/090603-angel-sobreviela-poemas-y-proyectos.php

Publicado en Asociados, Entrevistas, Personaje del mes, Quienes somos | 3 Comentarios »

MÍCHEL SUÑÉN: Personaje del mes

Publicado por Angelica en Marzo 17th 2009

michelsu

El personaje del mes: Míchel Suñén por Míchel Suñén
Entre recreos en el patio y meriendas de nocilla, con doce años terminé mi ópera prima: Convocatoria para matar, un sucedáneo de novela criminal que anticipaba mi destino literario y que, sorprendentemente o no, a mi abuela le encantó. Desde entonces me carteé cuanto pude, escribí poemas silenciados y transformé la letra de cientos de canciones, al tiempo que leía mucho, porque la literatura siempre fue, y sigue siendo, el chupete que me calma.
En 1990, con veinte años cumplidos y como consecuencia de una lesión deportiva, comencé a escribir relatos en una gacetilla llamada Mercurio, primero bajo el seudónimo ‘Ligacuentos cruzados’ y después como ‘El Nene’. Eran historias de humor, mordaces, descaradas, que mezclaban la realidad y la ficción sin dejar que la verdad arruinara una noticia. En 1992 recibí, por estos textos, una distinción literaria.
Posteriormente colaboré varios años con el periódico juvenil Noticias Jóvenes, firmando la columna mensual ‘Desde el malecón’.
Poco a poco empecé a ocupar mi tiempo libre escribiendo algún relato y de hecho, en 1997, me animé a enviar uno de ellos al XVI Concurso de Relatos Ciudad de Zaragoza: El velocista, que así se titulaba, fue premiado con publicación, lo cual me animó a seguir desarrollando mi actividad literaria.
En octubre del 98 vio la luz El horizonte desde el malecón, una historia de amor, vicio y corrupción bajo el cielo único del Caribe dominicano, inspirada en una experiencia viajera personal.
Poco después fue publicada Si Muerte muriera… (abril de 1999), una reflexión vital y esperanzadora sobre nuestra condición de mortales, narrada como un cuento en el cual Muerte, la protagonista, decide abandonar sus ocupaciones. Casualmente este argumento inspiró también, años más tarde, una de las creaciones (Las Intermitencias de la Muerte) del Premio Nobel de Literatura José Saramago.
La excelente acogida dispensada a Si Muerte… por el público, silenciosa pero constante, agilizó la publicación de ¿Quién sigue a Alguien? (octubre de 2000), otro cuento filosófico para adultos, de 170 páginas, que narraba el peligroso viaje de Alguien hacia la Tierra Iluminada, alegoría de la felicidad.
Por aquel entonces, una importante oportunidad profesional me obligó a reemplazar mi plácida y enriquecedora actividad docente por otra incomparablemente más agitada, aunque no menos enriquecedora, profesión de creativo publicitario. La adaptación fue exigente; también me casé y tuve el primer hijo, así que aplacé temporalmente mi carrera literaria, si bien continué escribiendo relatos y participando, esporádicamente, en muy pocos concursos.
En 2003, me sonrió de nuevo la fortuna en el Ciudad de Zaragoza: el relato Sami, ambientado en la Laponia finlandesa —la cual no he visitado nunca— obtuvo el primer accésit, quedando por detrás de una obra del escritor nicaragüense Guillermo Goussen.
En mayo de 2004, requerido por mis lectores más cercanos e impacientes, publiqué Estertores de un seductor. Memorias de un donjuán en horas bajas, un libro experimental sobre la seducción, el destino y la conquista humana.
Un año después, la editorial Certeza decidió incluir Nacieron desnudos en su colección Cantela de relatos cortos. El volumen recogía, junto a El velocista y Sami, mis cuentos El vendedor de chistes, Fiesta extrema, La tengo que matar, ¿Dónde está Sara?, Máxima audiencia, Miedo y Mongol. Publicar por vez primera en una editorial aragonesa me permitió acercarme al mundillo literario de mi comunidad y darme a conocer a la crítica y a los demás autores.
Inesperadamente, una idea se apodera entonces de mi creatividad y me impulsa a iniciar la redacción de una novela negra, género que, hasta ese momento, sólo había abordado tangencialmente en algún que otro relato y, de un modo anecdótico, en el pseudolibro que escribí con doce años. La profanación de la basílica del Pilar y la consiguiente conspiración internacional que amenaza Zaragoza dio lugar a Diábolo, novela publicada en noviembre de 2006 con la cual alcancé un inesperado, y significativo, éxito de público. Con esta obra descubrí, además, un género creativo fascinante con el que disfruto especialmente.
La redacción de Látex, publicada en junio de 2008, me llevó a adentrarme en la mente de un psicópata sexual y de su víctima, planteando un intenso thriller psicológico de intriga sobre deseos prohibidos, vidas secretas y amores peligrosos.
Más recientemente, el 16 de febrero pasado, presenté mi primer ensayo: Cómo enamorar hablando en público, un manual de consulta rápida sobre comunicación oral basado en mi experiencia como comunicador y profesor de oratoria. Un tributo sincero a una disciplina profesional con la que disfruté muchísimo y a la que todavía, de vez en cuando, dedico parte de mi tiempo cuando los anunciantes y los libros no lo impiden.
Previamente, en febrero de 2006, me asocié con Dani Ezquerra para crear Zúmmum, una agencia de publicidad muy diferente, sustancialmente centrada en la creatividad y la estrategia. En ella he abordado interesantísimos proyectos que combinan la creación publicitaria y literaria, como dirigir Trapamundi, la revista de El Atrapamundos, y los contenidos creativos de su página web; o la colección de relatos cortos sobre viajeros ‘Pasaporte de Lectura’ —de la cual también fui autor del primer número: El batidor de destinos—. Ahora mismo, además, estamos desarrollando una novedosa colección de libros infantiles ilustrados, que verá la luz después de Semana Santa.
Volviendo al terreno estrictamente literario, colaboro desde hace un par de años con la revista bimestral IDN Día y Noche, y estoy a punto de finalizar la labor de documentación para mi próxima novela: una intriga sobre desapariciones con atmósfera gótica, en la que pretendo reinventar (deconstruir, que diría un chef de lujo) los clásicos de terror de la Hammer: Drácula, Frankenstein, el Hombre Lobo… En ello estoy. Con ganas de comenzar a escribirla muy, muy pronto.

Entrevista a Míchel Suñén

Por Angélica Morales.

¿Qué significa para ti escribir?

Escribir significa intensidad, satisfacción, trabajo, expresión y crecimiento. Es para mí una necesidad vital inaplazable, una marca al agua en mi carácter que me impulsa a ser quien soy, a comprenderme, a ofrecerme a los demás en cada texto. Es, al mismo tiempo, obligación y hobby, necesidad y capricho, esencia y complemento de mi personalidad.
No debo obviar, por otra parte, que en mi profesión de publicista escribir significa inmediatez, persuasión, impacto y resultado; constituye un oficio fascinante —o asfixiante, según las circunstancias— donde la creatividad expresa otros mensajes no tan personales, por anónimos, aunque más notorios por su difusión mediática.
¿Resumiendo? En mi caso, escribir es sinónimo de vida.

¿Cuáles son tus fuentes de inspiración?

Me inspira cuanto me rodea: la calle, los sucesos, los telediarios, la gente que conozco, la que me gustaría conocer, los libros leídos, las películas, las conversaciones… La realidad supera permanentemente a la ficción, y la imaginación procede siempre del recuerdo. Es imposible inventar, por ejemplo, un unicornio sin las imágenes previas del cuerno y el caballo. Así que me dedico a acumular estímulos, experiencias e impactos personales que más tarde selecciono, cultivo, altero y combino de un modo personal en mis novelas, volcando a la ficción, en una gran mentira dirigida, ese cóctel de pequeñas realidades escogidas.

Diábolo ha sido un éxito de ventas, ¿qué supuso para ti?, ¿te abrió muchas puertas?

Sentí el éxito de Diábolo como una recompensa a un trabajo literario honesto, continuo y entregado. Igual que en 2003 el accésit a Sami, supuso desde luego un espaldarazo emocional en ese maratón por el desierto que afronta el escritor en sus comienzos. Viví el tirón de ventas con naturalidad, serenidad y lógica satisfacción. Y más que con responsabilidad añadida, abordé la redacción de Látex con optimismo: Diábolo era una novela absolutamente fiel a mi estilo literario, a mis motivaciones y gustos personales, así que no me iba a resultar difícil añadir a Látex esos mismos ingredientes.
¿Qué puertas me abrió? En primer lugar, la de los medios de comunicación que, impactados por la temática del libro, convirtieron en noticia el lanzamiento. Y como un lector hace lectores, más personas comenzaron a leerme; en consecuencia, nuevos editores, agentes y distribuidores me dedicaron su atención, lo cual me abrió una puerta importantísima: la del ánimo tranquilo. Contar con un editor de confianza, volcado en mi trabajo, y disponer de alternativas añadidas, permite al escritor centrarse en su auténtica tarea: crear buenas historias.
Porque esas primeras puertas que abre el éxito se cierran enseguida, salvo que lo impida el buen trabajo.

¿Por qué ese empeño en situar los misterios en ciudades tan reconocibles como Zaragoza, Madrid o Barcelona?

La génesis misma de Diábolo procede de esta idea: ¿qué pasaría si ambientara en mi ciudad una conspiración internacional, un intriga transcontinental de esas que pueblan thriller y best-seller de todos los países? ¿Qué pasaría si la Basílica del Pilar resultara profanada?
Todas las personas, los países, las ciudades, son potencialmente literarios si se eligen bien sus rasgos y se presentan adecuadamente. Novelar en esos sitios emocionalmente cercanos, olvidados por el circuito editorial más comercial, es un rasgo de mi estilo. Me siento bien haciéndolo, y me permite activar en el lector un valioso mecanismo de interés: la identificación. Muchos lectores me cuentan que a veces sienten inquietud al pasear de noche, en Zaragoza, por determinados escenarios de mis novelas; de hecho, han comenzado a sentir su entorno de otro modo. Son testimonios agradables para mí, porque constatan que ese libro ha trascendido el mero pasatiempo de lectura y ha calado en su afectividad, cobrando vida en ellos y reactivándose, día tras día, en esa mismas calles noveladas que transitan.

Además de crear, asesoras a los escritores en cuanto a técnicas orales se refiere. ¿Tiene algo de comediante Míchel Suñén?

He sido profesor de oratoria durante años y, de vez en cuando, todavía imparto cursos sobre comunicación oral. Pero el método que empleo no se basa en la interpretación sino en la naturalidad: el objetivo es aprender a ser uno mismo ante un auditorio más numeroso, y diferente, al habitual. Así que no creo tener un gen de comediante más acusado de lo normal, al menos no más que cualquier otro fabulador o inventacuentos del planeta.


Has escrito relatos y novelas, ¿dónde te sientes más cómodo?

Me siento a gusto en ambos géneros, si bien me considero novelista. La novela implica mayor intensidad, continuidad y una dedicación permanente; de hecho, absorbe la intimidad, saquea la conciencia y somete la voluntad temporalmente. Resulta, pues, embriagadora, camaleónica y vital. Quizá por ello siento que es, en realidad, mi hábitat creador más natural: siempre tengo alguna en la cabeza, creciendo junto a mí en fase embrionaria, de documentación o siendo redactada.
Suelo emplear los relatos para llenar vacíos de escritura. Su redacción es, en mi caso, más rápida e instintiva, directa, menos absorbente. Me sirven, sobre todo, para mantener activo, entre novelas, el pulso creativo.

¿Qué tiene que hacer un autor aragonés para que los editores se fijen en él? ¿Crees que hay que pagar por publicar?

Un autor, con independencia de su procedencia, ha de escribir siempre con honestidad y fidelidad a su estilo: es el único camino para conquistar el interés del auténtico editor, que es la antesala del público. Hay que armarse, por ello, de paciencia y trabajo, llamar a puertas, sufrir más de un portazo y perseverar de modo infatigable. Porque la oportunidad, cuando llega, sólo la aprovecha quien está verdaderamente preparado. Y la preparación del escritor que no ha recorrido la aridez de este desierto no es completa.
¿Pagar por publicar? Existen otros métodos, pero es una decisión personal que puede resultar útil si se integra en una estrategia sólida, bien elaborada, de proyección personal. Publicar por publicar, sin más trasfondo, engorda el ego y mengua el prestigio. Hay que ser, en definitiva, extremadamente selectivo.

Acabas de sacar a la luz un nuevo libro: Cómo enamorar hablando en público y, después del amor, ¿qué planes tiene Míchel Suñén?

Cómo enamorar hablando en público es un manual de consulta rápida para oradores principiantes y experimentados, el cual escribí hace un par de años. Tras aplazar su publicación por cuestiones editoriales, está teniendo ahora una buena acogida en Aragón y, según parece, ha despertado mucho interés en Latinoamérica donde, a tenor de la reacción de los distribuidores, el editor prevé un gran éxito. Ojalá no se equivoque. Pero yo estoy trabajando ya en otra novela. Una nueva intriga sobre desapariciones, de atmósfera gótica, menos local y urbana que las anteriores, donde pretendo reinventar los mitos clásicos de terror: Drácula, Frankenstein, la Momia, el Hombre Lobo… Estoy a punto de finalizar la laboriosa etapa de documentación y, salvo imprevistos, confío en iniciar su redacción antes de Semana Santa.

Comparte con nosotros tus autores preferidos.

Mis autores clásicos favoritos son, junto a los Salgari y Dumas de mi infancia, Kafka, Baudelaire, Chejov y Dostoyevski. De los escritores de novela negra actual me gusta especialmente John Katzenbach, así como Alex Kava y, más allá del fenómeno literario generado, Stieg Larsson.

¿Con qué sueña una joven promesa de la literatura?

Sueño con personajes fascinantes, sobrecogedores malvados, escenarios únicos y atmósferas fantásticas. Sueño con acrecentar la magia, seguir fiel a mi estilo y mantener el entusiasmo. Deseo, además, seguir ganando el favor de más lectores, no defraudar a ninguno, y hacerlos palpitar con cada creación. No sueño con un futuro literario definido, con grandes editoriales, premios consagrados ni éxitos mayúsculos. Cada historia, cada libro es importante en sí mismo; lo demás sólo son sus consecuencias.
Prefiero recordar, por tanto, al niño soñador que, hinchándose de tiempo, soñó que era escritor y descubrió que, para serlo, resultaba imprescindible estar despierto.

Un relato inédito de Míchel Suñén:

michel_sunen_nasreem

La ofrenda de Nasreem
Enseres Personales, nº 1 · abril 07
Míchel Suñén

NASREEM está agotada. Tras dos horas de espera, sus profundos ojos negros no saben qué mirar. La jaula de alambre que rodea el muro es claustrofóbica, hace calor y huele a muchedumbre. Está cansada y tiene hambre, pero no se mueve. Mamá, que está preciosa con el sari rojo de las celebraciones, asegura que en el templo les darán lentejas, arroz y patatas. Las últimas palabras del abuelo la atormentan una y otra vez: «Los ojos del Señor Venkateswara están tapados, porque su mirada devastaría el mundo». Todavía está intranquila, pese a la inmediata respuesta de su madre: «El ídolo tiene tantas flores que no se ven sus pies. Y te concederá el deseo que le pidas». Después llegó papá con el remolque y emprendieron el viaje. Los bueyes resistieron sin problemas hasta Tirupati; la niña hindú se
quedó dormida mucho antes, pese al permanente traqueteo.
Al ver el templo, Nasreem dejó escapar un gritito de sorpresa, pero lo que de verdad la cautivó fue ver tanto pelado
junto. Mares de calvas de uno y otro sexo se mezclaban a gran velocidad con espesas matas de cabello oscuro. Pensó que la divinidad había hecho dos bandos en aquel lugar. Su ánimo pasó de la incredulidad a la sonrisa antes de llegar a la inquietud. El abrazo de mamá, el reconfortante contacto de sus manos rugosas, la animó a hacer la pregunta:
—¿Por qué hay tantos calvos?
—La tonsura simboliza ofrecimiento y postración a la divinidad. Han entregado su cabello a Venkateswara y vuelven a sus casas. Nosotros también vamos a hacerlo. La pureza y calidad de tu cabello será muy del agrado de los dioses.
Horas después, durante la comida, uno de los veinticinco mil visitantes diarios de Balaji afirmó que los empleados del templo recogían los mechones y los vendían para hacer pelucas. Sus padres lo miraron con recelo, Nasreem no se atrevió a preguntar.
La chica dejó en el templo su posesión más preciada. Mientras participaba con sus progenitores en los baños rituales y hacía otra cola de seis horas para venerar al ídolo, sus cabellos fueron vendidos al mejor postor, quien abasteció de postizos y extensiones a todos los mercados.
Durante el viaje de vuelta, Nasreem se acostumbró al nuevo aspecto de sus padres. Sus calvas resplandecían bajo el sol igual que luminarias divinas, así que se entretuvo jugando a formar brillos. Poco antes de llegar se acarició otra vez la calva, disfrutó el divertido cosquilleo y se preguntó quién podía ser tan desgraciado para necesitar una peluca hecha con su pelo.

Relato original e inédito para El Atrapamundos. · www.zaragoza-ciudad.com/michelsunen
Fotografía niña: Arturo Castán · Fotografía autor: Daniel Salvador

Publicado en Asociados, Entrevistas, Personaje del mes, Quienes somos | Sin Comentarios »

FRANCHO NAGORE: Personaje del mes

Publicado por Angelica en Febrero 13th 2009

Estimados socios:

El equipo de coordinación del blog ha creído conveniente volver a instaurar la sección del “Personaje del Mes“. Sin duda es la excusa perfecta para que los socios den a conocer su obra, sus andanzas y sus futuros proyectos.

El autor elegido para inaugurar dicha sección no es otro que Francho Nagore Laín. Escritor, lingüista, profesor universitario y un gran experto en lengua y literatura en aragonés. Un escritor, además, con una larga y fructífera trayectoria a cuestas.

Os animamos a ser los siguientes en ocupar este espacio. Para ello enviad un mensaje al correo de Angélica Morales (que encontraréis en la pestaña de información del blog).  ¿A qué esperáis?

francho_nagore

Francho Nagore (foto: Vicente Plana)

Semblanza literaria

Comencé a escribir poemas a los quince o dieciséis años, supongo que como todo el mundo, en esos años en que las ansias de libertad, la rebeldía naciente y los sentimientos de melancolía eran los ingredientes que se mezclaban en un cóctel favorecedor de incipientes iniciativas literarias, y especialmente poéticas.

Los primeros poemas sueltos, probatinas de muy dudosa calidad, los escribí en castellano. Pero muy pronto mi interés por la lengua aragonesa hizo que intentara escribir solo en aragonés. Y no solo la poesía, sino cualquier otra cosa: notas, apuntes, el diario,… Con ese esfuerzo intentaba conseguir dominar la lengua, mejorar el estilo y acostumbrarme a pensar en aragonés. Así que pronto olvidé el castellano como lengua literaria, para dedicarme únicamente al aragonés a partir de los 18 o 19 años. Como anécdota, puedo decir que hubo un pequeño y circunstancial paréntesis algunos años después, en una época en que estaba realizando el servicio militar: se convocó un premio literario y otro de pintura para el personal del cuartel, que competía con el de otros cuarteles. Como es lógico, los mandos querían que hubiera mucha participación y para fomentarla ofrencieron permisos (creo recordar que de una semana ) a aquellos que se animaran a participar. Yo participé tanto en el concurso de pintura como en el literario, naturalmente en castellano, lo que me sirvió para disfrutar de sendos permisos.

Yo no tengo el aragonés como lengua materna, pero puedo decir que he oído el aragonés desde niño y que algunas palabras aragonesas la he empleado desde pequeño. Había oído hablar en aragonés cheso algunas veces, entre los 10 y los 17 años de edad, cuando hacíamos alguna escapada a Ziresa (oficialmente Siresa) y a Echo (oficialmente Hecho) con ocasión de los campamentos veraniegos en Oza, a donde íbamos todos los años con el colegio de los Jesuitas. Por otra parte, siendo mi madre de Zaragoza y mi padre de Pamplona, en mi casa se empleaban habitualmente algunas palabras que resultaban raras hablando en castellano en Guipúzcoa, donde vivíamos. Así, por ejemplo, era normal en mi casa emplear palabras aragonesas como jadico, pozal, fiemo, encorrer, sunsir y otras de ese estilo. Y a mi se me escapaban. Más de una vez algún interlocutor me preguntó qué quería decir cuando las empleaba. Empecé a caer en la cuenta de que yo no hablaba como los demás: empleaba un castellano muy particular, trufado de aragonesismos.

No solo de mi madre, sino también de mi abuela materna, aprendí palabras aragonesas, sobre todo en algunos veranos que pasé con ella en la torre de Garrapinillos. Fue ella la que me comentó que antes era usual que bajaran del Alto Aragón dalladores (así me lo dijo) a trabajar en pueblos de la ribera del Ebro en la época de la cosecha, a principios del verano. Y también a Garrapinillos bajaban, en especial antes de la guerra. Y esos dalladores eran los que más palabras aragonesas empleaban. Incluso algunos hablaban de tal manera que era difícil entenderlos, porque eran muy cerrados. Aquello yo lo relacioné con las pocas conversaciones que había oído en aragonés en Echo. Y también con las que pocos años después escuchaba a menudo en el valle de Gistau (Chistau), pues a finales de los años 60 y comienzos de los 70 solíamos pasar todos los veranos unos días en Plan. Eso hizo que conociera el aragonés del valle de Chistau, el chistabín, y tamién el aragonés de zonas próximas, como el belsetán (de Bielsa).

Así, pues, iba viendo de forma evidente que la densidad de vocabulario aragonés era mayor en el Alto Aragón. Pero no solo eso: además del vocabulario, parecía que había unos rasgos gramaticales propios, porque no eran explicables si no ciertas conjugaciones de verbos, ciertas partículas, ciertos determinantes. y giros específicos. Mi interés por todo esto fue creciendo y me llevó a consultar bibliografía.

En 1968 comencé a estudiar Filosofía y Letras en Mundáiz (San Sebastián), en lo que luego sería el Campus de la Universidad de Deusto en la capital donostiarra. De 1969, entonces yo tenía dieciocho años, datan mis primeros ensayos de poemas en aragonés, como “Canta d’agüerro” o “Pineta”, que luego se publicaron en Sospiros de l’aire (1971), primerísimo y prematuro libro.

Por medio de algunos libros empecé a conocer la obra de algunos escritores en aragonés cheso, especialemente Domingo Miral y Veremundo Méndez. Por medio de otros libros conocí estudios lingüísticos realizados por ingleses, como Elcock, o alemanes, como Kuhn, Krüger, Wilmes, Rohlfs, y me di cuenta de que el aragonés cheso no era una modalidad lingüística aislada, sino que en todo el Pirineo aragonés y en el Prepirineo y en los Somontanos, llegando hasta, hasta las Cinco Villas altas, la Violada y la estribaciones de los Monegros, se conservaban formas modernas de hablar el aragonés que, más o menos castellanizadas o más o menos puras, se podían considerar continuadoras del aragonés medieval.

Ese fue otro descubrimiento: el aragonés medieval escrito en los siglos XIII, XIV y XV. Pude darme cuenta de que en aragonés se habían escrito a lo largo de la Edad Media importantes tratados jurídicos, crónicas históricas y multitud de documentos notariales, así como traducciones del griego y de otras lenguas. Con el tiempo llegaría a hacer mi tesis doctoral sobre la versión aragonesa de la Crónica de San Juan de la Peña, una de las más importantes Crónicas de los Reyes de la Corona de Aragón, escrita por Pedro IV el Ceremonioso con la ayuda de unos cuantos colaboradores en la segunda mitad del siglo XIV.

A partir de aquí me pregunté qué es lo que había ocurrido para que una lengua culta, escrita por reyes, notarios, juristas e historiadores, se hubiera convertido con el paso de los siglos en formas habladas de tipo familiar consideradas generalmente por la gente como vulgares o poco elegantes y además constreñidas a los territorios del tercio septentrional de Aragón.

Todo mi empeño se encaminó, a partir de entonces, a restituir esa dignidad perdida al aragonés. Y consideré que la mejor manera de hacerlo era escribiendo en esa lengua despreciada por una gran parte de los aragoneses (a veces por ignorancia, a veces por prejuicios). Hoy sigo creyendo que es la mejor manera de dignificarla. Pero no solamente eso: cultivar literariamente la lengua aragonesa es la única manera de enriquecerla, de dotarla de mayores posibilidades de expresión, de sistematizarla y normativizarla desde el punto de vista gramatical. Es decir: de dotarla de una potencialidad para comunicar y para expresar cualquier cosa, por compleja que sea. Y solo de esa manera es posible hacerla útil. Y por lo tanto conservarla: utilizándola. Lo que se utiliza es útil: y si no lo es suficientemente, llegará a serlo por medio de la propia utilización.

En 1972 me trasladé a la Universidad de Zaragoza, donde en 1973 terminé mis estudios en la rama de Filología Románica (sección Hispánica) y en 1975 leí mi tesis de Licenciatura sobre el aragonés de Panticosa (Valle de Tena). En estos años me había formado en Filología pero también había tenido oportunidad de conocer algunas variedades de aragonés: desde al ansotano hasta el benasqués, pasando por el bajorribagorzano, el somontanero o el ayerbense. Y sobre todo el aragonés tensino, que donde se conservaba mejor era en Panticosa (Pandicosa), igual que hoy. Todo eso me aportó una base mucho más sólida de la que tenía hasta entonces y me permitió escribir un libro como Cutiano agüerro (‘Constante otoño’, 1977), quizá el más logrado como conjunto unitario de poemas.

Fue también a mitad de los años setenta cuando el diario El Noticiero de Zaragoza me ofreció publicar una sección semanal con un curso de lengua aragonesa. En esos capítulos, convenientemente repasados y completados, está la base de la Gramática de la lengua aragonesa (1977), que tendría varias ediciones hasta la quinta (de 1989), última por ahora, totalmente renovada, que ponía los cimientos para la codificación y normativización de la lengua aragonesa como idioma moderno y unitario (si bien con una concepción diasistemática, es decir, de sistema de sistemas).

Mi tercer libro de poesía, Purnas en a zenisa (‘Chispas en la ceniza’, 1984), es el más combativo y, aunque profundiza en aspectos ya desarrollados en Cutiano agüerro, como es el paso del tiempo y la renovación de la vida que surge de la muerte del otoño, introduce nuevas metáforas continuadas sobre el fuego, la purificación y la catarsis que supone, pero también la relación entre lenguas de fuego y lenguas habladas, y la fuerza y energía que pueden desarrollar las pocas chispas que guarda el rescoldo o que se esconden entre las cenizas.

Entre 1988 y 1991 me dediqué de lleno a destripar, estudiar y analizar el texto de la versión aragonesa de la Crónica de San Juan de la Peña o Coronicas de los senyores reyes d’Aragon (s. XIV), sobre el que realicé la tesis doctoral, que leí en Vitoria (Universidad de País Vasco, Facultad de Filología y Geografía) en enero de 1992, Esto me permitió profundizar a conciencia el estudio del aragonés medieval, que es necesario conocer bien, además del aragonés moderno (en sus diversas variedades dialectales), para tener una visión panóramica completa, de conjunto, de la lengua aragonesa. Como consecuencia de la tesis doctoral nació el libro El aragonés del siglo XIV según el texto de la Crónica de San Juan de la Peña (2003), que con sus 655 páginas es sin duda la obra mía de mayor empeño y envergadura.

Mi cuarto libro de poesía, Baxo a molsa (‘Bajo el musgo’, 1999) es el más reposado, también el más maduro. Y creo que el más perfecto en cuanto a lengua, pues el aragonés literario común que en él se emplea está ya muy alquitarado, como consecuencia de las experiencias literarias previas y de los conocimientos que me han ido proporcionando los estudios sobre diversos aspectos (variedades dialectales modernas, aragonés medieval, escritores locales, textos del siglo XIX, léxico, literatura de tradición oral, gramática, etc.).

No solo he publicado poesía en aragonés: también algunas narraciones. Pueden verse, por ejemplo, “Mareya baxa” (en Nuei de tiedas, 1999), o “Pedregada en o tozal” (en Branquil d’a Cerdanya. Relatos del Pirineo, 2007). E incluso ensayo. No ensayo literario, sino ensayo en el sentido de prosa científica. Es el caso de Os territorios lingüisticos en Aragón (2001), libro que trata de cuestiones de geografía lingüística y de sociolingüística, y que por cierto me parece muy de actualidad y muy recomendable en estos tiempos en que tanto se habla de la Ley de Lenguas de Aragón y tan poco se hace de verdad al respecto.

Hace ya unos dieciocho años (¡Dios, cómo pasa el tiempo!) publiqué en la revista Fuellas (número 76 , de marzo-abril de 1990, pp. 16-17) un largo párrafo de dos páginas (no hay ningún punto hasta el punto final) en el que explicaba por qué escribo en aragonés. Aquello que decía entonces en aragonés sigue siendo perfectamente válido, así que destacaré algunas de las ideas principales –solo algunas–, traduciéndolas al castellano.

La primera afirmación que hacía era: porque me gusta, porque me da la gana, porque ya hay mucha gente que escribe en otras lenguas. La segunda idea era: porque escribiendo en aragonés se apuntala la casa que desde hace años se está hundiendo. Y otras ideas, que salían a borbotones, una tras otra, eran, por ejemplo: porque escribiendo en aragonés podemos decir cosas que no se pueden decir en otros idiomas, porque el aragonés se lo debemos traspasar a nuestros hijos, no solamente vivo, sino enriquecido y mejorado; porque escribiendo en aragonés contribuimos a hacer de esta nuestra lengua una herramienta mejor y más perfecta; porque escribir en aragonés es crear doblemente: literariamente, pero también lingüísticamente, porque no tienes más remedio que hacer al mismo tiempo una labor de restauración, de recreación, crontribuyendo, con otros escritores al perfeccionamiento de esa lengua literaria escrita, de tipo general, interdialectal y culta. Porque es como si te adentraras en una selva en la que tienes que ir buscando los escasos caminos y construyendo nuevas veredas, haciendo camino mientras caminas. Y eso no es fácil, pero sí muy hermoso.

La escritura, y en particular la escritura poética, es para mí una forma específica de conocimiento, en la que tienen mucho que ver la intuición, los sentimientos y la belleza, que permite captar cosas que no se pueden explicar por medio del conocimiento científico o filosófico. Bueno, pues a través de la escritura en aragonés también se puede llegar al conocimiento, y se puede tender hacia la perfección, y se puede intentar captar lo efímero, e incluso tratar de llegar a escribir lo inefable.

Por otro lado, escribir en aragonés es un arriesgado oficio en el que vas, escaso de mapas, por desfiladeros peligrosos, cercano siempre a la muerte que acecha tras aludes y desprendimientos. Muchos han dicho ya que el aragonés agoniza, que se está extiguiendo. La muerte acecha tras cualquier esquina. Pero lo hermoso, y lo emocionante, es sobreponerse a eso y seguir hacia delante, empujando todos juntos y cuantos más mejor, porque es imposible –impensable– detenerse, porque quien se detiene empieza a morir. Por eso, porque si escribimos en aragonés, y cada vez lo hace más gente, y cada día lo hace mejor –porque precisamente escribiendo se va perfeccionando la lengua–, más fuerte será el presente y por tanto el futuro. No hay mejor, ni mayor, reivindicación del aragonés que hablarlo y escribirlo en todos los momentos (ni tampoco mejor demostración de su vida plena).

Por todo esto, y por muchas otras cosas (remito al artículo en aragonés citado, donde pueden verse algunas ideas más) escribo. Y escribo poesía. Y escribo en aragonés. Por si no ha quedado claro, diré para terminar que para mí escribir es sinónimo de escribir en aragonés. Y es inseparable de vivir, porque las vivencias conforman la literatura al mismo tiempo que las creaciones literarias crean nuevos ámbitos, nuevos territorios, nuevas vidas. Y de su interrelación nace una dinámica imparable, rica y hermosa.

En definitiva, con Seifert, me gustaría recoger en mis versos “toda la belleza del mundo”. Pero quiero hacerlo en aragonés, en un aragonés cada día más perfecto, intentando acoplar la perfección de la lengua a la belleza del mundo que esta expresa.

En ese búsqueda publiqué Sospiros de l’aire en 1971, ¡hace ya tanto tiempo!, Cutiano agüerro en 1977, Purnas en a zenisa en 1984 y Baxo a molsa en 1999. Y escribí otros libros de poesía que hoy, quien sabe por qué, siguen inéditos y no sé si algún día se publicarán. Otros libros están formándose o irán cuajando con los materiales poéticos que de vez en cuando voy garrapateando –menos a menudo de lo que desearía–, y recopilando, poco a poco, pero sin parar del todo. Siento que cada vez dedico menos tiempo a la escritura poética y en cambio me roban cada vez más tiempo el estudio, las clases, la prosa periodística o ensayística, los informes, las correcciones de pruebas,… Bueno, ¡qué le vamos a hacer!

Huesca, 3 de febrero de 2009

Francho Nagore Laín

zurriola_francho

Monte Zurriola (de: http://ketari.nirudia.com/ )

AS ONDAS TRAYEBAN UN RECOSIRO AZUL

Tu, que beyés capuzar-se

baxo as ondas

os cuerpos chóbens

de os mesaches,

arreguindo á o zielo

ubierto d’o Cantabríco.

Tu, que beyés esbolastriar

sobre as ondas

os cuerpos áchils e fortals

de as mesachas

esbarizando-sen en a escuma

ristolera d’a Zurriola.

Nunca no podrás olbidar

ixa color azul profunda

de as ondas,

ni ixa salobrenca sapia

que traye l’aire

dende o mar en zelo.

Ni milenta caracolas marinas

te trayerán ya más

o sonido fondo

d’o mar puyando sobre a placha

en a tardada grisa

emplita de gabiotas.

Porque o preto azul

cabalgando sobre l’aire

t’encapinó bel día

e dende allora

tu enduras

un furo recosiro.

Uesca, febrero de 2007

Francho Nagore Laín


ENTREVISTA A FRANCHO NAGORE

Por Angélica Morales

– Francho, ¿cómo fue tu incursión en la literatura?

Supongo que todo el mundo escribe algún poema (o seudopoema, o protopoema) a los quince años. No sé si ahora, pero por lo menos antes creo que era bastante habitual. Bueno, pues así empecé yo. Primero en castellano; luego, enseguida, en aragonés, pues surgió un gran interés en mí por la lengua aragonesa. Mis primeros poemas en aragonés están datados en 1969.

– ¿Dónde te encuentras más a gusto: en el ensayo, poesía, relato…?

Sin duda en la poesía: ahí me encuentro como pez en el agua. Es como si me resultara algo natural, espontáneo. Mis vivencias, mis percepciones, incluso a veces mis razonamientos, los relaciono a menudo con la poesía y encuentran fácilmente acomodo en mis poemas. En el ensayo también me siento cómodo, quizá por costumbre, y puede ser que también por contaminación profesional: el ser profesor creo que condiciona en esto bastante.

– Tus autores preferidos. Nómbranos alguno que te haya marcado.

En castellano, Juan Ramón Jiménez, Cernuda, Aleixandre, Neruda. Y Octavio Paz, y Ángel Crespo. En gallego, Celso Emilio Ferreiro. En vasco, Gabriel Aresti. En catalán, Salvador Espriu. En francés, Verlaine, Paul Éluard, Paul Valéry. En portugués, Fernando Pessoa, Eugénio de Andrade, Sophia de Mello. En italiano, Ungaretti. De los aragoneses, Miguel Labordeta.

– ¿Cómo ves el futuro de la literatura en aragonés? ¿Ha aumentado el número de lectores en los últimos años?

El futuro de la literatura en aragonés es complicado, como la propia supervivencia de la lengua. Sin embargo, me atrevería a decir –quizá exagerando un poco– que en los últimos años casi se escribe en aragonés más que se habla. Y por supuesto, en estos momentos, hay muchos lectores de libros en aragonés para el número tan pequeño de hablantes. Esto puede resultar increíble, pero me parece que es así: hay gente que no habla habitualmente en aragonés, pero que compra libros en aragonés, que se supone que lee. Y en cambio, me atrevería a decir que algunos (o bastantes) hablantes tradicionales de aragonés no han leído nunca un libro en aragonés. Los neohablantes practicantes son más bien pocos, pero muy comprometidos, así que suelen leer bastantes de las novedades en aragonés que se van publicando. En resumen, creo que ha aumentado el número de lectores en los últimos años. Tampoco estamos hablando de grandes cifras: si los aragonesohablantes son (contando tanto activos como pasivos) entre 18.000 y 25.000, aproximadamente, los lectores habituales de libros en aragonés deben de estar entre los 3.000 y 5.000, como mucho. La proporción es buena, pero de forma absoluta resulta una cantidad muy reducida.

– Háblanos del mundo editorial aragonés. ¿Se cuida la edición de libros en aragonés?

Hay pocas editoriales que se dediquen a publicar en aragonés. Quizá la única que lo hace de forma prioritaria, y prácticamente exclusiva, es Publicazions d’o Consello d’a Fabla Aragonesa. En los años 80 esta era la editorial que publicaba alrededor del 70 % de los libros en aragonés. El resto, ciertas instituciones o asociaciones como: DGA, REA o IEA. En los años 90 se da una mayor diversificación, pues además de las anteriores publican otras asociaciones y sobre todo surgen algunas editoriales no ligadas a asociaciones que empiezan a publicar en aragonés. Primero fue Gara d’edizions, que publicaba sobre todo traducciones de obras clásicas; más adelante, Xordica editorial, que publicaba obras originales en aragonés. En lo que llevamos de la primera década del siglo XXI vemos que se sigue produciendo diversificación, porque han comenzado a publicar otras asociaciones, algunas entidades locales, etc. Pero se observa un cierto parón en esas editoriales de Zaragoza que he citado, que últimamente se dedican más a publicar estudios sobre el aragonés que obras en aragonés. La media de libros (títulos distintos) publicados anualmente está entre 15 y 20 (solo algunos años se superan los 20 libros). Esto se mantiene así desde finales de los 90, por lo que parece que se ha llegado a una barrera difícil de superar. Las tiradas son pequeñas, de entre 500 y 1000 ejemplares, y generalmente se trata de libros de bolsillo en rústica. Casi siempre se intenta editar evitando al máximo gastos superfluos, lo cual no quiere decir que no se cuiden las ediciones. Pero en general son sencillas. Por supuesto, hay algunas excepciones.

– Con sinceridad, Francho ¿es fácil aprender el aragonés?

Creo que sí. Como todas las lenguas románicas. Cualquiera que parta de una lengua románica y quiera aprender otra, lo tiene bastante fácil (quizá con la excepción del francés, del rumano y del romanche, que son un poco más complicadas). Incluso hay cierta intercomprensión: por ejemplo, entre italiano, occitano, catalán, castellano, asturiano, gallego y portugués. Pues de la misma manera ocurre con el aragonés, que se encuentra entre el castellano, el occitano y el catalán. Para cualquier hablante de estas lenguas es muy fácil acceder al aragonés y vicerversa. De ahí también lo interesante que es conocer bien alguna lengua románica, además de la propia: eso facilita mucho el aprendizaje de otras. Por ejemplo, si además del castellano conoces bien el aragonés, es más fácil aprender catalán, occitano, francés o italiano. Para un aprendizaje elemental del aragonés es suficiente un curso de un año; ahora bien, para una profundización, es necesario un año más. Y por supuesto, esta formación inicial siempre hay que completarla con la práctica, con lecturas, etc. a lo largo de toda la vida. Una lengua no se termina de aprender nunca. Quizá la mayor dificultad para aprender el aragonés es la semejanza con el castellano y los “falsos hermanos”: eso general una excesiva confianza que resulta dañina para el aprendizaje. Otro error bastante habitual es creer –precisamente porque es tan “fácil”– que se puede aprender aragonés sin estudiar y sin practicar. Claro, eso es imposible.

– Y por último, cítanos autores en aragonés que ya sean un clásico y otros que despunten como jóvenes promesas.

En primer lugar hay que mencionar algunos autores en aragonés dialectal, ya fallecidos, pero que suponen la base de la literatura moderna en aragonés. Así, cabe destacar en aragonés cheso como poeta a Veremundo Méndez y como narrador a Chusé Coarasa. En aragonés ribagorzano, a Pablo Recio. Y en aragonés del Somontano, a Pedro Arnal Cavero y a Chuana Coscujuela, ambos narradores. Pero hay autores vivos que ya se pueden considerar como clásicos. Por ejemplo, en aragonés cheso, Rosario Ustáriz; en aragonés chistabín, Nieus Luzía Dueso Lascorz; y en aragonés común, Ánchel Conte, Eduardo Vicente de Vera o Chusé Inazio Nabarro. Entre los más jóvenes yo destacaría en aragonés común a Carlos Diest, Roberto Cortés, Ana Giménez Betrán, Carmina Paraíso. En aragonés ribagorzano, Ana Tena. En aragonés altorribagorzano (benasqués), Carmen Castán. Y en literatura infantil, Zésar Biec Arbués. Pero hay muchos más: estoy seguro de que algunos de los que no he citado nos depararán en pocos años obras importantes.

Muchas gracias, Francho, por tu colaboración y el esfuerzo que has realizado. Esperamos ver pronto tus reseñas y tu obra aquí, en el blog de la AAE..

Francho NAGORE LAÍN

BREVE CURRICULUM

• Nacido en Zaragoza en 1951. Reside en Huesca desde 1977. Casado con Mª Teresa Estabén Laguía, tienen tres hijos (dos chicas y un chico).

• Licenciado en Filología Románica (sección hispánicas) por la Universidad de Zaragoza (1973).

• Doctor en Filología Románica por la Universidad del País Vasco (1992).

• Desde 1988 Profesor Titular de E. U. del Departamento de Lingüística General e Hispánica de la Universidad de Zaragoza, ejerciendo su actividad en el Campus de Huesca: como profesor de “Lengua Española”, primeramente, y luego de “Filología Aragonesa”, “Morfosintaxis del Español” y “Fonética y Fonología Españolas” en la E. U. de Magisterio (desde noviembre de 2001, Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación) y como profesor de “Técnicas de comunicación” y “Lenguaje Administrativo” en la E. U. de Estudios Empresariales. Desde 2005 imparte también la asignatura “Lengua y Literatura en Aragón” en la Licenciatura de Humanidades. Desde octubre de 2007 Profesor Titular de Universidad.

• Director Técnico de la Escuela de Turismo de Huesca (1980-1986).

• Director de la Escuela Universitaria de Estudios Empresariales de Huesca desde febrero de 1993 hasta febrero de 1997. Desde 1996 Director de la Revista de Gestión Pública y Privada, que publica ese centro universitario.

• Presidente del Consello d’a Fabla Aragonesa desde 1978 hasta junio de 2004. Director de las revistas en aragonés Fuellas d’informazión d’o Consello d’a Fabla Aragonesa [bimestral, desde1978] y Luenga & fablas [anual, desde 1997]. Desde 2004, responsable de Publicaciones del Consello d’a Fabla Aragonesa. Presidente del Consello Asesor de l’Aragonés desde su constitución el 10 de junio de 2000.

• Vicepresidente de la Association Internationale pour la Défense des Langues et Cultures Menacées (A.I.D.L.C.M.) desde julio de 1997.

• Director desde 1985 hasta febrero de 2005 del Área de Lengua y Literatura del Instituto de Estudios Altoaragoneses (I.E.A.). Miembro del Consejo de Redacción de la revista de filología Alazet, que publica dicho Instituto. Director, en el mismo Instituto, del Proyecto de investigación lexicográfica “Tresoro d’a Luenga Aragonesa”, comenzado en octubre de 1997, para la constitución de una base de datos permanentemente actualizada del léxico del aragonés. Vicedirector del Instituto de Estudios Altoaragoneses desde febrero de 2000 hasta noviembre de 2008. Desde noviembre de 2008 nuevamente Director del Área de Lengua y Literatura del IEA.

• Coordinador de la sección “Lenguas” de la Gran Enciclopedia Aragonesa (dirigida por el Dr. D. Eloy Fernández Clemente, Zaragoza, UNALI, 12 tomos, 1980-1982, más cuatro apéndices, 1983, 1987, 1997 y 2001).

• La tesis doctoral, dirigida por el Dr. D. Ricardo Cierbide, fue defendida en enero de 1992 en la Facultad de Filología de la Universidad del País Vasco, en Vitoria-Gasteiz, con el título de: Contribución al estudio del aragonés usual en la prosa histórico-narrativa del siglo XIV. Estudio lingüístico de la versión aragonesa de la Crónica de San Juan de la Peña.

• Reconocimientos: Diciembre de 2000, Monzón: Reconocimiento-Homenaje de la Feria del Libro Aragonés de Monzón. Julio de 2005, Zaragoza: Medalla de Oro de Santa Isabel, otorgada por la Diputación Provincial de Zaragoza. Noviembre de 2007: Miembro del Comité de Honor del Rolde de Estudios Aragoneses.

Principales publicaciones:

a) Libros de creación literaria (poesía en aragonés):

Sospiros de l’aire (”Suspiros del aire”), Zaragoza: Cazar, 1971.

Cutiano agüerro (”Constante otoño”), Luesia: Porvivir Independiente, 1977.

Purnas en a zenisa (”Chispas en la ceniza”), Huesca: Pucofara, 1984.

Baxo a molsa (”Bajo el musgo”), Zaragoza: Xordica, 1999.

b) Libros de estudios, ensayo e investigación:

Gramática de la lengua aragonesa, Zaragoza, ed. Librería General, 1977; 5ª ed., Mira editores, 1989. 347 págs.

El aragonés de Panticosa. Gramática. Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 1986. 241 págs.

• En colaboración con Ánchel Conte, Chesús Vázquez Obrador y otros: El aragonés: identidad y problemática de una lengua, Zaragoza, ed. Librería General, 1977; 2ª ed., 1979. 166 págs.

• En colaboración con Chesús L. Gimeno: El aragonés hoy. Informe sobre la situación actual de la lengua aragonesa, Huesca, Publicazions d’o Consello d’a Fabla Aragonesa, 1989. 119 págs.

• Autor principal (con la colaboración de los becarios de investigación Antón Eito, Liena Palacios y Pilar Puig) de Fuens lesicograficas de l’aragonés, Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 1998; 63 págs.

Bibliografía sobre aragonés y catalán, lenguas minoritarias de Aragón. Zaragoza, Consello d’a Chobentú d’Aragón, 1999; 40 págs.

• Coordinador: Endize de bocables de l’aragonés seguntes os repertorios lesicos de l’Alto Aragón. 4 volúmenes. Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 1999; 1912 págs.

Os territorios lingüisticos en Aragón, Zaragoza, Publicaciones del Rolde de Estudios Aragoneses, 2001; 200 págs.

El aragonés del siglo XIV según el texto de la Crónica de San Juan de la Peña. Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses (con la colaboración de la Institución “Fernando el Católico” y Prensas Universitarias de Zaragoza), 2003; 655 págs.

c) Otros estudios de carácter general:

• “Literatura en aragonés en o sieglo XX”, en V Jornadas de Cultura Altoaragonesa, Instituto de Estudios Altoaragoneses, Huesca, 1986, pp. 69-106.

• “Enta una didautica ta l’aragonés”, Fuellas d’informazión d’o Consello d’a Fabla Aragonesa, núm. 66-67 (chulio-otubre 1988), pp. 14-23.

• “Fuentes y metodología para el estudio del aragonés”, en Metodología de la Investigación Científica sobre fuentes aragonesas, núm. 7, Instituto de Ciencias de la Educación, Universidad de Zaragoza, 1992, pp. 35-121.

• “Los occitanismos en aragonés: inventario provisional”, en R. Cierbide y E. Ramos (eds.), Actes du IV Congrès International de l’AIEO (Association Internationale d’Etudes Occitanes) [Vitoria-Gasteiz, 22-28 août 1993], Vitoria-Gasteiz,1994, tomo II, pp. 851-886.

• “Los occitanismos en aragonés”, Alazet, revista de filología, núm. 6 (Huesca, 1994), pp. 119-173.

• “El turismo y la lengua aragonesa”, Revista de Gestión Pública y Privada, 2 (1997), pp. 185-200.

• “Pervivencia y recuperación de la lengua aragonesa a finales del s. XX. Algunos datos y anotaciones”, Estudios Bercianos, núm. 24 (Ponferrada, mayo de 1998), pp. 48-72.

• “La situación sociolingüística del aragonés”, en Un món de llengües. Actes de les V-IX Jornades de Sociolingüística de La Nucía (Marina Baixa), a cura de María Antonia Cano, Josep Martines, Vicent Martines, Alcoi, ed. Marfil, 1998, pp. 197-218.

• “Diversidad lingüística y variedad poética en Aragón”, en A. Pérez Lasheras y A. Saldaña, El desierto sacudido. Actas del curso «Poesía aragonesa contemporánea», Zaragoza, Gobierno de Aragón, 1998, pp. 363-384.

• “O aragonés”, en Fernández Rei, Francisco, y Santamarina Fernández, Antón, Estudios de Sociolingüística Románica. Linguas e variedades minorizadas. Universidade de Santiago de Compostela, 1999, pp. 155-212.

• “La lengua aragonesa y la política lingüística en la Comunidad Autónoma de Aragón (España)”, Boletín de la Universidad Lingüística de Piatigorsk, Centro Norcaucasiano de Estudios Sociolingüísticos (Piatigorsk, Rusia), nº 4 / 2000, pp. 14-20.

• “Bocables aragoneses en A través del Somontano Altoaragonés, de Salvador María de Ayerbe”, en Homenaje a Rafael Andolz, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 2000, pp. 527-573.

• “La conjugación verbal compuesta en aragonés medieval”, Alazet, 13 (2001), pp. 65-88.

• “Los Pirineos: un nexo de unión entre el occitano y el aragonés”, Revista de Filología Románica, 18 (2001), pp. 261-296.

• “Notas para una caracterización lingüística del aragonés”, Caplletra, 32 (2002), pp. 13-33.

• “La situation sociolinguistique de l’aragonais”, en H. Boyer et Ch. Lagarde (directeurs), L’Espagne et ses langues. Un modèle écolinguistique? Paris, L’Harmattan, 2002, pp. 169-186.

• “La llengua aragonesa: entre l’extinció i la normativització”, en M. A Pradilla Cardona (coord.), Calidoscopi lingüístic. Un debat entorn de les llengües de l’Estat. Barcelona, Octaedro, 2004, pp. 215-244.

• “La situación legal de las lenguas en Aragón con especial referencia al aragonés”, en Quo Vadis Romania? - Zeitschrift für eine aktuelle Romanistik, núm. 23 (Universität Wien, Institut für Romanistik, 2004), pp. 72-91.

• “Algunas relaciones entre la lengua aragonesa y la lengua vasca”, en Jimeno Aranguren, Roldán, y López-Mugartza Iriarte, Juan Carlos (eds.), Vascuence y romance: Ebro-Garona, un espacio de comunicación, Pamplona, Gobierno de Navarra, Departamento de Educación, Dirección general de Universidades y Política Lingüística, 2004, pp. 279-305.

• “El aragonés y el catalán en Aragón”, en Shoji Bando y Takekazu Asaka (eds.), La diversidad de lenguas en España y Portugal, Tokio, editorial Dougakusha, 2005, pp. 167-181.

• “Peldaños en la normalización del aragonés entre 1974 y 2004: codificación, uso público, estatuto jurídico”, Revista de Gestión Pública y Privada, 10 (2005), pp. 165-197.

• “La política lingüística en la Comunidad Autónoma de Aragón en la década de 1996-2006”, en M. Doppelbauer y P. Cichon (eds.), La España multilingüe. Lenguas y políticas lingüísticas de España. Wien, Praesens Verlag, 2008, pp. 131-167.

• “El proceso modernizador del lenguaje administrativo español: hitos en su historia externa”, Revista de Llengua i Dret, 51 (2009), pp.

d) Ediciones de textos:

• José Gracia, Poemas. Notas de debán por Francho Nagore, Huesca, 1978.

• Cleto Torrodellas, Versos y romances en ribagorzano. Introduzión, estudio, notas y bocabulario por Francho Nagore, Huesca, Publicazions d’o Consello d’a Fabla Aragonesa, 1979; 2ª ed. ampliada, 1988.

Replega de testos en aragonés dialeutal de o sieglo XX (Materials ta lo estudio de l’aragonés popular moderno). Tomo I: ansotano, ayerbense, belsetán. Zaragoza, Diputación General de Aragón, 1987.

• (junto con Chesús Á. Giménez Arbués): “A pastorada d’Ayerbe. Edizión y estudio”, Luenga & fablas, lum. 2 (1998), pp. 79-117.

• (edición y anotaciones): “Chusé Gracia: primers poemas (1970-72)”, Luenga & fablas, 2 (1998), pp. 119-153.

• (edición y anotaciones): “Chusé Gracia: poemas de 1973”, Luenga & fablas, 3 (1999), pp. 57-82.

• (edición e introdución): Ignacio Almudévar Zamora, Retablo del Alto Aragón en el último cuarto del siglo XX (artículos, charlas y conferencias). Huesca, Instituto de Estudios Altoaraoneses, 2005; 440 págs.

• (recopilación y edición, en colaboración con Óscar Latas): Foratata. Antolochía de testos en aragonés de l’Alto Galligo. Huesca, Publicazions d’o Consello d’a Fabla Aragonesa, 2007; 181 págs.

e) Ediciones de estudios y obras lexicográficas:

• Estudio introducctorio de la edición facsímil del Ensayo de un diccionario aragonés - castellano (1836, 1853), de Mariano Peralta, Zaragoza, ed. Moncayo, 1986.

• Responsable de la edición de: Antonio Martínez Ruiz, Vocabulario básico bilingüe aragonés-castellano y castellano-aragonés, Huesca, Publicazions d’o Consello d’a Fabla Aragonesa, 1997; 740 págs.

• Coeditor (con Juan José Gil Cremades, Coral Seoane Vacas y Guillermo Vicente y Guerrero) de: La Configuración jurídico política del estado liberal en España. Actas del Congreso en conmemoración del segundo centenario del nacimiento de D. Alejandro Oliván (1796-1996). [Huesca, 12-13 de dic. de 1996], Huesca, Escuela Universitaria de Estudios Empresariales (Universidad de Zaragoza), 1997; 370 págs.

• Editor responsable (junto con Francho Rodés y Chesús Vázquez Obrador) de Estudios y Rechiras arredol d’a Luenga Aragonesa y a suya Literatura. Autas d’a I Trobada, Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 1999. 528 págs.

• Editor responsable (junto con Pilar Puig) de Luengas menazatas y nomalizazión. Actes du XVIIIéme Congrés International de l’Association Internationale pour la Défense des Langues et Cultures Menacées (Huesca, julio de 1997), Huesca, Publicazions d’o Consello d’a Fabla Aragonesa, 1999. 181 págs.

Diccionario Aragonés (anónimo de principios del s. XIX). Edición, introducción y notas de Chesús Bernal y Francho Nagore. Zaragoza, Edizions de l’Astral, 1999. 143 (introducción crítica y trascripción) + 54 (reproducción facsímil) págs.

• Coordinador de: Homenaje a Rafael Andolz. Estudios sobre la cultura popular, la tradición y la lengua en Aragón. Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses - Instituto Aragonés de Antropología – Consello d’a Fabla Aragonesa, 2000. 688 págs.

• Editor responsable (junto con Francho Rodés y Chesús Vázquez Obrador) de Estudios y Rechiras arredol d’a Luenga Aragonesa y a suya Literatura. Autas d’a II Trobada, Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 2001. 448 págs.

• editor de Agliberto GARCÉS, Fraseología de habla popular aragonesa, Huesca, Publicazions d’o Consello d’a Fabla Aragonesa, 2002. 360 págs.

• Editor responsable de Estudios e Rechiras arredol d’a Luenga Aragonesa e a suya Literatura. Autas d’a III Trobada [Uesca, 2001], Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 2004. 460 págs.

f) Traducciones al aragonés:

• Paul Éluard, Liberté /Libertad / Libertá (ed. en francés / castellano / aragonés), Zaragoza, Publicaciones Porvivir Independiente, 1977.

• “Poemas de o poeta brasileño Ledo Ivo” (introduzión y traduzión de o portugués), Fuellas, núm. 91 (setiembre-otubre 1992), pp. 5-8.

• Ángel Crespo, Triga breu (1949-1995). Introduzión, triga y traduzión en aragonés por Francho Nagore, Huesca, Publicazions d’o Consello d’a Fabla Aragonesa (Colezión “Os fustez”, núm. 1), 1996. 188 págs.

• Ives Gourgaud, “L’aragonés y a clasificazión d’as luengas romanicas”, Luenga & fablas, núm. 1 (1997), pp. 11-17. Traducción del francés al aragonés. Título original: “L’aragonais et la classification des langues romans”. Ives Gourgaud, “Tipoloxía contrastiba d’as luengas d’o dominio ibero-romanico”, Luenga & fablas, núm. 2 (1998), pp. 19-25. Traducción del francés al aragonés. Título original: “Typologie contrastive des langues du domaine ibero-romaine”.

• Eugénio de Andrade, “Diez poemas cuentra ra escureldá”, Luenga & fablas, núm. 1 (1997), pp. 117-121. Traducción del portugués al aragonés. Título original: “Dez poemas contra a obscuridade”.

• Paul Valéry, O fosal marino (Le cimetière marin), Huesca, Publicazions d’o Consello d’a Fabla Aragonesa, 1998. 62 págs. Traducción del francés al aragonés.

• “Dos poemas d’Octavio Paz en luenga aragonesa”, Fuellas, 125 (mayo-chunio 1998), p. 20.

• Bentidós Salmos (traduzión en aragonés). Luenga & fablas, 3 (1999), pp. 77-90.

• “Bernat Dechepare: Kontrapas, Sautrela”. (nota introductoria y traducción del vasco). Luenga & fablas, 5-6 (2001-2002), pp. 157-163.

• “Ye tan curto l’amor e ye tan largo l’olbido”. Zinco poemas de Pablo Neruda (1904-1973). Omenache en o zentenario d’o suyo naximiento. [traducción de castellano al aragonés]. Fuellas, 164 (nobiembre-abiento 2004), pp. 23-25.

• Hèctor B. Moret, In nuce. Antologia poètica. Edició a cura d’Artur Quintana i d’Albert Roig. Traduccions a l’aragonès i al castellà de Francho Nagore. Calaceit, Lo Trull, 2004; 134 págs. Traducción del original en catalán al aragonés y al castellano.

• (nota introductoria y traducción del portugués al aragonés): “In memoriam. Nueu poemas d’Eugénio de Andrade (1923-2005)”, Fuellas, 168-169 (chulio-otubre 2005), pp. 24-26.

• (nota introductoria y traducción del castellano al aragonés): “Doze poemas de J. R. Jiménez. En o zincuanteno cabo d’año d’a suya muerte”, Fuellas, 188 (nobiembre-abiento 2008), pp. 12-14.

Huesca, enero de 2008

Publicado en AAEscritores, Asociados, Entrevistas, Literatura en Aragonés, Personaje del mes | Sin Comentarios »