Asociación Aragonesa de Escritores

Decididamente a la difusión de la lectura y el libro.

Archivo para 'Personaje del mes' Categoría


Carolina Molina. Personaje invitado del mes.

Publicado por Angelica en Junio 18th 2010

carolina-molina

ENTREVISTA A CAROLINA MOLINA POR ANGÉLICA MORALES.

A Carolina Molina le gusta el color azul, la ciudad de Granada y los versos de Federico García Lorca. Desde niña sintió predilección por la escritura y poco a poco, y con gran esfuerzo, ha conseguido hacerse un nombre en el mundo de la literatura actual. Sus obras publicadas hasta el momento son “La luna sobre la Sabika”, “Mayrit entre las murallas”, “Sueños del Albaizín” y “Guardianes de la Alhambra”. Como periodista participa en las revistas literarias granadinas “El legado Andalusí” y “Entre Ríos”. También coordina la sección “Érase un cuento” del periódico digital “El Heraldo del Henares”, dirigido por Roberto Mangas.

Algunos escritores aragoneses ya han pasado por sus manos, por eso, desde la AAE nos ha parecido interesante dar a conocer la figura de Carolina Molina. Carolina es, sin duda, uno de esos seres extraordinarios que, sin esperar nada a cambio, siempre le facilitan a uno el camino. La escritora madrileña, con la amabilidad que le caracteriza, nos ha concedido esta entrevista para el blog.

Gracias, Carolina, por abrir puertas a los autores que empiezan.

Contacto:

http://carolinamolina.blogspot.com/
http://guardianesdelaalhambra.blogspot.com/

¿Hay mucho cuentista entre nosotros? Cuéntenos algo que no sepamos sobre esos autores desconocidos que usted va descubriendo cada semana en la sección que coordina en el Heraldo del Henares de “Érase un cuento”.

España es un país de cuentistas. Tenemos una larga tradición oral y muy buenos escritores que se han dedicado por entero al género del cuento o que de forma esporádica nos han dejado pequeñas joyas de las que ahora disfrutamos. Mi experiencia en el Heraldo del Henares ha sido sorprendente, he conocido a cuentistas de distintas partes de España y de distintas generaciones. Aprendo de sus cuentos cada día. Y cada día también me lamento más de que el sector editorial no se arriesgue más con ellos. Todos ellos están unidos como una piña para defender el cuento. Yo creo que el cuentista es más vocacional que el novelista.

En su opinión, ¿el cuento está pasando por uno de sus mejores momentos?

Las editoriales siguen siendo reticentes a publicar cuentos. Por encima de la calidad del género prima el nombre del autor. Sin embargo sí observo que existen pequeños avances, sobre todo en las editoriales pequeñas. Quizás no sea el mejor momento de publicaciones de cuentos pero sí el mejor momento para la creatividad cuentista. Ahora tenemos la experiencia de la generación anterior a la que pertenece Merdardo Fraile, que ha sido tan generoso con nosotros en Heraldo del Henares y que es excepcional. Yo creo que ahora se es consciente de que todo cabe en el cuento y hay infinitas formas de contar una historia incluso con dos frases si fuera necesario.

Periodista, escritora y lorquiana, ¿por qué orden?

Primero fui novelista. Mi vocación literaria llegó pronto, con catorce años ya tenía muy claro que quería escribir y empecé con la novela y con la poesía (género que luego no he vuelto a tocar). A los diecisiete llegó García Lorca a mi vida y gracias a él descubrí un mundo fantástico que fue el teatro al que dediqué varios años. Finalmente decidí estudiar Periodismo. Aunque ser novelista, lorquiana y periodista parecen ser cosas incompatibles, a lo largo de los años he observado que todo me ha llevado a lo mismo, que es la novela histórica. El Periodismo me enseñó a documentarme, la disciplina diaria de escribir novela desde muy joven me ayudó a madurar las historias y finalmente Federico (García Lorca) me llevó a Granada, que es ahora mi segunda tierra. Ahora no comprendo mi vida sin ninguna de esas cosas.

¿Qué tienen los versos de Lorca que tanto cautivan?

Reflejan su personalidad y las vivencias de una tierra a la que amo.

Coqueteó en su juventud con la escritura dramática. ¿Se ha planteado volver a hacerlo?

El teatro fue parte de mi vida durante muchos años. Lo abandoné por la novela porque si el cuento es un género que vende poco el teatro vende aún menos. Pero mis novelas están pensadas teatralmente, con efectos teatrales. Pienso en las escenas como si fueran fotogramas de películas, quizás por eso priman en ellas el entretenimiento.

Confiesa en su biografía  que Jo March, uno de los personajes de “Mujercitas”, fue para usted un claro referente. ¿Qué permanece de Jo March en Carolina Molina?

Soy muy luchadora. Aunque reconozco que “casi” estuve a punto de tirar la toalla con la novela hace nueve años. Hubo un tiempo, aunque ahora no lo recordemos, en que no había Internet, no existía manera de relacionarte con otros escritores, las editoriales grandes acaparaban el mercado. Era prácticamente imposible superar los filtros que constantemente te ponen hasta llegar a publicar. Pero como Jo March tenía muy claro que quería escribir y luché hasta el final.

Háblenos de su última novela: “Los guardianes de la Alhambra”.

Es la historia de todas las personas, conocidas unas y anónimas otras, que guardaron el monumento de la Alhambra cuando éste estaba en ruinas y consiguieron restaurarlo y conservarlo. Entre los personajes más famosos se encuentra, por supuesto, Washington Irving y entre los anónimos el personaje central de la novela e invención mía, que es Manuel Cid. Que conservará el legado irvingiano cuando el escritor americano se haya ausentado de Granada.

Como gran defensora de la novela histórica seria, bien documentada , ¿cree que hay mucho autor-fraude dentro de esta categoría literaria?

Quizás el problema no se deba a los autores  sino a los editores que son a los que les interesa catalogar a sus novelas como históricas pues es el género más vendido. Con la novela histórica se tiene asegurado, al menos, una historia entretenida. El público busca los detalles anecdóticos de la historia y a veces se siente defraudado cuando lee una novela que no aporta esos datos.
 

¿Por qué piensa que tiene tanto tirón la novela histórica?

Por eso mismo, porque ofrece varias lecturas. Proporciona un marco imaginado al que te puedes transportar con facilidad y al tiempo aprendes hechos históricos reales. La novela histórica puede tener muchos subgéneros, puede enseñarte la vida cotidiana del siglo XIV o la vida de unos marineros en un buque del siglo XVIII…los temas de la novela histórica son infinitos.

Y centrándonos en su obra, ¿qué es lo que más le seduce a la hora de contar historias pasadas?

Casi siempre selecciono el momento histórico lo primero. Hay veces que documentándome para un libro surge un hecho o situación que despierta mi interés. Luego es cuestión de investigar ese momento, enlazar situaciones reales con las ficticias y añadirle unos personajes que ofrezcan otra historia más personal.

¿Qué proyectos literarios tiene en estos momentos entre manos?

Demasiados. Continúo la vida de Maximiliano Cid, descendiente del protagonista de Guardianes de la Alhambra. Tengo pendiente un proyecto muy querido que confío en que salga adelante sobre literatura infantil. En septiembre  espero que se reedite una nueva versión de La luna sobre La Sabika (mi primera novela) en la editorial Zumaya y por supuesto confío en poder seguir colaborando en esta editorial en su colección de narrativa, en la revista Entreríos de Granada y en la Sección Érase un cuento del periódico Heraldo del Henares o en la Biblioteca Imaginaria de Cristina Monteoliva. Tampoco descuidaré mis artículos periodísticos en diferentes revistas.  Eso es lo principal, pero siempre hay  más cosas.

¿Cree que los escritores hemos ido perdiendo imaginación a cambio de un  puesto en el mercado editorial?

Cuando firmas un contrato importante o ganas un premio importante dejas de ser todo lo libre que necesitarías ser para escribir. Pero es un círculo vicioso porque sin contratos y a veces, sin premios, en la literatura, no eres nadie. El mercado editorial es muy cruel con los escritores que empiezan y con los que intentan mantenerse. Y a veces te tienta el camino más fácil.

¿Qué le mueve a escribir?

La necesidad, la vocación, la inspiración…

¿La literatura aragonesa goza de buena salud?

A tenor de lo que he podido leer en la Sección del Heraldo del Henares no hay ninguna duda. Yo ya conocía a escritoras de novela histórica como Angeles de Irisarri, Magdalena Lasala o José Luis Corral, pero he de decir que ha sido todo un honor conocer a grandes escritores aragoneses o relacionados con Aragón como José Luis Gracia Mosteo, a Angélica Morales (ella bien lo sabe), a Miguel Mena, a Luis Borrás, a Antón Castro…en fin, personas de gran valía.

Y para finalizar, ¿conocía la Asociación Aragonesa de Escritores?

He de reconocer que no. Aunque gracias a los cuentistas y al Heraldo del Henares he podido saber de su labor y creo que hay que felicitarla porque asociaciones que defiendan e informan a los escritores no hay muchas. Y esto hay que fomentarlo.

Publicado en Personaje del mes | 3 Comentarios »

Inmaculada Marqueta, personaje del mes.

Publicado por Angelica en Mayo 21st 2010

inma-2

ENTREVISTA A INMACULADA MARQUETA

Por Angélica Morales.

¿Sigue siendo esa niña rebelde que jugaba al tirachinas?

Sí, sigo siendo bastante reaccionaria contra la injusticia y un poco feminista pero  no radical, aunque también soy bastante infantil y vivo un tanto absorbida en mi casa de muñecas.

Literariamente hablando, ¿la provocación vende?

Ya lo creo que vende, el público es lo que espera, sobre todo el morbo.

¿Qué le ha aportado la poesía?

La persona a la que más amo y mucho en  mi vida.

Cítenos algunos de sus autores favoritos.

Bécquer, Baudelaire, Benedetti, Antonio Machado, Lorca, Alberti, Paulo  Coelo,etc…

¿Cuál es ese libro que no leería jamás?

Creo que hay que leerlo todo , ya que todas las lecturas dejan un poso.

¿De qué carece la AAE? ¿Necesita unos azotes?

De momento yo no le pido más, La buena voluntad no puede ser maltratada. ¡ Ahora! si alguno de sus  miembros  es masoca…

Usted se atreve con el sadomasoquismo, ¿le falta sexo duro a la literatura?

Sí, a la convencional, ya que hay géneros específicos que tratan el sexo en cualquiera de sus formas más extensas.

Es vicepresidenta de la  Asociación Fuentes de la Mentira. Cuéntenos cómo empezó todo y qué actividades nos ofrece.

Me incorporé a ella cuando conocí a Miguel Ángel Marín Uriol, mi marido. Me engaño y ahora  trabajo más que él por la Asociación. Ofrecemos actividades que tengan que ver en su mayor parte con la poesía, aunque no olvidamos temas como la literatura, el arte, la música etc…

¿Cree que las mujeres tenemos la pluma más certera?

Creo que somos más imaginativas, sensibles y hasta maliciosas.

¿Qué meta se ha marcado en la literatura?

Ninguna, solamente me gusta escribir, relajarme  con ella y reirme a veces con lo que escribo, nada más.

Provóquenos con uno de sus versos…

Tu pene erecto
es un iris robado al paraíso

inma-1
Inmaculada Marqueta por Inmaculada Marqueta:

Nací el 27 de un loco mes de los gatos rozando los años 70, en la capital mañica.
Desde niña siempre fui contracorriente ya que en vez de jugar con muñecas yo me pasaba al bando de los chicos con la desesperación de mi madre y me dedicaba a jugar a churroba, las canicas, el taco y todos los demás juegos bestias de niños, como
 encorrer a las niñas con el tirachinas, pero con una salviedad, entonces yo me ponía en el bando de las chicas y les tiraba con el tirachinas a los chicos.
A los catorce años ya tonteaba con la poesía después de que me regalasen un libro de Becquér y quedar totalmente prendida por él.
Luego, al ir creciendo poco a poco, fui conociendo a diferentes poetas y tertulias y ellos me limaron y enseñaron a crecer como poeta y cuentista - ya que también escribo relatos cortos -
Actualmente soy la vicepresidenta de la Tertulia Fuentes de la Mentira con mi marido el poeta y escritor Miguel Ángel Marín Uriol.
Y tengo varios libros publicados.

POEMAS

POEMAS DE MI  LIBRO INÉDITO
 Espósame a tu potro
al potro de tortura
el potro de tu tortura
dame descargas eléctricas
amasa con tu boca mis testículos
muérdeme el pene
cuando bese tu garganta
hasta que se derrame en tu boca.

“ LA PERVERSIÓN DE EROS”
Tacón de aguja sobre mi espalda,
latigazos en mis nalgas,
pellizcos en mis pezones.
Necesito más de ti
“penétrame hasta
matarme de placer”.

Pégame hasta decir basta,
hasta que sangre de placer,
hasta que mis pezones rezume
                      tu semen
azótame, azótame y
                    gozaremos
un orgasmo infinito
que me lleve hasta la muerte,
                       pégame.
        …….

Aráñame en la espalda
hasta que salga  en mi piel
                        jirones.
Échame sal en las heridas
Y juguemos a la ruleta rusa.
Quema mis heridas
con tus tenacillas del pelo
y cada vez que su calor alcance mi espalda
la erección de mi pene
                     ascenderá
hasta alcanzar el cenit.

Publicado en Personaje del mes | Sin Comentarios »

Personaje del mes: Mª Pilar T. Callizo.

Publicado por Angelica en Abril 23rd 2010

callizo

Entrevista a Mª Pilar Callizo.

Por Angélica Morales.

Usted arrastra nombres encadenados, ¿con cuál de todos firma en sus libros?

 Con el primero, Mª. Pilar.

Es evidente que la proximidad del Moncayo ha influido en su literatura. ¿Qué hay que hacer para que la magia nos impregne?

 Mirar sus paisajes, oler sus aromas, escuchar su sonido… Y luego…, cerrar los ojos para que esa magia profundice en todos nuestros sentidos.

¿A qué huele un cuento?

 Cuando contemplas el rostro de un niño escuchando un cuento, huele a felicidad.

¿Qué historia está escribiendo en estos momentos?

 La de un niño y su tata…

Disculpe que no sea más explícita, pero ya sabe que a los escritores no nos gusta mucho desvelar nuestras historias, hasta que las vemos terminadas en nuestros folios; pues las “hadas” son muy juguetonas y las pueden llevar por otros derroteros…
 

¿Hay mucho cuentista en la literatura?

 Supongo que habrá alguno, como en las demás actividades humanas. Pero si los hay…, espero que sean más divertidos.
Complete la frase, por favor: “Dejar de ser niño es como…”

 …dejar de tener sueños.

Cítenos alguno de los autores que le han marcado

 Es sabido que la niñez es muy importante en la formación de la personalidad. Por lo tanto, los cuentos son básicos. Y, además,  Kipling (Libro de la Selva), Tagore, Dumas (Conde de Montecristo) y Bertol  Brecha, entre otros.
Su labor altruista es bien conocida, organizó junto a otros compañeros de la Asociación lecturas de cuentos en hospitales, destinados a los niños enfermos. Comparta con nosotros sus impresiones. ¿Repetirá el año próximo la experiencia?

 Gracias por su amabilidad.

 Pero decía Séneca, que la recompensa a una buena acción, es haberla hecho.

 El mérito de esta actividad, “Un cuento, una sonrisa”, lo tienen los niños; que nos regalan sonrisas, en unas tardes impregnadas de la fantasía de los cuentos. Y, también, muchas personas que hacen posible que pueda realizarse, como mis compañeros escritores, la AAE que organiza, el Hospital Universitario Miguel Servet, el Hospital Clínico Universitario “Lozano Blesa” y ASPANOA.

 Todos juntos, seguiremos haciendo el trueque de cambiar cuentos por sonrisas.

¿Qué se siente al hacer soñar a un niño?

 Se siente ser como  Peter Pan, cuando tenía pensamientos felices y podía volar.

La literatura infantil es su medio de expresión, pero también confiesa sentirse tentada por la poesía. ¿Cuándo se va a atrever a dar el paso?

 He publicado algunos poemas, en la revista Cántaro y Hierba, en momentos puntuales.

¿Sigue creyendo en historias imposibles a estas alturas de la vida?

 Sí.  Sigo creyendo en las “historias”. El hacerlas posibles o imposibles depende del talante de cada uno, de la educación, de cómo vemos y afrontamos el día a día.

Decía Roald Dahl: “El que no cree en la magia, nunca la encontrará”.
 ¿Qué le pide a las hadas buenas?. ¿Se imagina ganando un día de estos el premio “Barco de vapor”?

 Les pido que no haya desigualdad, que no haya violencia ni maltrato, que sigan saliendo el sol, la luna, las estrellas y el arco iris. Pero sin apartar los pies del suelo. Todos tenemos que trabajar y esforzarnos para ello.

 ¿Premio?… Nunca me lo he planteado. Pero ahora que me lo pregunta…, si alguna vez me lo concedieran…, sería estupendo.
Si tiene alguna reivindicación que hacerle a la AAE, ahora es el momento. Sea valiente

 Se están haciendo muchas actividades.

 La Junta y la Asamblea, escuchan las ideas nuevas que aportan los socios.

 Todo lleva  su tiempo…

 Sería interesante, dar a conocer a nuestros autores y nuestra literatura fuera de nuestra tierra,  con la colaboración de las Casas de Aragón.

Permítame un añadido, como colofón: “Y colorín, colorado…”.

Ha sido un placer.

 

Mª Pilar Callizo por Mª Pilar Callizo:

Nací en un pequeño pueblo de Aragón, situado en la falda de una preciosa montaña: nuestro Moncayo mágico, donde viven hadas y duendes y, alguna que otra bruja buena.

Bécquer vivió una temporada en Veruela, respirando el oxígeno de estos paisajes y se impregnó de su “duende”, dejándonos por escrito sus sensaciones.

En mi pueblo, vivieron dos excelentes escritores que tuve la suerte de conocer y estimar. Fueron felices en estos paisajes de colinas suaves, nevadas de almendros, con aromas de espliego, tomillo y romero. Paisajes alegres, de jota y vendimia; de olivares; de frutas jugosas; de huertos pequeños; de choperas frescas; de río, con nombre de mujer; de manantiales que las ninfas protegen… Bulbuente. El pueblo de Julio Alejandro Castro, de José Antonio Román. Mi pueblo.

Me llamo María del Pilar Teresa de Jesús Callizo  Jiménez. Un nombre de consenso.

La primera bebé en una familia, es estreno de todos: Papás, yayos, tíos… y todos quieren poner su nombre preferido.

Así es que mis padres, que eran maravillosos, decidieron sabiamente hacerles felices.

El resultado fue, que casi tengo nombre de infanta… El problema es, que la mayoría, me llama María Pilar; bastantes María Teresa y, algunos, Tere. Estuve un tiempo explicando que mi primer nombre era María Pilar, pero fue inútil y, como no me gusta usar la fuerza, pensé: ¡Si los cristianos llaman a Dios, los judíos a Yahvéh y el islam a Alá y, a todos les contesta el mismo padre!….

Cogí su ejemplo y me resultó de lo más fácil. Pero como en  la vida misma, a pesar de darles facilidades, algunos se lían…

No recuerdo cuando escribí mi primer cuento. Debía de ser muy pequeña… Siempre he imaginado historias.

También me ha gustado que me contasen cuentos. Tuve la fortuna de tener a mi bisabuelo, que era experto en ese arte.

No recuerdo ninguna historia; sólo, mi personaje favorito: La vaca Concha. Un cuento no escrito, de transmisión oral, que él creó para que fuese feliz.

Mis padres nos leían cuentos y hacían que se los leyésemos a ellos. Mis preferidos: El patito feo y La sirenita (Andersen); también: La cenicienta (Charles Perrault) y Celia (Elena Fortun). Más tarde, envuelto en papel de regalo, descubrí a Mujercitas (Louissa May Alcott). De todas las hermanas, Jo, era mi preferida.

¡Qué grandes aventuras a través de sus páginas vivimos en el Libro de la Selva!, o con Robinson Crusoe… En el bachillerato, descubrí a los clásicos, como el Quijote (Miguel de Cervantes), Romeo y Julieta (Shakespeare), El Buscón (Quevedo), Fortunata y Jacinta (Galdós), Platero y yo (Juan Ramón Jiménez). Y la poesía de este autor, de Machado y de Miguel Hernández (con su Nanas de las cebollas). Y, siempre me gustó, Gloria Fuertes.

Ya de adulta, leí La conjura de los necios (Toole), los Pilares de la Tierra y a autores aragoneses, entre otros. Y seguiré leyendo para vivir otras vidas, otros paisajes…

Pertenezco a la Asociación Aragonesa de Escritores, casi desde su fundación. A la Asociación Aragonesa de Amigos del Libro y a la tertulia literaria Tercer Milenio. He colaborado en las revistas literarias: Criaturas Saturnianas, Imán, Cántaro y hierba, en Jornadas y eventos relacionados con la literatura y el cuento infantil. Participo como jurado en varios premios literarios. Soy coordinadora de la actividad “Un cuento, una sonrisa”, para niños ingresados en centros hospitalarios, organizada por la AAE y en la que colaboran el Hospital Universitario Miguel Servet, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa y ASPANOA de Zaragoza. Consiste en acercar el mundo mágico de los cuentos en dos fechas señaladas: Cuando los libros salen a la calle a celebrar su fiesta (Feria del Libro) y los escritores, con nuestros cuentos, visitamos los hospitales para hacer partícipes a los niños de la alegría de los libros, contándoles las maravillosas historias que guardan en sus páginas y, en navidad.

Como seguro que lo habréis adivinado…, soy escritora de literatura infantil. Aunque, a veces, cuando me grita el alma, escribo poesía.

He publicado los cuentos: Arturo, el caqui (2002, ed. Gobierno de Aragón, Departamento de Educación y Ciencia), reeditado en 2005, ed. Gobierno de Aragón, Departamento de Educación, Cultura y Deporte); Garné de Beruela y el príncipe Mabec (2006, ed. Consejo Regulador de la D. O. Campo de Borja), representado en el Monasterio de Veruela por la compañía El Temple (2008); El dinero silvestre (2007, ed. Gobierno de Aragón, Departamento de Educación, Cultura y Deporte ) y Pedro Saputo y sus ratos (2008, ed. Delsan), basado en la obra de Braulio Foz. En 2008, junto a veinticuatro escritores más, escribimos Duchas Escocesas (Ed. Certeza), final de una trilogía que nuestro compañero José Antonio Román Ledó no pudo acabar, porque nos dejó un 23 de abril…

Me gusta escribir cuentos y leerlos en voz alta. A ver cómo suenan… si me gustan sus armonías, los doy por concluidos.

Un cuento nace para ser compartido. Por eso, soy feliz cuando los veo convertidos en libro, con sus preciosas ilustraciones.

Esta foto la he elegido…; aunque no se vean delante de mí, hay unos cien niños escuchando “El dinero silvestre”. Una niña de las que allí estaban, llamada Julia, me invitó a que cuando fuera igual que yo; o sea, mayor, sería escritora de cuentos y tendría que ir a la presentación de su primera obra. Julia, no me pidió ni dirección ni teléfono; tampoco tengo el suyo. Pero ni ella estaba preocupada, ni yo tampoco, por esas minucias… Ya nos pondrá la dirección el hada cartera, cuando llegue el momento.

Tengo varios cuentos empezados y algunos en la cabeza. Cuando sea su hora mágica, verán la luz para ser compartidos.

Cuento: “El sembrador de estrellas”

Fuencisla, como todos los domingos, se iba a correr al parque próximo a su casa. Su salida y llegada, estaban en un precioso magnolio de la variedad Grandiflora.

Esa mañana, mientras se preparaba, miró al árbol y le pareció que estaba enfermo. Pensó… ¿No se habrán dado cuenta los jardineros?…, ¡tendrán que tratarlo!.

A la hora en punto regresó a su punto de partida, a “su magnolio”, como ella decía.

Un hombre estaba abrazando al árbol, acariciándolo y hablándole.

Fuencisla, sintió ternura por él…

Una pareja que paseaba con su bebé comentó: ¡Está loco!, puede ser agresivo…

Un grupo de adolescentes que habían terminado una madrugada de botellón, le sacaban fotos entre risas e insultos, para colgarlas en la red.

Nadie preguntó al hombre abrazado al magnolio, por qué hacía eso…

A los árboles se les mira, se les admira, se les ignora, se aprovechan sus sombras para refugiarse del calor, se lleva al perro para que los utilice de w. c., se les rodea de botellas y desperdicios de las juergas, se les arrancan las ramas, se hacen cicatrices en sus troncos, se recogen sus frutos…

Pero nunca se les abraza. ¡Sólo lo hacen los locos!

A la mañana siguiente, para sorpresa de Fuencisla, de nuevo se encontró al hombre. Esta vez, entablillando una pata a un perro al que habían atropellado sus propios dueños.

El animal, al ver que lo bajaban del coche y se marchaban sin él se quiso subir al vehículo, con tan mala suerte, que le pasó la rueda por su pata.

Fuencisla no le dijo nada. Miró al hombre afanado en su tarea y pensó:

- Este humano no es normal.

Pasaron tres días, Fuencisla se había olvidado del “raro”, como ella le llamaba. Había quedado con unas amigas en una heladería, hacía mucho calor; le apetecía tomarse un helado.

Llegó la primera, era la más puntual… Con sorpresa, se encontró al “raro” sentado en un banco enfrente de la heladería; hacía un sol de justicia…

En un arranque de generosidad, decidió invitarle a un helado de limón. Se le acercó y se lo ofreció. Éste, con una sonrisa “profidén”, le dio las gracias.

Ella le preguntó: ¿se ha quedado usted sin trabajo?

El hombre, levantándose del banco, le dijo:

-¡Discúlpeme un momento!…

Y se dirigió a un mendigo maloliente que estaba sentado en el suelo y le regaló el helado.

Fuencisla estaba indignada… Fue a su encuentro y le dijo:

-¡Soy una idiota y, usted, un insolente!. Pensé que no tenía dinero y que con el calor que hace, necesitaba un helado. ¡Se ha reído de mí con su desprecio!…

El “raro” alarmado por su reacción, le dijo con ternura:

-¡Él lo necesitaba más que yo!. Ahora, si me lo permite, le invito yo a usted.

-¡Bueno, acepto la invitación como disculpa!.

Ambos entraron en la heladería. Ella le preguntó:

- Pero… ¿tiene trabajo?.

- Sí.

- Ya me parecía. No tiene pinta de indigente, pero…

Él le sonrió.

Terminaron de tomarse los helados y ella le dijo:

- Si no es indiscreción…, ¿qué trabajo tiene usted?.

- Soy sembrador de estrellas

Y, besándole la mano, se despidió.

Fuencisla, estupefacta, se dijo para sus adentros:

¡No escarmiento!… ¡Quién me mandaría a mí sentarme aquí con él!. ¡Estoy como una regadera!

No volvió a verlo. Ella lo prefería, se sentía ridícula.

Al domingo siguiente,  como siempre, fue al parque, a “su” magnolio. Y se lo encontró más hermoso que nunca.

Mientras lo admiraba, un perro ladraba a su alrededor. Era el de la pata entablillada. Estaba feliz con su nuevo amo, un niño de ocho años.

El pequeño, preguntó a Fuencisla:

- ¿Tú conoces al -sembrador de estrellas-?

- Sí. ¿Y tú?…

- Él me dejó a “raro” para que seamos amigos.

Ella le preguntó de nuevo:

- ¿Y tú, por qué le has puesto ese nombre?…
- Él me dijo que le llamase así.

- ¿Dónde está?…

- Se ha marchado a seguir su trabajo.

- ¡Cuida de “raro”, porque él cuidará de ti!

Y, dirigiéndose a “su” magnolio, le dijo:

¡Hasta el domingo que viene, querido amigo!.

 

 Este cuento, que escribí en diciembre de 2009, es un homenaje para tantos seres humanos que trabajan para facilitar la vida de los más débiles.  Con ocasión de la  Jornada Literaria de homenaje y ayuda a los damnificados del terremoto de Haití, organizado por la AAE en el Aula Magna del Paraninfo de la Universidad de Zaragoza, colaboré y participé con su lectura en febrero de 2010.

Publicado en Asociados, Entrevistas, Personaje del mes | Sin Comentarios »

Elizabeth Hernández Quijano, personaje del mes.

Publicado por Angelica en Marzo 26th 2010

foto-de-liz-1-jpg

Entrevista a Elizabeth Hernández Quijano.

Por Angélica Morales.


Ha sido presidenta y fundadora de la Asociación Cultural Aveletra, ¿qué supuso para usted este reto?
Fue la recuperación de mi vida pública literaria en España. Tenía dos años de vivir en la ciudad de Huesca y el organizar eventos, me seducía.  Estar con gente que ama la literatura y las artes, tener en su momento un punto de encuentro en común, me parecía enriquecedor para el crecimiento de la cultura existente en la ciudad. Además lo necesitaba a nivel personal, venía de una vida literaria activa y esto me aportó una visión diferente de la vida cultural. Afortunadamente en el camino del inicio de Aveletra muchas personas participaron activamente desde diversas áreas, si no, no hubiera sido posible.
¿Con qué se encontró, literariamente hablando, cuando aterrizó en Huesca?

Extraviada. No encontraba un evento como punto de encuentro para los escritores locales en el que se tratara el tema de la creación, o cuando menos yo no lo localizaba. El primer evento que organicé de forma personal y con el apoyo del escritor mexicano José Eugenio Sánchez, fue mi verdadero aterrizaje en la organización con el FESTIVAL CULTURA HISPANA en donde México, por medio del Consejo para la Cultura y las Artes, envió artistas de diversas disciplinas a España y esto nos permitió compartir durante dos semanas talleres y actos públicos. Ese otoño de 2002, comencé a organizar los MARTES LITERARIOS, que fue el segundo evento que emprendí como organizadora; participaron diversas personas a mi lado para su realización. Han pasado por este ciclo más de 89 escritor@s tanto aragoneses como nacionales e internacionales. Además, después de las sesiones, venían las verdaderas tertulias literarias ya en privado. También realizamos los VIERNES LITERARIOS que nos llevaban por la provincia, los talleres de poesía y de narrativa, de creación literaria infantil, los clubes de lectura, el día internacional de la poesía… en fin, que comenzamos a trabajar y la literatura en la ciudad salió ganando.

El amor la trajo a Huesca, ¿y qué fue lo que inspiró su acercamiento a la poesía?
Mi acercamiento a la poesía fue de niña, unos versos pintados en una pared cautivaron mi atención, y fue una referencia para empezar, después descubrí las citas del “Selecciones Reader’s Digest”. Ahora son más amplias mis fuentes literarias pero el placer de la palabra me sigue cautivando en cualquiera de sus manifestaciones.
Creo que la poesía y el amor me trajeron a Huesca, porque aquí tenía cosas por hacer. La vida es sabia y a veces nos guía y simplemente sigues el latido de tu corazón. No utilicé la razón, si no la intuición. Me dejé llevar por el amor, por la ilusión y aquí estoy desde hace más de diez años. Soy feliz y me siento una oscense más en Huesca.

 

¿Echa de menos México? ¿Qué hace cuando le entra “morriña”?
 Lo que más echo de menos: los abrazos de mi familia, de amistades…, la cordialidad de la gente, la afectuosidad con que te reciben, el no tener que llamar para ir a visitar al vecino, la comida. El gusto y el olfato son una parte importante a la hora de recordar.
Cuando los extraño, preparo alguna comida mexicana viendo lo que tengo en la nevera o hago que se le parezca con alguna especia. Lo disfruto y luego a seguir. No queda de otra.

En su larga trayectoria literaria ha tenido trato con muchos autores, tanto mexicanos como aragoneses. ¿Qué cosas nos diferencian y qué nos acercan?
Lo único diferente entre los escritor@s es la forma de usar el español; el castellano, como lo denominan en España. En el diccionario podemos ver que hay palabras que tienen diversas acepciones según el lugar del planeta en donde se utilicen. Esto enriquece el lenguaje, se pueden obtener una amplitud de imágenes, pero también en cierta forma nos separa por los giros sintácticos de ese mismo lenguaje.
El ser amigo del diccionario amplía horizontes y el valorar la amplitud del lenguaje, es lo que nos acerca. Apertura de mente, por supuesto, también el nivel literario y artístico.

¿Qué tiene la poesía que no tenga la narrativa? ¿Leeremos algún día un libro suyo de relatos  o tal vez una novela?

Letras, palabras, imágenes, historias. La poesía es más íntima, más introspectiva, más que una interpretación del mundo es una visión del mismo. En la narrativa entran otros personajes, al igual que en el relato, y aunque, en la poesía también pueden haber personajes, sus metáforas deben ser más constantes. Las palabras deben ser las precisas.
Tengo un proyecto de novela desde hace varios años, guardo algunos documentos y en otros aspectos me estoy preparando para poderlo desarrollar. Debo encontrar el tiempo y la disciplina suficientes para contar estas historias.

En cuanto a sus lecturas, ¿qué autor esconde en el bolso para sus momentos de espera? Háblenos de sus autores fetiche.
Suelo salir de casa siempre con algún libro en el bolso, a menos que el traslado sea muy corto y sólo lleve libreta y bolígrafo. Usualmente llevo autores que estoy leyendo en ese momento. Para las vacaciones, suelo leer los libros que no he tenido tiempo de leer. Si hablamos de autores fetiche la lista sería larga. Me gusta leer a los escritores de mi generación y por supuesto a los clásicos. También disfruto leyendo filosofías orientales.

En su opinión, ¿la literatura necesita reinventarse?
La literatura debería de quitarse de caretas y ser ella misma en cada pluma. Ser sinceros al contar historias en donde los hilos conductores se muevan por la pasión a la literatura, a las palabras. La vida cambia, los paisajes se modifican, por qué reinventarse, mejor escribir cada historia como si fuera la primera vez. Nunca hay dos veces iguales, a menos que imitemos. Y el ser humano, dice Punset, es el único que sabe mentir. Ahí entra la literatura para recrear cada historia, para hacerla nueva.
¿Nos movemos culturalmente en Aragón o todavía tienen que darnos un empujoncito?
Creo que culturalmente Aragón ha crecido mucho en estos últimos diez años. No puedo hablar de otras experiencias anteriores, porque vivo en Huesca desde hace poco más de este tiempo. En estos momentos hay una mayor apertura literaria en todos los centros culturales tanto privados como públicos. Además de que han ido aumentando con  bibliotecas municipales. Falta un órgano que gestione todo lo que se está realizando de forma globalizada. Que se convoquen a encuentros entre las asociaciones literarias o culturales, según sea el caso con este organismo. Que se escuche también lo que se está gestando en las provincias.
Creo que hace falta ayuda económica para que algunos escritores encuentren proyección fuera de la región, con apoyos económicos para viajes internacionales. Pero también, hace falta que esto se regule para que no sean los mismos beneficiarios siempre, o se determine el tiempo para volver a presentarse a este tipo de petición. Debería de existir algún modo de acceder a este tipo de ayudas, a ese crecimiento y que lo supieran todos los escritor@s.
¿Cómo se siente en la AAE? , ¿qué cambiaría si estuviera en su mano?
Formo parte de ella porque creo que la unión hace la fuerza. Me mantengo informada de las actividades de otros compañer@s por el correo electrónico y eso es importante para los que estamos en ella.
Lo que haría si estuviera en mi mano, sería apoyar a otras asociaciones en la labor que están desempeñando, respetando el trabajo realizado y  complementando las actividades y proyectos vigentes. Hacer equipo.

¿No cree que asociaciones aragonesas literarias como la AAE, Amigos del Libro o Aveletra deberían unir fuerzas?
Creo que pueden hacerse alianzas. Llevar a cabo reuniones en las tres capitales con socios de las asociaciones existentes para saber en qué proyectos se está trabajando y en cuáles se puede complementar. Sería una forma de organizar circuitos literarios y artísticos. De aprovechar a los artistas que vienen de otros países y otras comunidades para que contribuyan en una ruta que se inicie en donde convenga a la mayoría de las partes. Es momento de unir fuerzas. Es una época de respeto, de reducción en muchos presupuestos y de alguna forma se puede aprovechar estos circuitos para sacar adelante a la literatura y sus escritor@s.

¿Para cuándo un nuevo poemario?
Estoy constantemente escribiendo. Sobre todo cuando tengo vacaciones. Es de las cosas que más disfruto. De momento tengo 9 poemarios en los que estoy trabajando y algún día se publicarán de uno en uno, o tal vez en un solo libro. Dependerá de ofertas de las editoriales, de los concursos a los que los envíe, son muchos factores.

¿La literatura femenina existe o es un espejismo?
Estoy segura que las hormonas nos hacen escribir más de una forma o de otra. Aunque he de admitir que hay mujeres que conocen tanto al género opuesto que en sus descripciones no distingues ningún atisbo de sexismo. El la utilización del lenguaje y las atmósferas también radican algunas diferencias casi imperceptibles.

Complete la frase: “No me imagino el mundo sin…”
Poesía que es mi salvación, mi necesidad, mi respiración.
 

 Mi autobiografía.

Por: Elizabeth Hernández Quijano ©
Leer una biografía, tiene dos formas:
1. Ir a la Web: www.princesaliz.com y ver la información sobre mi vida literaria en orden cronológico.

2. O la tipo reportaje personal, cuaderno de viaje literario que les comparto desde los recuerdos, que suscitará algunas ganas de conocer lo que se hace en México, algunos querrán leer anécdotas en una biografía, en el que no se puede ampliar demasiado, pero sí da un matiz de la vida literaria que he recorrido.

Soy Elizabeth Hernández Quijano. Mi nombre es producto de la influencia que tuvo Elizabeth Taylor en mi pueblo natal, Vallarta Jalisco, México. Mi padre era fotógrafo y mi madre joyera y ama de casa en esa época. Liz, así se llamaba nuestra joyería. Siempre me han gustado las historias, pero debo admitir que compartir algunas de las que he vivido dentro de la literatura, me lleva a gratos recuerdos de mi trayectoria literaria, sobre todo, a lo que hice antes de llegar a España. Pongo el sabor del recuerdo como pretexto al contarles. Esta autobiografía, me permite recordar a escritores que en su momento compartieron literatura conmigo, escritores de varias generaciones de mi país: México, con los que de alguna forma sigo en contacto por medios cibernéticos y en los escasos viajes que logro hacer a mi país. Este relato tipo autobiografía, lo termino con mi vida en Huesca, España; con la creación de la Asociación (Cultural) Aveletra y con algunas de las actividades de la que he sido promotora en esta ciudad de Huesca, donde resido actualmente y con doble nacionalidad.

Escribo desde pequeña. Dice mi madre que de niña iba siempre con libreta y lápiz en mano aún antes de aprender a hacer letras. Que le decía que escribía, aunque sólo se vieran garabatos. A los ocho años me llevaron a vivir al Distrito Federal. Cambiaron mis costumbres y avancé en conocimientos. Mis veranos de infancia y adolescencia, fueron en Yucatán, la tierra de mi madre. México, la capital, la gran urbe, la ciudad más grande del mundo, me tuvo entre sus calles durante diez y seis años aproximadamente. De ahí me fui a vivir a Monterrey Nuevo León, mi ciudad de adopción y en donde inicié mi vida literaria con una mayor responsabilidad y constancia. Aunque soy nacida en Jalisco, en las Antologías Literarias me consideran como escritora de Nuevo León. Son algunas paradojas de mi vida.

A los doce años me encontré de verdad con la literatura. Un personaje famoso, de esos que publican poemas en los periódicos locales, me enseñó a hacer Acrósticos en la ciudad de Tijuana, donde además descubrí el tostador eléctrico y los parques temáticos, ya que esta ciudad está en la frontera con Estados Unidos, que ahora dicen desértica en muchos aspectos porque el narcotráfico y la pobreza están haciendo mella en esta parte norte del país. También recuerdo que a los catorce años me sentaba en el balcón de nuestra casa, en el Distrito Federal, a leer en voz alta. La gente pasaba y me sonreía; tal vez pensaban que estaba loca, pero el sonido de las palabras me encanta y ese era un lugar para hacerlo sin molestar a la familia. Leer en voz alta es una de las cosas que más disfruto, el resonar de las palabras me seduce, me hace sentir bien. En ese balcón leí “Papillón” del escritor francés Henry Charrière, el primer “libro gordo” que había leído de principio a fin. Antes había devorado las revistas del “Reader’s Digest” que compraba mi padre y las enciclopedias que vendían a plazos y que llenaban nuestro librero de casa. Dediqué también una parte de mi adolescencia a escribir algunos acrósticos para amistades y amores.

Escribo diarios, en libretas, desde los quince años; pero conservo únicamente los que tengo a partir de los diez y ocho, por pudor. Ahora, mi libreta, además de ser un diario sirve para idear proyectos, continuar trabajos o escribir poemas, según se preste. Las hojas blancas son una parte importante como escritora y en todas mis facetas, incluida la laboral. Hasta cuando salgo de paseo o de fiesta, llevo siempre una libreta con su respectivo bolígrafo en el bolso. Es una parte inseparable de mi vida cotidiana. Supongo que la idea de escribir en libretas se reforzó en mi juventud. A los diez y seis años, comencé a leer novelas de adolescentes con problemas, entre la que recuerdo “Carrie”. Eran novelas en las que las jovencitas se quedaban embarazadas, mujeres que habían sido violadas o maltratadas pero que siempre salían adelante de cualquier situación, era lo que me gustaba de esta literatura, que salían adelante y con bien de sus problemas. En esa época además de escribir en mi diario, poemas y relatos, me encantaba también, leer novelas denominadas de literatura rosa y por supuesto leí a Corin Tellado entre otras. Me llenaba el romanticismo light y disfrutaba leyendo, que para mí era lo importante. En el bachillerato cambié de autores y de estilos literarios: Miguel de Cervantes, Herman Hesse, Fiedrich Nietzsche, Fernando Pessoa, Amado Nervo, Sor Juana Inés de la Cruz, Miguel Hernández,… pero siempre el romanticismo, la autoayuda, las filosofías orientales y la literatura han estado presentes en todo lo que leo por gusto.

Cuando llegué de la ciudad de México a vivir a Monterrey, con mis veintidos años, llevaba varios poemas escritos en una libreta. Iba con la intención de integrarme en esa ciudad y la literatura me ayudó en este proceso. Un día, leí en un periódico local que se iniciaba un taller de poesía. Así que me apunté como participante y comenzó mi andanza por diversos talleres literarios; lecturas en varias salas o bibliotecas, con escritores y escritoras de Nuevo León, Coahuila, Tamaulipas y del Norte de México. Tuve buena experiencia con los talleres literarios, por lo que soy una potenciadora de éste tipo de trabajo. Aunque dicen que “los escritores no se hacen”, sí creo que el compartir herramientas lingüísticas nos permite escribir mejores textos, incentivan la imaginación, son un sitio para trabajar, y esto se consigue en estos encuentros literarios. He leído en muchos sitios, he luchado al lado de la cultura en mi país apoyando en actividades que proclamaban el lema: “Libertad de Expresión”. Escribí durante un año, una columna en la revista “Oficio” que hablaba de política con sentido de conciencia.

Recuerdo también diversos ciclos literarios en los que escritores y escritoras éramos los protagonistas y también íbamos de público a compartir. Ahí están los “Jueves Mancuspianos”, en donde leíamos nuestros poemas y relatos los escritores y escritoras de la época y no nos perdíamos la reunión de cada semana. Recuerdo el día que me tocó leer en esta cita literaria, entre poemas me animé a hacer coros a dos canciones del cantautor Arturo Meza, que interpretó el músico Gerardo García de la Garza, que con su voz y guitarra, daban vida a está música del alma. Eran tiempos en los que la literatura era el punto de unión. En esos encuentros se hablaba del último poema escrito, del inicio de un libro para escuchar las críticas constructivas, las alabanzas, las lisonjas, los piropos: era compartir literatura. Era época de cervezas en “happy hours”. También participé en las lecturas en el “Musicantro Cultubar La Tumba” acompañada de la escritora y artista plástica Martha Margarita Tamez. Recuerdo los “huaraches” (sandalias) y mi vestido largo con estampado de flores que resaltaban en el morado de la tela y nuestros poemas que hablaban de injusticia, de amor, de desamor…

En esa época realizábamos talleres literarios en cualquier parte: una biblioteca, un café, una plaza. Como el que hicimos en un restaurante que dio café gratis durante un mes por su inauguración; fueron días fructíferos llenos de charlas con artistas de la ciudad de Monterrey, eran momentos para crear el arte que aún vibra en la cultura de México. Se germinaba la vida literaria y cultural de una ciudad; tengo varias entrevistas grabadas de esos artistas que algún día compartiré. Por supuesto, también había talleres literarios pagados por las instituciones. Son dignos de traer a este relato los talleres, lecturas, presentaciones y charlas de la Biblioteca Pública “Fray Servando Teresa de Mier”, que está ubicada en pleno centro: En la Macroplaza. Entre los talleristas y compañeros que tuve, están: Carmen Alardín Martí, Margarito Cuéllar, José Eugenio Sánchez, David Huerta, Minerva Margarita Villarreal, Mario Anteo, Sergio Cordero, Luis Javier Alvarado, Macedonio González, Claudia Villarreal Garza, Gerardo López Moya (periodista) Ruby Gamez y Judith Tellez, estos últimos dos dedicados a la danza contemporanea, en fin muchos artistas que actualmente siguen en su vida profesional en México… En esa misma biblioteca municipal, se llevó a cabo la Primera Escuela de Escritores de la Frontera Norte, que organizaba la Sociedad General del Escritores Mexicanos (SOGEM)  junto al Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León (CONARTE), en la que participé junto con otros diez y nueve escritores seleccionados de entre los 300 que habíamos en esa época. Tuvimos como profesores a Eduardo Cazar, Sabina Bérman, Hugo Valdez, Roberto Maldonado, Rosaura Barahona, entre muchos otros. (1991). También me fui becada con otros escritores para estudiar en la Escuela de Escritores de la SOGEM en México capital, la cual abandoné antes de terminar, porque en esa época me dedicaba a ser gerente administrativo de un equipo de fútbol de segunda división “A” por la mañana; y por la tarde-noche a estudiar, a escribir y planear con mi pareja el tener a mi único hijo. Fue una época de mucha actividad en la que no pude compaginar las tres cosas, mi hijo y el trabajo se volvieron mi máxima prioridad. Fue un paso importante en mi vida personal y un ligero paréntesis en mi vida literaria. (1992).

En el año 1996 participe en el I Encuentro Internacional de Escritores de Monterrey. Este evento movió mucho los cimientos de los literatos en la ciudad, porque los escritores para participar debían enviar una ponencia y de entre ellas se escogerían las mejores. La participación no iba a ser por nombre o renombre, si no por lo que cada uno tuviese qué decir para el mundo desde este foro. Algunos de mis compañeros de generación y algunos escritores de gran nombre pensaron que era injusta la selección que se hacía y decidieron no enviar ponencia. Y desafortunadamente no participaron, se quedaron fuera del encuentro. En mi caso personal, como mi intención era estar entre ellos, preparé una ponencia con el nombre: “La asociación de los escritores”. Ahora que la leo después de tantos años veo de dónde comenzó mi intención de montar una asociación que culminó en la Asociación Aveletra, que en Huesca actualmente, aunque no estoy al frente, sigue vigente y fomentando la literatura en la ciudad.
La clausura de este encuentro internacional de escritores, terminaba con una cena de gala en el Museo de Arte Contemporáneo “Marco”, afuera estaban muchos de los escritores y escritoras locales que no podían entrar por no haber participado en el encuentro y no tener acreditación oficial. Así que me excusé con la presidenta del Conarte, Alejandra Rangel, diciéndole que se me hacía injusto que los escritores locales estuvieran afuera, sin poder compartir esta noche con los escritores invitados, que rechazaba la invitación a la cena de gala. Al siguiente día hábil, llevé una carta al Consejo para la Cultura y las Artes, en la que hice la sugerencia de que en lugar de cenas de gala para unos pocos, se hiciera una cena para todos los escritor@s, aunque fuera tipo bufete o más sencillas, que lo realmente importante de llevar escritores de talla internacional a la ciudad, era para que los escritor@s locales tuvieran contacto con ellos para poder intercambiar puntos de vista, y no sólo tuvieran contacto unos pocos. (Aunque en esos momentos estuviera yo entre ellos). Les dije que lo importante es potenciar los contactos a todos los niveles y para todos los escritores y escritoras, no para unos pocos. Mi sugerencia, realizada en carta que guardo en mis archivos con sello de recepción oficial, fue considerada y a partir del siguiente encuentro internacional, a las cenas eran invitados los escritores locales a participar y podian convivir con los que nos visitaban de fuera. (1996).

En el IV Encuentro Internacional de Mujeres Poetas en el país de las nubes, que se realiza en Oaxaca, participé con la ponencia “La poesía como derecho de todos los pueblos o el abrazo del alma”. Este encuentro en el que participamos más de doscientas mujeres poetas de todo México y de diversos países del mundo, se reúne todavía cada año y llevan actualmente la edición XVII.  Desde la capital, se van en autobuses todas las mujeres poetas a vivir durante tres días con familias en pueblos indígenas en donde se realizan lecturas, se leen ponencias, se hacen mesas de trabajo, etc. Es una experiencia muy constructiva y que nutre mucho a la creación poética y revitaliza a la población mixteca de Oaxaca. De Monterrey participamos: María Belmonte, Lourdes Bello y yo, Elizabeth Hernández. De Coahuila, ese año, también fue mi amiga Martha Margarita Tamez. Este es un encuentro que enaltece a la poesía y a los pueblos mixtecos. Una experiencia que vale la pena vivir. En este mismo año, además de lo descrito anteriormente, participe también en el Festival de poesía joven y el Maratón Literario Oficio No. 100. (1996). En el encuentro La sociedad, los escritores y su versión, leí un manifiesto “Sociedad y Literatura” (1997).

Mis primeros libros editados, los llamó la prensa “los gemelos” de Elizabeth Hernández Quijano, por haber salido casi al mismo tiempo: Uno en marzo y el otro en abril. Su presentación conjunta, fue en la Casa de la Cultura de Monterrey y contó con la presencia de los escritores: Malena Musquis, José Eugenio Sánchez, Carmen Alardín y Margarito Cuéllar. Los libros se titulan: “Emoción al desnudo”, editado por el Instituto Coahuilense de Cultura y “El muso”, editado como premio y con edición por el Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Nuevo León. En el I Encuentro Nacional de Poetas: Poesía ¿en movimiento? Diagnostico en el Umbral del Nuevo Milenio, realizado este mismo año, participé en la mesa de lectura junto a: Oscar Wong (Chiapas), Benito Ramírez (Sinaloa), Daniel Mir Elizondo (D.F.), Gaspar Aguilera (Michoacán), Hernando Garza, Lucía Yépez, Ramiro Garza, Elizabeth Hernández Quijano, Arnulfo Vigil y Arcadio Leos de Monterrey. Un evento que reunió a más de doscientos poetas de todo el país en un encuentro de tres días lleno de poesía. (1998).

A Huesca llegué el 7 de septiembre de 1999. El amor me hizo cambiar la vorágine de la ciudad de Monterrey por la tranquilidad de Huesca. En Diciembre del año 2001, presenté en el Centro Cultural del Matadero, el libro El bautismo de los Pájaros, editado por Tierra Adentro, que marcó el retomar de mi vida literaria en España. Para la presentación, estuve acompañada de grandes personalidades de la vida oscense: Fernando Elboj, María Pilar Goded y Julia Lera. En este libro colectivo participo con el poemario “Hechizos de Ciudad” junto a otras dos poetisas mexicanas: Bertha Mónica Treviño y Edith Ávila. Poesía de mujeres con la que me di a conocer en Huesca y ahí comenzó también mi trabajo como agitadora y gestora cultural en diversas actividades de la ciudad que comenzaron con el  Festival Cultura Hispana, Martes Literarios (coordiné 89 sesiones), Talleres de poesía, narrativa y poesía infantil, Clubes de Lecturas,… (2001-2007). En el año 2005, la editorial Grafein me publicó mi poemario “Labios de Encaje”.

He participado en algunas antologías tanto en México como en España: “La llamada infinita” (1998), “El buzón del gato II” (1999), “Colector de voces” (2003), “Antología de la poesía actual de Nuevo León” (2004), “Aragón Ríos de arte” (2005), “Agua para mis versos” (2007), “Mujeres poetas de México 1940-1965” (2008). Entre las distinciones que me han otorgado están: Mención honorífica Certamen Poesía Joven (1994) y el Premio con edición de libro EL MUSO (1996). Estoy incluida con una entrevista en el libro Mujeres en Expansión III, “Comunicadoras en Huesca” (2003). Y está incluido mi poemario LABIOS DE ENCAJE, entre los siete objetos incluidos en la urna que hace de primera piedra en el Palacio de Congresos de Huesca y que marcó una nueva renovación en mi vida tanto personal, como literaria.

Durante la vida literaria que llevo caminada desde el año 1989 a la fecha, he realizado diversas colaboraciones con artículos, poesía, cuentos, entrevistas, comentarios, columnas, presentaciones, recomendaciones de libros, etc., en diversos encuentros de escritores y medios de comunicación (radio, televisión, revistas, periódicos, blogs…) tanto en México como en España. También he tenido oportunidad de trabajar por la literatura, como jurado en concursos y como gestora cultural, siendo Presidenta Fundadora de la Asociación Aveletra (2002-2007).

En mi crecimiento como persona en Huesca, en esta tierra altoaragonesa que me acoge y con nueve poemarios inéditos dentro del cajón y a la espera de ser editados, sigo escribiendo porque para mí la poesía es una necesidad.
Elizabeth HERNÁNDEZ QUIJANO
Marzo, 2010.

NOCHE ROMÁNTICA CON FINAL DE PELÍCULA

Limpiar esta habitación.
Buscar otro espejo.
Darle jabón a la voluntad.
Quitar telarañas a los papeles:
Encontrarles sitio.
Basta de aferrarse.
De ser piedra en un rincón.
De diluirse entre conceptos.
De entusiasmarse con miradas.

La palabra manifestada a otro lastima directamente.
Desde esta esquina se ve la imagen
como culebrón de jóvenes borrachos.
Igual a un recuerdo de tiempos ácidos.
Se acabo la noche romántica
con respiraciones al lado.

Hay una buena razón para despotricar:
Ellos no deben romper cosas por la calle
en una noche de juerga cual energúmenos
y menos tirar botellas contra un cristal
de madrugada
impresionando a algunos viandantes en la plaza.

Hablar con el moderado
y cuando resuene el primer lo siento.
Detener al ego.

Que una buena lección cuente a sus amigos de esa noche.
La resaca les confirmará el recuerdo
y el tiempo pondrá todo en su sitio.

Pasaron a ser actores de película con final en silencio.
Limpiar esta habitación.
Convertirla en un nuevo espejo.

 

Elizabeth Hernández Quijano ©
Huesca, 2009.

DE GRUPIS Y LOBOS
Disfruté unos días con la caperucita azul de la fiesta.
Con sus ojos nos hacía maullar
a ritmo de poesía
de soneto
de guitarra
de fútbol.

Felina de apariencia inocente.

Sola ella bella como
Ella sola como bella
Bella como ella sola
como bella sola ella.

Como los colores de las conchas de la playa
como debió haber sido la Malinche.
Una mujer de sangre mestiza
     Dulce
     Cándida:
Pidió consejo.
Le dieron varias alternativas.
Encontró significados en habitación de tres camas.

La caperucita fue cauta.
Habló con los sabios del lugar
con los viejos de esa fiesta.

El pecado trató de dormir en el piso de arriba
olisqueaba antes de volver a casa cual cordero.

De los consejos lo mejor que uno tiene
es la libertad de elegir el que más nos conviene.
El que nos deja la mirada limpia
El que nos permite seguir el camino en calma.

La bruja también escuchó:
Notó que su experiencia
hace que no caiga en las garras del lobo
para llevarse una presa de cena.
La caperucita aúlla sola o con amistades.
No le merece la pena desdoblarse.
Le hace caso al corazón.
Después escucha al eco tumbada en la arena
y ve su pisada firme entre cochas.

Uno aprende a no arrepentirse
ha ser coherente
ha salir adelante
como la caperucita azul de esa fiesta
que se fue a otra casa inmaculada.
Elizabeth HERNÁNDEZ QUIJANO ©

Publicado en Personaje del mes | Sin Comentarios »

Francisco Picón, personaje del mes.

Publicado por Angelica en Febrero 19th 2010

picon

ENTREVISTA A FRANCISCO PICÓN.

por Angélica Morales.
Un madrileño en Zaragoza, ¿se escapa a menudo a la capital o ya ha olvidado sus orígenes?

La verdad es que nunca me he sentido madrileño, nací en Madrid pero con apenas dos años ya estaba en Zaragoza y el sentimiento que recorre mis venas es el aragonés. Me siento maño en todos y cada uno de los poros de mi piel.
Voy poco a Madrid y, cuando lo hago, casi siempre es por motivos relacionados con la literatura. Actos organizados por la Asociación de Escritores Noveles, de la que soy vicepresidente, presentaciones de libros, y actividades similares. La última vez fue en septiembre pasado para presentar mi último poemario en el “Bukowski Club” y, además, tuve la suerte de que coincidiera con “La noche en blanco de Madrid” y pude disfrutar de la Cultura a pie de calle en la noche madrileña.

¿Cómo cree usted que debe animarse la cultura? Dénos su punto de vista profesional.

Animar la Cultura…. Es un tema complicado, yo creo que tenemos que tratar, como autores individuales y también como miembros de asociaciones literarias, que la cultura forme parte de la vida cotidiana. Tratar de que un concierto, una lectura poética, una presentación de un libro o cualquier manifestación de la cultura sea algo accesible y natural para cualquier persona. Creo que tenemos que conseguir quitarnos ese aura de “intelectualidad” que nos puede hacer parecer “distantes” de la normalidad. En este sentido la aparición de locales en los que se unen cultura y ocio creo que ayudan mucho. Recitales en bares, clubs, poesía o lectura de libros en la calle, todo eso tiene que convertirse en un elemento más de la cotidianidad de cualquier ciudad…

¿Aragón se mueve culturalmente o necesita un empujoncito?

Yo creo que Aragón está empezando a moverse culturalmente. Cada vez, tengo la sensación, de que se reactivan más los teatros, museos y salas de arte. Enlazando con la anterior pregunta, la aparición de locales “alternativos” donde, sin que se deje su actividad ordinaria, se hacen recitales de música y/o poesía, lecturas, pequeñas obras de teatro, etc. está dando un enfoque nuevo y, por ende, un empujoncito a la actividad cultural nuestra.

Es autor de dos poemarios: “Desde mi i…marginación”, y “Con la vida a cuestas”. ¿Qué significa para usted la poesía?

Para mí la poesía es una forma de vida, una forma de expresar sentimientos, ideas, filosofías, momentos… yo creo que la poesía es el sentimiento hecho palabra y que la magia de un poema está en que, como alguien dijo, un poema es del autor hasta que un lector lo lee, lo hace suyo, lo interioriza y siente a su manera (que no tiene porqué coincidir con la intencionalidad del autor) y, a partir de ese momento, el poema es de ambos.
La poesía, para mi, es una actitud ante la vida, una forma de sentir y de afrontar cada instante. Supongo que soy un romántico empedernido…

Háblenos de la Asociación de Autores Noveles. ¿Cuándo se deja de ser un escritor novel?

La Asociación de Escritores Noveles nace con la intención de ser una plataforma de apoyo y lanzamiento para todas aquellas personas que quieren ser o sentirse escritores y que, por sí solos, tendrían muy difícil abrirse camino en este complicado mundo de la literatura. Se trata de ofrecer asesoría literaria, jurídica, formativa a los autores que empiezan. Tenemos convenios de colaboración con editoriales, talleres de escritura, grupos literarios, etc. que ponemos al alcance de cada uno de nuestros socios.
¿Cuándo se deja de ser escritor novel? En cierta ocasión, Luis del Val (que nos ha ayudado siempre de forma totalmente desinteresada) nos dijo que cada vez que un escritor saca una nueva obra es un escritor novel. Yo creo que es así, que el autor nace de nuevo ante sus lectores en cada nueva obra.

¿Dejaremos de tenerlo difícil algún día los escritores o nos quejamos por vicio?

Nunca dejaremos de tenerlo difícil los escritores. Es parte de la grandeza de la literatura, es un mundo difícil, sometido a subjetividades, no sólo de opinión personal, si no de opiniones mediáticas. Estamos en una sociedad donde vende más el morbo, la literatura basada en el “famoseo”, en que, cualquiera que salga por televisión, haya tenido una aventura, o cualquier actividad similar, puede escribir y escribe… y lo que es peor vende mucho más que autores de calidad y prestigio reconocidos.

¿Los funcionarios tienen tiempo para escribir versos?

Los funcionarios no somos distintos a ningún otro tipo de profesional. Además, yo no soy un funcionario tipo, en el Servicio de Instalaciones Deportivas al que yo pertenezco, no tenemos un horario fijo de lunes a viernes. Trabajamos mañanas y tardes, de lunes a domingo, y eso te condiciona bastante en tus “hábitos” de escritura. Pero cuando algo te gusta, te apasiona, como es la literatura (especialmente la poesía) en mi caso, siempre se saca tiempo para escribir.

Cítenos un poeta recién descubierto y que lo tiene a usted seducido.

José Corredor-Matheos, sin duda. Lo descubrí hace un par de años en un congreso de la Asociación de Escritores Noveles en Oviedo, donde vino a ofrecernos un recital y, desde entonces, me tiene totalmente seducido. Los más grandes son los más sencillos, una persona entrañable que vive la poesía con la naturalidad de quién respira cada día versos en todos y cada uno de sus gestos y momentos.

Ahora nombre un clásico imprescindible.

No podría nombrar uno sólo, Cernuda, Vallejo, Pessoa, Neruda, Whitman, Goytisolo, Rosendo Tello, Gamoneda… y ¡tantos otros!

¿Cuál fue el último libro que no pudo acabar?

Siempre acabo un libro que empiezo pero, reconozco que, no por su calidad si no por su estilo orto tipográfico, me resultó complicadísimo de leer “El viaje del elefante” de Saramago.

¿Existen versos malditos?

Yo creo que no existen versos malditos. Creo que existen versos no leídos o poco leídos y, sobre todo, versos incomprendidos. Quizá nos empeñamos en intentar comprender la poesía como se puede entender la prosa, y la poesía, en mi opinión, no hay que intentar comprenderla, si no sentirla, disfrutarla, empaparse de como nos llega y de su propia estética… pero no creo que ningún verso, como tal, sea un verso maldito

¿Qué cambiaría de la AAE?

Reconozco que si esta pregunta me la hace meses atrás hubiera respondido: “todo”. De un tiempo a esta parte estoy sintiendo y comprobando que la AAE es una asociación para todos los escritores aragoneses, reconocidos o no. Hasta hace un tiempo tenía la sensación (que no quiere decir que fuese así, pero si que yo lo percibía así) de que era sólo para unos pocos… Lo cierto es que, al día de hoy, me siento parte de la AAE y creo que puedo contar con la asociación y que, ésta, puede contar conmigo de forma habitual y natural

Y respecto a su próxima novela, ¿qué secretos guarda Yeray? Adelántenos algo.

La novela va muy despacio, me cuesta. Así como la poesía fluye con facilidad, para mí, la novela me exige un esfuerzo y dedicación mucho más constantes e intensos y, no siempre puedo dárselos. El secreto de Yeray es tal que ni yo mismo sé aún cual es, estoy esperando a que el devenir de la historia me lo cuente….

¿Qué le ha empujado a cambiar el lirismo por las historias interminables?

No pretendo cambiar el lirismo por las “historias interminables”, como me dice, es más un reto personal. La poesía es algo que vivo, escribo, leo de forma natural, cotidiana, y, en la novela (y otros estilos) sólo soy capaz de vivirlo, hasta ahora, desde el punto de vista de lector. El reto es saber si seré capaz de acabar la aventura de una novela desde el otro lado del espejo, desde quien la escribe… El tiempo dirá si estoy en condiciones de sentirme escritor en prosa…..

……………………………………

FRANCISCO J. PICÓN CARO

Nacido el 13 de Agosto de 1964 en Madrid, aunque me considero aragonés a todos los efectos ya que llevo en Zaragoza desde los 2 años, y estoy plenamente identificado con esta tierra que es Aragón.

Estudié en el colegio Joaquín Costa la EGB y hasta COU en el INB Goya. Técnico Especialista en Animación Socio-Cultural y funcionario del Servicio de Instalaciones Deportivas del Excelentísimo Ayuntamiento de la Ciudad de Zaragoza desde al año 1993.

Casado actualmente con Paqui con la que tengo un hijo, Alejandro,  y con dos hijas de anteriores relaciones, Lorena y Nerea.

Presidente del Club Social de Empleados Municipales del Ayuntamiento de Zaragoza, asociación en la que dirigí, mientras se editó, la revista “Circulo” con 6000 ejemplares de tirada.

Hasta el día de hoy, y además de las secciones propias en la revista antes mencionada, he publicado un libro“Desde mi i…marginación” publicado por Egido Editorial y “Con la vida a cuestas” publicado por Editorial Quadrivium..
He participado también en otros dos libros de Egido Editorial como co-autor, “Imágenes de Aragón” y “Acompáñanos”.

Soy  Vicepresidente de la Asociación de Escritores Noveles “Miguel de Cervantes” y fui Coordinador Editorial de “Y Latina” la revista literaria de dicha asociación.

En estos momentos tengo preparados varios poemarios, como son “Esencia de un amor”, “Sentimientos de un extraño”, “Versos Depurados”, “Frunces en la rima” y “Alambique de vestigios” que espero publicar pronto y al que pertenecen los poemas que os mando que, todos juntos, muestran la evolución de mi poesía de acuerdo con la mía personal. Así mismo estoy en plena aventura con  una novela “El secreto de Yeray”.

…………………………………………….

DOS POEMAS DE FRANCISCO PICÓN.

EXÓTICO

Postergado,
carente de afinidades,
peregrino en un mundo impropio,
yermo de ecos
en el reflejo de mi temple,
inmigrante
sin jerga acreditada
en el emporio de la discreción…

náufrago
en una isla aislada
del abismo de la displicencia

expatriado
de la madriguera de lo cotidiano,
repelido
del átomo de la costumbre,
ión desubicado
en la corriente continua
de la inercia

extranjero en mi tierra,
usurpador de otros ámbitos,
perdedor de cruzadas
en una contienda importada

insólito,
diferente,
atípico y utópico

………………………

METÁFORA Y LIBÉLULA

Aletea frenética
una libélula solitaria
entorno a las diáfanas
gotas de vida
del arroyuelo otoñal

Un exiguo rumor
de silbidos y brisas
se desvanece
en el silencio
del paraje
huraño del tiempo

Ráfagas de un sol
jadeante y medroso
requiebran las sombras
de la hojarasca
incipiente

Un estruendo
resuena en el horizonte
dinamitando
la quietud de una tarde
descalza de razones

La aterrada libélula
abandona la tangible
protección del vuelo
en busca
de un resuello
incombustible y perenne
en sus pupilas

Mas la inquebrantable
avaricia depredadora
de una lengua viscosa
descoyunta

Mas la inquebrantable
avaricia depredadora
de una lengua viscosa
descoyunta
el soporte del futuro
a lomos de un hoy
desalmado e insaciable

… ya no resuena
el revoloteo nervioso
sobre el cauce
del riachuelo

…ya su reminiscencia
se ahoga
en las tinieblas
de la noche…

Publicado en Personaje del mes | 6 Comentarios »

Mª Jesús Fuentes Roldón, personaje del mes.

Publicado por Angelica en Enero 20th 2010

chus

Entrevista a Mª Jesús Fuentes Roldón

por Angélica Morales

 

Tabaco, carmín, y el sonido de una vieja máquina de escribir. Es un buen comienzo para una novela, ¿no cree?

Por lo menos para la de mi vida, que no está mal del todo. Una pincelada de seducción, el humo de los instintos volando por la atmósfera y la razón creadora tecleando incansable. Estos ingredientes, ¿no se encuentran en las historias de todos y todas…?

 

Escribe escuchando música. ¿Lo hace para convocar a las musas o para calmar a la fiera que lleva dentro?

La música tiene la capacidad de alterarme adecuadamente, cambia mi estado de ánimo, me ayuda a evocar, me esponja o me inquieta. Me prepara para la inspiración y, si la acompaño con una copa de buen Somontano, a veces hace milagros.
Desde “El canto de la Tierra” hasta “Ne me quitte pas”, tengo una infinita gama de sintonías.
¿Y si te digo que es “la fiera”, la que siempre escoge la música adecuada?
 

Entre el cielo y las tinieblas, ¿qué hay?, ¿un abismo aterciopelado o un paraíso rancio?

Ni una cosa ni otra. Creo.
En esa franja intermedia se mueve el Yo, y bien que hace, porque actúa como mediador en las batallas que mantenemos contra nosotros mismos, mal que nos pese.
 

Le interesa  la grafología. Yo tengo una letra horrible, ¿qué le sugiere eso?

¿Quien dijo “letra horrible”? No hay letras horribles, sino rasgos nefastos. Los grafólogos no analizan la buena o mala caligrafía, no nos equivoquemos, sino el trazo, la proporción, la situación en el espacio, las formas originales y ágiles, la sencillez y coherencia. Una letra demasiado bonita puede ser espantosa, como mínimo sospechosa, y a la inversa.
 

¿Trabajar rodeada de niños la convierte en una “Peterpana” eterna?

Me convierte en un ser humano muy amplio. Nada de ser esto o lo otro, sino de todo un poco: buen referente, mejor comunicadora, bastante psicóloga, improvisadora nata, líder indiscutible, nada aburrida, empática y asertiva al máximo…Los críos son demasiado listos y a los profes que no aportan una seguridad nada adolescente se los comen vivos, de hecho, ellos están deseando ser mayores.
El país de Nunca jamás debe ser tremendamente monótono, aunque yo, de Peter Pan, me he quedado con la sombra, ya sabes, la que llevamos todos cosida a los zapatos, aunque nos empeñemos en negarlo.
 

¿La radio es tan fascinante como parece o es pura exageración? Cuéntenos su historia de amor con las ondas.

Más que fascinante es como una adicción. La radio tiene algo de mágico; nuestras palabras se expanden por unas ondas misteriosas y pueden convertirte en aquello que el oyente se imagina cuando te escucha. Como no hay imagen, la palabra alcanza un rango imposible en otros medios de comunicación.
Pero mi historia de amor con las ondas es una verdadera historia de amor.
Yo tenía un amigo al que quería mucho. Se empeñó en que me pusiera delante de un micrófono para decir las cosas que hablábamos en nuestras conversaciones. Era el director de “La radio Nostra”, 91.2. Este verano se fue para siempre. Yo sigo delante del micrófono contando cosas.
 

Afirma que leer en voz alta es un arte y un deber, pues sólo escuchándonos podemos saber cómo suena aquello que hemos escrito. El ritmo y la letra tienen que bailar obligatoriamente en nuestra garganta pero, ¿por qué cree usted que ya casi nadie practica la lectura en voz alta? Y ya que nos ponemos en materia, ¿por qué leemos tan mal los escritores?

Mozart tenía su prodigiosa música en la cabeza, pero la escribió para que la pudiéramos escuchar. Si nuestras palabras tienen ritmo, música, también hay que hacerlas bellas con la voz.
En la escuela suelo leer para los niños. A ellos les encanta, pero hay que hacerlo bien, transmitiendo, modulando…
Los escritores no leemos mal, aunque tenemos un cierto pudor, la sensación de que al leer se desvirtúa la belleza de lo escrito -y es todo lo contrario. Un relato bien leído mejora, sin duda.
En la biblioteca de Molins organizamos lecturas de relatos y un actor de teatro nos enseña a prepararlas. Nos damos cuenta de que al público le entusiasma escuchar las historias leídas por los propios autores.
 

El amor es una maldición. Atrévase a negarlo.

El amor. La imperfección que nos hace humanos
Pero el amor no me ha decepcionado nunca. Es el corazón el que traiciona cuando se equivoca, el culpable de que se desencajen las cosas.
Una dulce maldición, en todo caso, ¿no creen? La maldición nuestra de cada día.
Amen.
 

En su opinión, ¿el destino nos maneja o somos nosotros los que movemos sus hilos invisibles?

El destino es una inmensa pista de aterrizaje. Tiene todas las posibilidades. Las tiene todas. Podemos aterrizar en la vía que nos parezca, esa será nuestra decisión y lo que pase después, el destino. Por eso, siempre es mejor ver el paisaje desde arriba. Dicen que la mirada, cuanto más alta, más amplia.
Sin embargo, creo que no existe nada  que no se pueda cambiar o rectificar, incluso antes de que ocurra, para eso están las intuiciones que nos van hablando al oído. La gracia está en aprender a escucharlas.
 

Su incursión en la literatura ha sido a través del relato corto, sin embargo ahora está inmersa en una novela en la que las mujeres toman las riendas. ¿Cuántas cosas nos quedan por contar todavía? ¿A qué huelen las historias narradas por mujeres?

Las mujeres tenemos mucho que contar, lo tuvimos y lo tendremos. Cada mujer lleva dentro una buena novela. Nuestra visión está salpicada de matices invisibles y de infinitas percepciones.
Lo que no acabo de encajar es ese aroma de victimismo que siempre nos envuelve. Eso me huele a rancio.
Las únicas riendas que quieren llevar las mujeres, sobre las que escribo, son las de su propia vida, las de su destino -lo que decía antes, la libertad y el derecho de elegir y equivocarte. A veces no saben exactamente lo que quieren, pero hay una cosa que tienen muy clara: Lo que no quieren.
 

Comparta con nosotros algunos de sus autores favoritos, aquellos que sigan influyéndole hoy en día.

Los libros que he leído y releído en horas altas y bajas: Pío Baroja, Hermann Hesse, Simone de Beauvoir, Thomas Mann, Aldoux Huxley, Walt Whitman…
Los más recientes: Vila Matas, Javier Marías, Marcela Serrano, Primo Levi, Saramago…
Leo mucho ensayo porque participo en tertulias de este género. Recomiendo “Modernidad líquida” de Zygmunt Bauman.
 

Vivir mucho y escribir poco, suena a fórmula magistral, ¿no cree?

Lo magistral sería vivir mucho y escribir mucho. Ya me gustaría tener esa capacidad, pero no llego a todo. Si me quitan a los amigos y sus confidencias, las largas tertulias familiares, las cenas románticas con mi marido, las noches de copas con mi gente, la radio, mis horas flamencas -el baile con “duende”- y mis críos del cole, entonces me matan, y muerta, ¿cómo escribo?
 

¿Las obsesiones matan?

Las obsesiones son pensamientos circulares y, más que matar, atormentan porque no dejan respirar a las ideas. Las obsesiones son peligrosas porque paralizan, pero tienen su encanto, no tener ninguna es muy triste.
 Al menos, una.
 

¿Qué libro descansa en su mesilla?

Dos. “El silencio de Dios”, un ensayo para la próxima tertulia y “Brooklyn Follies”, de Paul Auster.
 

Confiésenos un autor que la saca de sus casillas.

Ninguno. Cuando un libro me atormenta lo abandono, por eso no llego a odiarlo. De todas formas aborrezco los “exagerados grandes éxitos”, los encuentro sospechosos.
 

¿Cómo ve la trayectoria de la AAE desde sus inicios? ¿Se siente arropada? Cántenos las cuarenta mientras acaricia las teclas de un piano imaginario.

Yo entré a formar parte de la AAE por casualidad -como casi todo lo que me pasa-, cuando conocí, en una jornada literaria en Sallent, a Javier Aguirre y Joaquín Callabed. Al poco tiempo asistí al segundo Congreso de Daroca y me sentí como en casa desde el primer momento, me siento arropada, es cierto y, casi diría, querida. La AAE me ha proporcionado buenos amigos, algunos muy entrañables.
La AAE ha evolucionado para mejor. Veo inquietudes y mucho movimiento. Cuando tengo ocasión me escapo a Zaragoza para compartir algún momento estimulante. Este contacto es, para mí, necesario. Siempre vuelvo a casa con ideas y planes.
Para acabar, voy a dar un “estirón de orejas” -cariñoso, no creas-, ya que me lo pides, por no decidiros a organizar algún acto en Barcelona. Los pocos miembros de la AAE que nos encontramos por aquí nos organizamos bien y tenemos buena onda. Como decimos en los brindis: por la amistad, la literatura y la libertad (esto es de Joaquín Callabed)

……………………………………………………………………………………………

Mª Jesús Fuentes Roldón por Mª Jesús Fuentes Roldón:

Flores en la memoria
Nací a finales de Mayo, por eso debe ser que veo la vida de colores, como el balcón de mi casa en primavera. Y el vaso medio lleno.
Mis primeros recuerdos: un rostro bellísimo –el de mi madre- y su sonrisa de rojo carmín, de fondo el sonido de la Underwood de dos tintas en la que mi padre escribía la vida por las noches, y el humo de su cigarro crónico volando hacia la lámpara.

 El piano.
Aprendí simultáneamente a leer las letras en un libro y las notas en el pentagrama. La música se relaciona misteriosamente con las palabras dentro de mi cabeza. No puedo escribir sin una melodía de fondo.
A los siete años me sentaron delante de un piano enorme y establecí una relación con él durante muchos años, hasta que me volví rebelde y lo abandoné para apasionarme por otras cosas, pero aquella conexión íntima con su teclado blanco y negro me ha acompañado toda la vida. Aún lo conservo, pero él ya no me quiere a mí.

Batas blancas.
Soñaba con ser médico como mi padre y hermano, pero me fui a vivir a Barcelona a los dieciocho años y allí conocí a Pere Vergés, un pedagogo que ponía en práctica su visión democrática y estética de la enseñanza en una escuela, en la que yo trabajaba como ayudante de parvulario. Me enamoré profundamente de su filosofía y de los niños, de manera que, en lugar de matricularme en la facultad, me fui a Magisterio. Nunca me he arrepentido de aquel cambio de Norte. Los niños me gustan con locura y, después de tantos años, todavía no me cansan.
Años más tarde estudié pedagogía musical y volví a mi piano para titularme como profesora de música para primaria.

La otra y yo.
Soy dual y contradictoria, debe ser por lo del signo zodiacal: géminis pura y dura. Sin embargo no creo del todo en la influencia de los astros, pienso que es más bien la experiencia, la que reeduca y doblega los genes.
Me muevo entre el cielo y las tinieblas y paso de una cosa a la otra en cuestión de segundos, aunque puedo estar a la vez en las dos. Con frecuencia escribo para tratar de entenderme o descubrir a esa otra que me habita y reconciliarme con ella.

Trazos que hablan.
Me di cuenta –porque me encanta escribir a mano y con tinta negra- de que mis variaciones emocionales, estados anímicos y contradicciones se reflejaban en los rasgos de mi letra y que a los niños les pasaba lo mismo. Dejé mis estudios de Historia por un tiempo y decidí investigar en aquellas huellas que nos retratan, al fin y al cabo la historia es la consecuencia de las pulsiones humanas. Condillac decía que todo lo que pasa, pasa por dentro.
Durante cuatro años me dediqué a conocer la ciencia de la grafología y descubrí un sistema increíble de indagar en lo que somos y lo que parecemos.
Si me dejas ver tu letra no tendrás secretos para mí.

92.1 F.M.
Un entrañable amigo me indujo a escribir para la radio y allí sigo atrapada en las ondas desde hace varios años. Un programa en directo y un comentario semanal que me permite expresar mi pensamiento y decirlo. Leer en voz alta lo que escribimos es imprescindible para saber cómo suena. El ritmo y la armonía se hacen tangibles en la lectura.
He escrito muchísimos comentarios; algún día los publicaré. Mientras tanto, la radio me conecta con la gente y de paso me obliga a perfeccionar mi catalán, escrito y hablado.
Me siento bien como comunicadora, o contadora, como quieras. 

¿Cuánto tiempo hace que no te enamoras?
Si no estoy enamorada no puedo escribir y, aunque enamorarse no es tan fácil, yo casi siempre lo consigo.
Nací para el amor –no me malinterpreten, he dicho “amor”.
Me enamoré de la máquina de escribir de mi padre, de sus libros y de sus historias, del rojo de los labios de mi madre, del piano –relación amor odio-, de los niños de la escuela, de mi otro yo, de lo que no digo aunque pienso, de mi profesor de historia contemporánea –que me suspendió por culpa de la revolución francesa-, del cura de mi pueblo, aunque él no lo sabía; se creía que yo era muy beata y por eso siempre estaba en misa. Me enamoré de la radio y de su gente, me enamoran las miradas cómplices y todo aquello capaz de seducirme, porque la seducción es la primera página del amor o de la pasión.
Enamorar al lector,  seducirlo: imprescindible.
¿ Y tú, cuándo fue la última vez que te enamoraste?.

Yo publico, tú publicas…
Escribo moderadamente y he publicado poco; dos veces y tras una serie de acontecimientos personales. Me encantaría saber qué clase de redes nos prepara el destino para que sucedan las cosas.
De todos modos no me preocupo de publicar cuando estoy escribiendo porque, en cuanto lo pienso, me sorprendo cambiando cosas y condicionando mi idea. Escribo libremente y no creo que todo se deba publicar, lo importante es ir atesorando una pequeña obra y no tener prisas . Dijo Félix Grande en el Congreso de Daroca que escribimos porque tenemos frío y publicamos porque tenemos miedo.
No conozco el miedo. El frío, si.
En 2003 publiqué una narración DA CAPO Y HASTA EL FIN, en la que reflexiono sobre la enfermedad y la muerte, la amistad, el amor y toda sus ramificaciones, sobre el sentido del dolor…
Me embarqué en la aventura del relato corto y gané un premio, de manera que estuve un tiempo conociendo este género, hasta que, en 2008 publiqué en Cantela mi CANON CIRCULAR, seis relatos con visión femenina. Seis mujeres que cantan una melodía, cada una en su voz y tonalidad. La versión bilingüe, castellano-catalán tuvo muy buena acogida en Molins, donde vivo.
Estoy escribiendo una novela sobre los desdoblamientos de la personalidad. Mujeres como protagonistas, las actuales y las antepasadas. Me encantan mis antepasadas, sobre todo las que se salían de las normas. Qué valientes.
Espero volver a publicar, pero mientras tanto me paso el día con mis niños, voy y vengo a la radio, escribo los comentarios con sumo cuidado de no repetirme, leo muchísimo, bailo flamenco y dedico las mejores horas de mi tiempo a charlar con mi familia y amigos.
Vivo mucho, por lo tanto escribo menos de lo que podría. Como escritora: Suspenso, que le vamos a hacer…

…………………………………………………………………………………………….

 

Un relato de Mª Jesús Fuentes Roldón:

                                                 MARÍA PUICERCÚS
                                   ( Fragmento de un cuaderno amarillo)
                                       

                                              “Me fundo como una sombra entre otras sombras”


     Me llamaban María, aunque mi verdadero nombre -del que casi nadie tuvo noticias- era María Pía. Ya ves que lo de los nombres es una cuestión puramente aleatoria, así como  los chismes de sobremesa, en los que las familias cuentan las historias de los míticos locos del pueblo como yo, pero mi verdadera historia  sólo tú tendrás el privilegio de conocerla –quien quiera que seas–, si lees este cuaderno amarillo.

     Nací en mil ochocientos setenta y tres en Boltaña y en el seno de una familia importante, con su extenso patrimonio, un apellido de cierto rango y una enorme casa solariega de ostentoso alerón, escudo y capilla.
     Además de éstas, y otras cosas, nací rebelde.
     Viví y morí de amor, aunque nadie reparó en este detalle (total, como estaba loca…), así que, ya ves, no me he ido del todo. Contar mi historia es un asunto pendiente y el cuaderno me ayudará.

     Mis padres estaban muy preocupados por mi futuro, ya que cuando cumplí los dieciocho años no habían conseguido hacer de mí una “señorita al uso”. Mientras las jóvenes del pueblo tejían las horas de su vida en el bordado de un ajuar interminable e incierto y cuidaban de sus padres, abuelos, novios, hermanos y tíos –como si la condición masculina llevara intrínseca la virtud de la inutilidad–,  yo me calzaba unas botas, me ponía los pantalones de montar de mi hermano Juan, disimulaba mi largo y rojo cabello de rizos obstinados en una trenza, que escondía bajo un gran sombrero, y ocultaba mi  pecho bajo el chaleco y la enorme camisa, que también solía prestarme Juan sin que nuestros padres lo supieran –aunque lo hacía siempre a regañadientes.
     Cabalgaba durante horas en solitario y disuelta en el paisaje, disfrutando de los aromas de la primavera, de los colores del otoño, del resplandor de la nieve en invierno y del fuego dorado de las espigas en verano. Solía marcar el ritmo de mi caballo, al paso cuando el camino se abría sugerente y nostálgico, al galope en los llanos, o trotaba alegre jugando con el sendero del riachuelo…
     Los años dedicados a esta afición secreta habían otorgado a mi aspecto una imagen peculiar que no se parecía en nada al de las jóvenes de mi edad. Mis brazos eran delgados y fibrosos, los muslos bien torneados, pocas redondeces y un color dorado en la cara, poblada de pecas que se convirtieron en un martirio para mi madre, porque yo me negaba a ponerme remedios para que desaparecieran. Mi aspecto me gustaba.
     Tenía los ojos grandes y descarados -casi inquisidores-  de mirada vehemente y alta, que resultaba insultante en una joven de mi edad. Las normas de educación obligaban a las mujeres a bajar la vista con humildad, o a esconderla tras un abanico para insinuar. Nunca se debía mirar como miraba yo. Sin embargo, la sumisión jamás hizo buenas migas conmigo.
     También me sentía  diferente al resto de las jóvenes en otras cosas. No sabía bordar ni tocar el piano, planchar, ni siquiera cocinar. Dedicaba el tiempo libre –además de los interminables paseos a caballo– a aprender el arte de interpretar los sueños. Me lo enseñaba “la Doblada” –la llamaban así porque tenía la espalda completamente torcida, casi en ángulo recto. La Doblada era una curandera de dudosa reputación por sus presuntas prácticas de brujería. De ella también aprendí los secretos de la alquimia, los remedios mágicos para curar  enfermedades y tristezas y el manejo de las velas para canalizar los deseos.

     Todo era atípico en mí, como mi relación con Andrés, un labrador que trabajaba desde niño en los campos de mi padre.
     Andrés era un hombre joven, enjuto, surcado su rostro por las marcas del sol, el cabello claro, con un mechón indómito, que caía sobre su frente morena. De sonrisa franca, brazos fuertes, mandíbula marcada, mirada profunda y pocas palabras. Nos amábamos bajo la gran encina, que nos ocultaba bajo sus ramas. La llamábamos Reina, por lo majestuosa.

     Después del amor liábamos unos cigarrillos de tabaco picado y fumábamos como dos compañeros cómplices, sin promesas ni justificaciones. Tras el cigarro Andrés me besaba despacio, después montaba en su caballo y, muy erguido, se perdía en el horizonte granate del atardecer. Yo me quedaba mirándolo ensimismada y él nunca volvía la cara, creo que para no retroceder. Tenía que acudir a la cita diaria con su novia, la joven que me hacía rechinar los dientes de pura envidia, con sus abundantes senos, redondas caderas y ojos de adolescente en celo. Sin embargo yo, desde mi existencia clandestina y ocultos deseos, me alegraba, en el fondo, de no parecerme a ella porque se casaría con Andrés -eso ya era irremediable-  aunque él me amaba a mí bajo la Reina, desorientado en medio de sus contradicciones. “Siempre serás mía”, me decía rabioso y apretándome contra su pecho. Pero cuando me quedaba sola y montaba en mi caballo todo cambiaba en el paisaje. Me sumergía en una alegría oculta y misteriosa de mujer enamorada y libre y oprimía los muslos con fuerza contra el lomo del animal para volar al galope por los campos abiertos, hasta llegar a mi casa. Allí me soltaba el cabello, encendía las velas y me contemplaba desnuda en el espejo, segura de mí misma y complacida…En aquellos momentos dejaba de importarme la muchacha de busto generoso y anchas caderas. Ella le daría muchos hijos a Andrés -de los que uno ó dos llegarían a mayores-, se marchitaría a la sombra de los fogones y se le apagarían los deseos. Tal vez, yo no estaba dispuesta a semejantes cosas.
   
El día de su boda, Andrés cruzó su mirada con la mía y entendió que jamás volveríamos a encontrarnos bajo la encina, aunque también sabía que algo nos uniría por el resto de nuestras vidas, porque los secretos de amor enlazan los corazones para la eternidad.

Sonreí poderosa y dueña de mi destino.

 

……………………………………………………………………….

Publicado en Personaje del mes | Sin Comentarios »

José Ángel Monteagudo: Personaje del mes

Publicado por Angelica en Diciembre 23rd 2009

jose-angel-monteagudo

Entrevista a José Ángel Monteagudo
por Angélica Morales

Así que infancia con los Salesianos, ¿tiene usted alma de mártir? ¿O es que para ser rebelde es necesario abrazar antes una fe de quita y pon?


En realidad toda mi vida estudiantil, excepto la etapa universitaria, anduvo rodeada de curas y monjas; preescolar en las Josefinas, EGB y FP en Salesianos Zaragoza. Uno puede ser rebelde por muchas o por ninguna causa (como el Dean), no creo en la fe como la primera virtud teologal que defiende la iglesia sino más bien la tomo como la acepción de confianza; por eso mi fe no es de quita y pon, sino íntegra en todo aquello que realizo. La misma adolescencia en la mayoría de los casos es la rebeldía pura y así me la tomé yo. También le diré que los curas Salesianos que yo conocí eran de otra pasta que la del cura retrógrado e inquisitorial que suele habitar en muchas sotanas, y si le digo la verdad las únicas tortas que vi en clase y los reglazos que un servidor llevó en las manos fueron de profesores seglares.
También le digo -ya en FP- que quedaba raro escuchar el “Salve” de La Polla Records, y andar a vueltas en un colegio de curas. Creo que al final los extremos se necesitan.

Nos comenta que en su juventud se decantaba por las lecturas imposibles, ¿lo hacía por voluntad propia o para fardar ante sus amistades?. Haga memoria y comparta con nosotros algunos de aquellos libros seductores.


Nunca me costó leer. Cogí el hábito muy temprano y, además de los tebeos de toda la vida (me encantaba el guerrero del antifaz, que aún hoy debe andar combatiendo el mal y a los infieles por Afganistán adaptándose a la época), y los libros clásicos de Verne, Blyton, etc, leía una enciclopedia de apartados (¿Dime por qué?, ¿Dime dónde está?, ¿Dime como funciona?..) que me encantaba y nutría mis ansias de aprendizaje. Empecé a leer clásicos de toda la vida, pero un libro que me cambió de verdad la visión fue “El otro árbol de Guernica” de Luis de Castresana, un libro autobiográfico poco conocido pero que fue Premio Nacional de Literatura por los años 50 y trataba de un grupo de niños vascos trasladados a Bélgica durante la guerra civil, que cuentan sus tribulaciones y vicisitudes. Lo leí con 10 años y comenzó a llevarme a otras lecturas, a interesarme por la historia e intentar comprender –o más bien aprender- que significaba la política, que era aquello de las izquierdas y las derechas.

Ganador de un concurso de guitarra clásica. No me lo imagino a lo Paco de Lucía, fíjese. Ya que estamos en danza musical, confiésenos uno de sus mitos.


Aquello fue corto, tenía 8 ó 9 años (iba a 4º de EGB) y en sólo dos años de clases gané el Mª Auxiliadora de mi categoría que se celebraba en el antiguo teatro del colegio Salesiano –donde actualmente están las aulas más nuevas-. A partir de aquello no sé que pasó pero perdí interés y lo dejé, a pesar de la insistencia de mi madre. Mi madre siempre se interesó por los aspectos culturales y es la que me inoculó el gusto por la lectura.
Musicalmente tendría que llenar dos folios para quedarme contento con mis referencias –más que mitos- musicales. He navegado de los Clash a Tchaykowski –como dice Gaeto Mundó en su biografía al desuso- pasando por Boney M, Dr. Feelgood, Stray Cats, Rosendo o Manzanita, escuchado los más terribles grupos punk con el pop al uso, grupos heavies, rockers… de todas clases y colores. Fuimos una generación que no le hicimos ascos a ningún tipo de música porque nos tocó una época dorada en la que conocimos a los artistas anteriores y coincidió con la madurez creativa de los grupos del momento (muchos españoles) ahora míticos. Eso sí, siempre me gustó el punto de calidad de las letras por eso adoro a autores como Serrat, Santiago Auserón (Radio Futura), Sabina…

Afirma usted que hubo un tiempo en que se hizo ferviente seguidor de una religión con nombre de boa tropical “Arconadista”. ¿A qué Santico le rezaban ustedes? Arroje luz a nuestra ignorancia.


Evidentemente a San Arconada, el mejor portero del mundo por siempre jamás. El único Santo al que he visto, en directo y con mis ojitos, volar a lo infinito, parar lo imposible (aunque por una debilidad allá en París lo clavaron en la cruz del fallo los vocingleros mediáticos deportivos), amar a unos colores (los de su equipo de siempre) por encima de otros (los del dinero), y ser una persona íntegra a pesar de feroces campañas y ataques a su persona. Este sí que fue un mito de nuestra generación y tenemos como deber reivindicarlo en estos tiempos tan mediocres en todo, sobre todo en el “fúrbol”, este “fúrbol” de millones, influencias, camisetas vendidas, sociedades anónimas deportivas (malgastadoras e interesadas), y conversaciones “catedráticas” de barra de bar. Es lo que toca, nuestros padres eran de Ramallets o Iribar, y nuestros hijos son de Iker –el Casillas, no el iluminado de los fantasmas-, nosotros éramos de Arconada. Los guantes de portero eran parte fundamental del equipo diario, junto a los libros, me los enfundaba y al patio a batallar, digo… a parar. Arrasábamos en los equipos de fútbol y a los 14-15 años quedamos campeones de Aragón de escolares.
A los 10 u 11 años yo creía que Arconada era un Dios, luego comprobé que estaban invertidos los factores; Dios era Arconada.
Je, je, creo que me he pasado un poco.

Sin duda es usted una cajita de sorpresas, o un maletín de sport Billy, no sé. Háblenos de su momento “Punk”. Amén de la revolución musical y estilística, ¿hubieron cambios en sus gustos literarios?


Pues le diré que sí. Estamos hablando de los 15 a los 20 años, más o menos. Pasé de la lectura meramente narrativa en la que había leído a los clásicos más clásicos; Baroja, Sender, Poe, Dumas, Bécquer, Cela, Valle Inclán, Cortazar, etc., a devorar libros de historia (de Aragón y España, medievales, la guerra civil, el franquismo, la transición…), de movimientos sociales y obreros, de arqueología… lecturas que me sirvieron posteriormente para cursar la Carrera de Historia.
Formar parte de los grupos musicales aumentó mi capacidad a la hora de desarrollar un poco más las letras y adaptar la métrica a los estilos musicales.

También ha coqueteado con la radio en un programa que se llamaba “Sobremesas jamaicanas”. ¿Qué tal se le daba el directo?


Eso fue una etapa muy concreta (1987). Tenía 17 años. Se hicieron unos cursos de radio en la Casa de Juventud del Casco Viejo y a raíz de eso se montó una radio pirata; “Onda Vorde”. No tengo ni idea de cómo llegamos a parar allí, supongo que conoceríamos a alguien en los ambientes que nos movíamos y fuimos a una Asamblea (allí todo funcionaba por Asamblea aunque la mitad de los asistentes no hacían ni caso) en la que tras explicar nuestras intenciones, dieron el visto bueno y comenzamos a emitir el programa. Empezamos un amigo (“Zapa”) y yo, aunque al final todo el mundo (demás amigos, compañeros de clase…) se apuntaba a venir, hasta un cura del colegio nos escuchaba todos los miércoles (para que veas tú según con qué curas). Pagábamos una cuota mensual, el “estudio” era una vieja buhardilla del Casco Viejo y frente a la mesa de mezclas había un cartel con instrucciones de cómo huir por los tejados a la casa contigua si llegaba la policía (la controvertida y macarral UVE, los de mi edad ya saben de que hablo). Al final vino de verdad el lobo, digo la UVE, y desmanteló el equipo. Cogimos algo de soltura para expresarnos y lo pasamos verdaderamente bien.

Eso de que participó en la “Quebrantahuesos”, ¿es verdad o un cuento de calleja?


Tan cierto como que me está entrevistando. Siempre me ha encantado el ciclismo y la bici me servía para evadirme y hacer deporte. Era el contrapunto perfecto para los excesos del lado roquero, una forma de cuidarse un poco y no pasarse.
La famosa “Quebrantahuesos” fue en el 98, cuando “sólo” participaban 3500 personas y yo tenía 15 kilos menos en el cuerpo. Fue una etapa de tranquilidad, ya había pasado el furor roquero y me dedicaba más a mis labores literarias y a mi carrera universitaria. Fue un objetivo que me propuse y lo terminé a base de muchos kilómetros recorridos durante todo el año de preparación (¡más de 10.000 kilómetros, hice ese año! Sí, no sobra ningún cero) Tampoco perdonaba las noches con los amigos, pero cuando comenzabas a subir un puerto te recordaba todos los cubatas y cervezas de la noche anterior de forma inmediata e inmisericorde, por lo que decidí controlar la ingesta de brebajes. ¡Qué crueles son las rampas de los puertos de montaña!

Dice que en sus inicios literarios se decantaba usted por los relatos “Sádico-líricos”. ¿El orden altera su producto?


Relatos sádico-líricos fue una serie de historias que escribía para que lo leyeran los compañeros de clase. El protagonista era un tío macarra que se metía en mil historias surrealistas y, a su vez, reflexionaba sobre la vida, el mundo… Le puedo asegurar que el orden no alteraba el producto de ninguna manera. Era una época efervescente, cada uno hacía lo que le gustaba, los que dibujaban genial hacían tebeos a los que poníamos el guión, otros organizaban lecturas, otros les tiraba la fotografía, íbamos a conciertos y actos diversos, montábamos nuestros grupos musicales y actuábamos en cualquier sitio…

¿Y de su vena poética, cuándo hablamos?


Pues, ya mismo. Me encanta la poesía, siempre leo algo de poesía, me evade de una forma emocionante y rápida cuando encaro la lectura de algún poemario. Tengo toda la biblioteca poética en el salón de casa, y a veces llego de trabajar y sin cambiarme, me siento en la silla más cercana y releo algún poemario que pillo a mano. Me encantan los clásicos (Machado, el 27, Hernández, simbolistas…), más que los modernos, pero no le hago ascos a ninguno. Bueno… excepto a los poetas de pacotilla, a los ridículos, a los que exponen su verborrea mental inconclusa creyendo que el lector es tonto, además de engañarse ellos mismos. A los que se creen que colgando cuatro pajas mentales en un blog y que les adulen o loen, se es poeta.

La seriedad le permite adentrarse en las entrañas de revistas literarias y comienza la publicación de sus obras más destacadas. ¿De cual de sus criaturas se siente más orgulloso?


Nunca podemos decir de qué hijo nos sentimos más orgullosos. El primero tiene la excelencia de serlo, pero todos los demás aportan cosas igual de importantes; eso es si nos tomamos cada libro como algo serio y que, en teoría, intente aportar algo nuevo a nuestra trayectoria. Me revienta el autor que tiene que editar por sistema porque si no le escuece no estar en la pomada, y me da lástima el que lo tiene que hacer por decreto, digo, por contrato, pues carece de libertad.

Pertenece a la Asociación Aragonesa de Amigos del Libro y a la Asociación Aragonesa de Escritores. ¿Tanto asociacionismo no le lleva por la calle de la amargura?


Me lleva por otras calles que me son más placenteras; la de la satisfacción de hacer algo que me gusta, la de compartir experiencias o conversaciones con gentes afines a la actividad literaria, la de conocer a otros autores y artistas del panorama cultural, etc Todas esas calles desembocan en la Plaza del Trabajo que es lo que conlleva estar asociado y participar en las actividades y programaciones.
La calle de la amargura la atravesamos cuando se trata de alcanzar la otra plaza principal, la del tiempo que necesitamos para realizar todas esas actividades por amor a la cultura, tiempo que tenemos que repartir o quitarnos de otras actividades. El tiempo es más que oro en estos tiempos que todos marchamos tan atareados y estresados.

Dirige la revista literaria Barataria. Publicítese y díganos lo bien que funciona y lo maravillosos que son sus colaboradores.

Barataria es la revista de la Asociación Aragonesa de Amigos del Libro, de la que soy Director desde el año 2007. Intento que sea un producto digno, de calidad, sin sectarismos ni capillicas literarias, ayudando al que empieza para que vea publicado algo de su obra y disfrutando de los colaboradores de altura y ya consagrados que participan con agrado –creo-, y con la certeza de estar editando una publicación de referencia en el ámbito literario (Barataria se edita desde el año 1991). Suelo pedir trabajos inéditos como signo de exclusividad, que sea la seña de identidad de la revista.

¿Qué le queda de ese escritor genial que fue Román Ledo?


José Antonio Román fue un padre, un amigo, una enorme persona, todo un carácter, un escritor fuera de serie que no atendía a modas sino a la calidad de lo expresado, y sobre todo un gran maestro del que aprendí a afrontar “profesionalmente” un trabajo literario, a cuidar las palabras, su riqueza, saber valorarlas y usarlas.
Tuve la suerte y el privilegio de disfrutarlo, de aprender de él, y sin duda crecí como escritor de forma importante y también como persona.

¿Para cuándo un nuevo libro?


En febrero de este mismo 2010 salé a la luz un libro que he preparado junto a José Luis de Arce sobre los 100 Premios Búho que ha entregado la Asociación Aragonesa de Amigos del Libro. Un libro arduo que nos ha llevado tiempo y mucho trabajo. Espero que se note el resultado.
Después tengo un trabajo de relatos casi terminado y otro en marcha (una novela).

Un deseo navideño que sea original. Ponga en marcha la imaginación.

Creo que no puedo ser nada original. Que 2010 nos traiga salud a todos; con salud afrontaremos todo cuanto nos venga.

BIOGRAFÍA AL DESUSO (de José Ángel Monteagudo)
Por José  Gaeto Mundó

jose-angel-monteagudo-solop1

Conocí a este chico (ahora escritor) en una EGB salesiana, en Zaragoza, y ya entonces me sorprendía con lecturas que ninguno de los que le acompañábamos teníamos ni repajolera idea de por donde iban los tiros. En esta etapa le dio tiempo, además de sus labores colegiales, de leer compulsivamente, de aprender guitarra clásica, ganar un Certamen -del mismo instrumento- Mª Auxiliadora, y hacerse de una nueva religión que en aquellos años hacía furor “Arconadista”, llegando a mimetizarse con el ídolo de forma preocupante –hecho que agradecieron los equipos de los que formó parte- demostrando sus vuelos y paradones en los campos colegiales.

Seguimos juntos en una FP eléctrica –en sentido figurado y real-, de ahí que la guitarra clásica se cambiase, cómo no, por la eléctrica (gracias a algún trabajillo extra) abrazando el punk y el rock formando parte de grupos musicales de corto recorrido aunque fulgurante esplendor (el Piramys, o la Casa de la Paz, hablarían maravillas de aquellos tiempos…), aunque -como él ingeniosamente me comentó un día-  musicalmente le gustaban los “Clashicos”, es decir de los Clash a Tchaykowski. Protagonizó un programa radiofónico semanal en una onda local “Sobremesas Jamaicanas” (evocador, ¿no?) y disfrutó de cuantos conciertos y jaranas pudo. Abrazó nuevos deportes en forma de dos ruedas –llámese ciclismo- corriendo una de las primeras “Quebrantahuesos”, cambió el micro de los escenarios rockeros por un puesto como tenor en la Coral Laudística “Amigos del Arte”, acudió a cuantos talleres literarios se le pusieron en el camino y comenzó a escribir sus primeras óperas primas literarias sólo para conocidos y amigos (alguien de clase le auguró que sería escritor); sus “relatos sádico-líricos” dieron que hablar por aquellos tiempos -y tuvieron más éxito que sus óperas primas poéticas-, mientras seguía leyendo compulsivamente, casi como una enfermedad.

La FP llegó a buen puerto pero tras el obligado “Año Mili”, y ya trabajando en el mundo real, hizo buena una vieja aspiración sacándose el acceso para mayores de 25 años a la Universidad, combinando a partir de entonces la Paleografía, Arqueología, y la Diplomática de la Carrera de Historia, con sus lecturas narrativas y poéticas, además de las exigencias laborales. Todo un logro que dejaba algo claro; el tesón, el trabajo duro  y el empeño mueven tantas montañas como la fe: el “Monti” sería escritor.
Hubo un punto de inflexión en el que decidió escribir en serio, ahí empezó su colaboración con numerosas revistas del ámbito literario y comenzó su obra editada; “Vera de Moncayo. Memoria Histórica”(Institución Fernando el Católico, 2005), “España de Damocles” (Fardacho Ediciones, 2004), “La generación poética del 65” (2007), “Los Bécquer; la mirada costumbrista”(2008), “Oruña”(2008), y “Ducha Escocesa” (Como coautor, 2008), libro en homenaje a Román Ledo..
Y el buen chaval, entró a formar parte de la Asociación Aragonesa de Amigos del Libro de la cual es ahora Secretario y dirige el Blog de la misma. También forma parte de la Asociación Aragonesa de Escritores con la que colabora.

Por último comentar que es Director de la Revista Literaria BARATARIA -una joya de revista-. Fulgurante trayectoria a la que, los que lo conocemos de cerca, llamamos trabajo. Parece buena persona el chaval, amigo de sus amigos a los que siempre tiene presentes. ¡Créanme, lo conozco bien! Pero ante cualquier duda de esta biografía al desuso, pregunten al autor sobre su apasionante vida y milagros. ¡Salud!

Un poema inédito de José Ángel Monteagudo, para estas navidades:

-A todos aquellos niños, que sufren la dentellada de la guerra.
A todos aquellos niños que no saben de paz.

NAVIDAD EN PIE DE GUERRA

Un niño
mira a los ojos de la noche.
Se ha introducido en su vientre
apergaminado,
con lágrimas hirientes
ruega descanso.

Un niño
vive en la noche.
Encriptado en sus pensamientos
deslabazados,
supura miedo inflamado
a través de sus manos.

Un niño
convierte su abrazo en noche.
Y la oscuridad avanza entre bramidos
de tormenta,
relámpagos de furia
y ecos de kalashnikov.

Era un niño,
como los nuestros.

Publicado en Asociados, Entrevistas, Personaje del mes | Sin Comentarios »

Fernando Burbano : Personaje del mes

Publicado por Angelica en Noviembre 16th 2009

 

 

burbano

ENTREVISTA A FERNANDO BURBANO

Por Angélica Morales

 

–No es un secreto que usted ha estudiado con los seminaristas, ¿ha conseguido domesticar su fe a lo largo de los años o sigue siendo un rebelde con causa?

 

Realmente no estuve con seminaristas. Estuve doce años en el colegio del Salvador, PP. Jesuitas, durante nueve meses cada año, de ocho y media de la mañana a ocho y media de la tarde, salvo dos horas para comer. Esto no es que marque, esto machaca al más templado. Luego vienen otros doce años de ducha moral continua para adquirir la forma con que recuerdas llegaste al lavado de cerebro, y luego… Mejor será dejarlo aquí, ahora pienso que está superado. En cuanto a mi fe, no solo está domesticada, más bien creo que está homotéticamente subvertida, o sea, no creo más que en los “buenos momentos “ del ser humano, sean estos los que sean y cuando sean, en lo demás ya ni siquiera sueño.

 

–¿Qué efecto ha tenido la religión en su manera de afrontar la vida?

 

Si he de decir la verdad, y ¡qué caramba! se la voy a decir, he hecho el canelo como un perfecto imbécil, eso sí, con ríos enteros de agua bendita. Ríos que ahogan la realidad y el deseo… pero no he podido hacer casi nada con ella. Ahí está pues.

 

–Actor y dramaturgo…No lo imaginaba a usted pisando las tablas. Cuéntenos su experiencia

 

Como actor ha sido realmente corta. Y menos mal. Me estrené como tabernero del “Juan José” de Dicenta y acabé con el don José de “Las entretenidas” de Miguel Mihura. Allí acabó todo, mi terrible miedo escénico pudo más que yo. Luego me entretuve con la dirección durante un par o tres de años, hasta que mi ego chocó con el ego en rascacielos de los actores, y lo mandé todo a hacer puñetas. Desde entonces me dedico a mirar, alguien tiene que hacerlo, y ha vencer mi miedo pánico a la escena. Todos los años busco la manera de intervenir públicamente tres o cuatro veces. Poco a poco voy consiguiendo resultados.

 

–¿Cómo ve el panorama teatral en la actualidad?

 

Entendiendo la pregunta y la intención determinada con que me haces la pregunta (iba a tratarte de vuecencia, puesto que tú me tratas de usted), sencillamente, no lo veo. Lo miro, lo busco, pero no acabo de verlo.

 

–¿Volvería a la interpretación si tuviera una propuesta tentadora?

 

Por supuesto que no, a no ser que fuera absolutamente necesario. Ni por asomo se me ocurre cómo puede ocurrir semejante eventualidad.

 

–¿De qué carecen los textos teatrales hoy en día?

 

Los poquísimos que hay, de compañías responsables que quieran representarlos. Hoy día, todos los grupos se piensan con el salero y la gracia para crear sus propios espectáculos; de esta manera, el autor hace textos, y conforme los termina, los va metiendo en el cajón, allí duermen el bendito sueño de los justos… En fin, sobre esto, tendríamos que hablar largo y tendido, pero no hay espacio ni tiempo.

 

–¿Es usted más espectador que lector? ¿Por qué se lee tan poco teatro en este país?

 

Soy bastante más lector que espectador. Reconozco que últimamente voy menos al teatro que lo que querría, pero no me apetece ir a ver viejas películas, que por otra parte, puedo disfrutar en casa, cómodamente sentado en mi sofá. Puedo entender que el dinero y la taquilla manden, pero ya son demasiadas las veces que me hacen comulgar con ruedas de molino…

 

–Comparta con nosotros los libros que le han dejado cicatrices en el alma.

 

Son demasiados. Si tengo tiempo y ganas volveré a leerlos todos. Últimamente, y por necesidades del guión psicológico-literario, he releído “El Árbol de la Ciencia” de Pío Baroja. Ha sido una experiencia que recomiendo a todo el mundo que pueda hacerla, releer un libro, luego de treinta años de haberlo leído. De ella y de algunas experiencias más, ha salido una de mis parábolas ateas que os enviaré para felicitar la Navidad; espero con ello ganarme el infierno. Bien estaré allí, compitiendo en desgracia y soserío con todas las putas y toreros del país. Entenderás que no hable de gracia y señorío cuando hablo de los réprobos… Bueno, esto va de broma… Si hay que dar un texto necesariamente, te daré dos. la “Fedra” de Ritsos (ya te la recomendé

a ti), e inmediatamente luego de leída y entendida en toda su poderosa magnitud sexual y tremenda, leer de un tirón la última novela de Javier Tomeo, nuestro paisano en París, titulada como “Pecados Griegos”, una lección magistral de lo profundamente cómicas que pueden resultar hasta las cosas más serias. Por supuesto, también “La Biblia”, “La Odisea”, “La tempestad”, y tantos y tantos otros, y de los que seguramente ni me acuerdo…

 

–¿Por qué cree usted que los textos teatrales son la cenicienta de la literatura?

 

Por lo de siempre. Hay que saber leerlos, y esto no es fácil. Ni en el ”cole”, ni en la Universidad te muestran cómo afrontar un texto de estas características, así que si quieres conocerlos te tienes que enfrentar solo al hecho de su lectura, con la consiguiente consecuencia lógica, de que pocos son los que osan semejante despropósito; consecuencia final: nadie compra una obra de teatro, nadie, tampoco, quiere editarlo. Y así, hasta la nausea…

 

–Ir al teatro nos hace mejores, ¿por qué entonces preferimos quedarnos embobados frente al televisor?

 

Aquí creo que te equivocas. Nada exterior a nosotros mismos nos hace mejores. Puede que el teatro, el cine, la literatura, la filosofía, incluso la religión tomada como medio, nunca como fin en sí misma, puede hacernos mejores, pero todo depende de eso que he llamado “un buen rato”, y este depende exclusivamente de nuestro interior pensante. Pero pensar cansa, y algunos reputan de muy peligrosos los productos procedentes del cerebro, así que mucha televisión y poco latín, no vaya a ser que nos salga la criada respondona… Últimamente he llegado a pensar que se nos concedió el cerebro para discurrir que es el culo el que debe tomar las riendas de nuestro razonar, y así nos marchan las cosas… Consecuencia final: los que nos metieron en una crisis galopante, económica y moral, nos van a sacar de ella. Sea.

 

–¿Quién es más mago, el autor teatral o el actor?

 

A corto plazo, indudablemente, el actor, pero a largo plazo es el autor, el buen autor, quién se lleva el gato al agua, sin duda.

 

–¿Qué proyecto literario tiene en estos momentos entre manos?

 

Un poemario de amor, que me lleva de cabeza, y unos cuantos cuentos. Espero que todo salga adelante. Toquemos madera, por si sirve de algo.

 

–Confiese; ¿Qué libro le aguarda en la mesilla de noche?

 

En el sentido que me dices, no tengo ninguno. No leo libros en la cama. Me gusta apuntar, releer, subrayar, escribir ocurrencias sobre cosas que vienen con la lectura, y esto no puedes hacerlo en el lecho. Es demasiado incomodo. Por tanto mi buena lectura es en la mesa de despacho. Cuando me ves hacerlo en otro sitio, o es que la lectura no me apasiona mucho, o es que estoy haciendo una lectura previa, de contacto, para hacer luego las cosas como a mí me gustan. Sí, son manías. Pero para contentarte diré que en mi mesilla de noche hay tres libros: una “Historia de España” de Saturnino Calleja, una “Antología de Novelas Policíacas” capitaneadas por Poe y una “Nueva Enciclopedia Escolar” del año 1937. Los abro pocas veces, pero los abro, pues soy de la opinión de que un libro cerrado es un paradigma de la inutilidad más manifiesta, hago pues lo posible por redimirlos de ella.

 

 

–¿Debería la AAE fomentar más a nuestros socios dramaturgos? ¿Qué actividades propone usted?

 

Propondría una lectura seria de los textos de nuestros autores, así como una enseñanza mínima de apreciación del texto literario dramático, al fin y al cabo es literatura como la realizada en otros géneros más frecuentados. Lo que sí me gustaría es aunar criterios a la hora de premiar una obra literaria dramática y hacer que el premio consiguiente no fuera un premio en metálico, que también, sino que el galardón para el premiado fuera fundamentalmente la puesta en escena de su obra premiada. Habría que luchar para que ésta fuera la regla, no la excepción.

 

–Las grandes revoluciones se llevan a cabo sobre los escenarios, ¿para cuándo está prevista la suya?

 

No terminan de gustarme las grandes revoluciones, todos sabemos donde han ido a parar, y qué han hecho con ellas los llamados poderes fácticos: la Iglesia, el municipio, el sindicato, etc., etc. Prefiero las revoluciones pequeñas y personales, que puedan ser manejadas por uno mismo. aprender a hacer un cocido fetén, pasar el aspirador una mañana por sorpresa, ponerse de improviso a planchar una camisa aunque no tengas puñetera idea…; en fin , todas esas pequeñas cosas que pueden hacer un ratico felices a los que nos rodean… ¡Ah, se me olvidaba!. preparar una estupenda caracolada con la cual los tuyos se relaman los dedos; en esas revoluciones si creo, las otras son muy bonitas para estudiarlas y hacer esplendidas novelas históricas, pero realmente no han servido para mucho más, demasiados muertos. Para terminar: se me ocurren una docena de nombres y apellidos de escritores y escritoras que con mucho más merito que yo tendrían que estar aquí, pero ya que me has elegido a mí: muchas gracias y un besico muy fuerte.

 

 

Querría añadir a todo lo anterior dos versos del último poema de mi libro “Resistencia a la rodadura”, helos aquí:

Porque quiero derecho a desdecirme de todo lo anterior si

      un día mi mente considerara lo contrario.

 

Porque quiero mente libre para hacerlo.

 

Ahora sí, ahora he terminado de verdad.

Fernando Burbano por Fernando Burbano:

 

FERNANDO BURBANO GARCIA. Nacido en Zaragoza, el doce de Abril de 1944. Educado en los Jesuitas, durante doce años, he conseguido no ejercer demasiado de ello. Cursos universitarios de física y  matemáticas en la Universidad de Zaragoza. Más adelante curso tres años de Arte Dramático en la Escuela Municipal de Zaragoza, entonces dirigida por don José Gimenez Aznar, para pasar a continuación a realizar dos cursos de improvisación y análisis de texto en el estudio particular fundado por entonces en Zaragoza, por la actriz argentina Esther Bonsi. He interpretado y dirigido varias obras teatrales que algún día reseñaré.

BIBLIOGRAFÍA:
Ecos de Soledad (poesía). Año 1978.
De mi, para ti, por todos (Poesía). Año 1979.
Resistencia a la rodadura (Poesía). Año 1980.�
Café Levante, dígame (Poesía). Año 2006.

Tengo escritos varios sin publicar: teatro, un buen numero de cuentos y varios libros de poemas, lo cual no cuenta más que para mi y para ti. Soy, desde su fundación, miembro de la Sociedad  de Escritores Aragoneses

 

CRÓNICA  PARA TRES FINALES

Por Fernando Burbano

 

… pero en los sueños el saber no necesita razones.

 

                                             B. CORNWELL

 

      Si, tu niñez: ya fábula de fuentes.

 

J.       GUILLEN

 

        Eran tiempos  blancos, eran tiempos mágicos.

 

        Había en nuestras cabezas infantiles otros mundos. Fuera, el globo: grande, áspero y difícil, encajando de alguna forma con el espacio inefable y sin sentido del vivir de los adultos. De algún modo la fantasía justificaba a la realidad.

 

        Gema, llorando, llegó del colegio a media mañana; Gema había sido expulsada de clase y del colegio por  “blasfemia y contumaz irreverencia a la Santa Religión Católica”; Gema seguía llorando media hora después, y especialmente empeñada en explicarse sólo cuando viniera su papá;  Gema tenía seis años recién cumplidos.

 

         Mi madre, cansada de intentar sonsacarle qué había dicho o hecho para semejante sanción, se dirigió al cercano colegio por ver de hablar con la madre superiora y poner en claro el comportamiento de su hija. La directora del establecimiento escolar, muy digna, “se negó a proferir semejantes dislates blasfemos y condenatorios; tendría que ser la niña quién se los explicase, dejando bajo responsabilidad de su conciencia, el repetir tamañas infamias”. Sicut dixit.

 

         Mi madre, indignada, llamó a mi padre a la fábrica y le contó lo que pasaba y cómo sólo él podía aclarar lo sucedido. Mi padre prometió que vendría en cuanto terminase un proceso químico que tenía entre manos. A la hora habitual llegó.

 

        Gema, mi madre y mi padre se encerraron en una habitación aparte, y tras de unos largos cinco minutos salieron; Gema con los ojos hinchados pero secos y una incipiente sonrisa tranquila y confiada; mi madre, enfadada y riendo, riendo y enfadada; mi padre, riendo a carcajada limpia.

 

        Muertos de curiosidad, mis hermanos y yo fuimos conminados a lavarnos las manos; mientras, mi padre, reprimiendo su risa, hizo unas llamadas telefónicas; a poco, todos nos sentábamos a la mesa. Un silencio inusual presidía aquella comida, y mi padre, con una sonrisa de oreja a oreja, lo respetó. A mitad del segundo plato mi madre rompió el mutismo anunciándonos que los pequeños, desde Isabel (ocho años ) para abajo, no iríamos al colegio aquella tarde. Cinco caras infantiles se iluminaron radiantes; dos, se fruncieron con envidia, y otras dos, más chiquitas, no entendieron nada.

 

        -Teníamos que ser examinados de Historia Sagrada.- nos comunicó mi padre con manifiesta ironía.

 

        Mi madre le reprendió, y reprochóle  su falta de seriedad para con la educación de sus hijos. Mi padre no quiso entrar al trapo de los reproches y dio por zanjado el suceso:

 

        -Por lo menos, hasta la tarde.- añadió, con voz seca y engolada, tras de la cual se escondía un profundo cachondeo.

 

        A poco de terminar de comer empezaron a llegar. Primero de todos llegó Don  Salvador Labastida,  coadjutor de la parroquia de Santa Engracia y director de uno de los pocos colegios seglares que funcionaban por aquel entonces; hedonista con todo aquello que le permitía su sagrado ministerio, era grande y coloradote dentro de su muy grande humanidad campechana; nos fue besando a todos y sólo cuando llegó a Gema se detuvo un momento y miró a mi padre; éste hizo un gesto afirmativo,  y el cura,  a la vez que le estampaba un sonoro beso, se encogió de hombros filosóficamente displicente.

 

        A poco, el timbre de la puerta nos anunció la llegada del segundo invitado. Era éste, el padre Efrén de la Madre de Dios, carmelita descalzo, con  “olor de santidad” según mi madre, con olor a retrete de Purgatorio según mi padre.  De una forma u otra, ninguno de nosotros quería acercarse al enjuto fraile seco y brusco, pues siempre te endilgaba un cariñoso pellizco con la santa excusa de que a este mundo veníamos a sufrir.  Entre nosotros habíamos constatado por los moretones subsiguientes que la intensidad de las “caricias” era  proporcional a la edad, y aún más intensas si cabe, si eras del sexo femenino.  Saludó a mis padres y a nosotros nos bendijo desde lejos.

 

        El padre Hilarión, carmelita calzado, fue el tercer conciliado que acudió a la cita. Hombre de pueblo grande, calzaba ínfulas de intelectual y su verbo, sin sustancia ni fondo,  pero lleno de citas rimbombantes, hacía furor entre las beatas y los ancianos sordos;  era superior de  su convento y encargado como párroco de pastorear las almas de su iglesia hasta que se tropezó con un trepa que lo desbancó con artes no muy marciales, ¿verdad padre Gomáriz?

 

        El padre Angel Arín S. J.  llegó el último.  Nos saludó a todos por nuestro nombre, y mientras a los niños nos daba ostentosamente la mano,  a las niñas les hacia una sonriente venia,  a la vez que besaba su mano, gesto que las ponía orondas y satisfechas.  Exultaba aires nobiliarios y gracias intelectuales;  orador de campanillas, muy apegado a su verbo y espléndidamente estipendiado por él.  Como él mismo decía, era un santo varón palaciego,  cuya sola contrariedad radicaba en que no desarrollaba su ministerio en una corte regia;  por lo demás,  era persona afable y con un espléndido sentido del humor.

 

        Luego de tomar café, se despidió a mis hermanos mayores al colegio y a los pequeños se nos confinó en el cuarto de jugar.  Después,  reunidos en tribunal en el despacho de mi progenitor,  nos fueron llamando uno a uno.

 

        A todos se nos hacía la misma pregunta: cuales eran los hijos de Jacob.  La respuesta de Isabel,  que ya había comulgado y llevaba tres años de colegio, así como la mía,  que llevaba dos y preparaba por entonces mi primera comunión para el año siguiente,  fueron correctas.  Se saltaron a Gema, que venía luego,  y fueron directamente a mi hermana Helena que tendría por entonces unos cuatro años:

 

        -Rubén,

 

Simeón,  Sicagón,  Sipedón,

 

Leví,  Noleví,

 

Judá,

 

Dan,  Quitan,

 

Neftalí,

 

Issacar,  Ymeter,

 

Gad,

 

Aser,  Anoasernada,

 

Zabulón,  El Negro Zumbón,

 

José

 

Y Benjamín,

 

Y una hija llamada  Cita,  Pacita y Recita –contestó de corrido mi hermanica con toda ingenuidad.

 

        Don Salvador,  dicen que ahogaba su risa en una globuda copa de coñac;  el padre Arín fumaba con deleite y releía lomos de libros contemplados  cientos de veces;  el padre Hilarión sonreía y negaba enérgicamente con la cabeza,  mientras contemplaba disminuido la seriedad tiesa y circunspecta del padre Efrén de la Madre de Dios.

 

-¡Qué barbaridad,  qué falta de respeto! -exclamó este último.

 

        -Bueno-,  dijo tranquilo el padre Arín  S. J.  –técnicamente no hay blasfemia,  no hay insulto, ni malsonancia contra el nombre de Dios, ni de sus santos….

 

        -¡Por favor!- interrumpió don Salvador en medio de un ataque de risa -lo nuestro sí que puede llagar a blasfemia, si tomamos en consideración la retahíla inocente de cuatro chiquillos y de un padre con demasiado sentido del humor; deshagamos el equivoco tonto y volvamos a quehaceres más serios que esta bronca monjil. ¿Hay más coñac?

 

        Las seis personas que estaban en el despacho, terminaron a  carcajadas y apuntando la incongruente lista de los ¿doce?  hijos de Jacob, decidiendo en extremo, dirigirse al colegio en solemne casi procesión y asegurar a la escandalizada monjita, por todo lo divino y humano, que sus castos oídos no habían escuchado otra cosa que una irreverente regla mnemotécnica, la cual sería corregida y enmendada debidamente.

 

        Todavía se preguntan por el barrio, qué significaría aquella procesión inquisitorial con don Santiago en el centro y cuatro sacerdotes rodeándolo, que se dirigía una tarde de primavera, al colegio de las Madres Esclavas del Sagrado Corazón, en la calle Bilbao.

 

        Muchos años después, explicando el suceso descrito como ejemplo gráfico de evento “cuasi-imposible” y con probabilidad tendente a cero de acaecimiento, surgió entre las jóvenes carcajadas una voz, que imponiéndose al escándalo generalizado, exclamó con indignación:

 

-No entiendo como podéis reiros, ¡la actuación indica una dictadura extrema y repugnante!

 

        Quizás. Eran tiempos mágicos; tiempos en que la realidad y la fantasía se daban la mano para sostener situaciones extremas; tiempos irrepetibles…

 

 

 

                                                    F  I  N

 

 

 

 

 

 

Publicado en Asociados, Entrevistas, Personaje del mes | Sin Comentarios »

Personaje del mes : Carmen Bandrés

Publicado por Angelica en Octubre 15th 2009

carmen_bandres1

Entrevista a Carmen Bandrés
Por Angélica Morales.

Es usted una apasionada de la lectura. Comparta con nosotros algunos de los libros que la han acompañado durante su infancia.

Sí, la lectura ha sido desde niña una compañera entrañable. Se agolpan los recuerdos pero, siempre que pienso en ello, hay dos nombres que tienen más color que los demás: Charles Dickens y Christian Andersen… ¡Ay, cuánta fantasía en aquella sirenita y que ternura en Christmas Carol!

¿Qué tienen los libros que no tenga la realidad?

Imaginación, sentimientos, exquisitez, ilusión, sueños, vida… ¡Los libros SON la realidad! Ahí fuera hay tantos mundos esperándonos como libros nos faltan por leer. Al fin y al cabo, eso es lo que nos enseñó Julio Verne: a curiosear por la otra esquina del orbe, sin movernos de la silla.

¿Siempre se imaginó escritora?

Desde muy pequeña. Y siempre me ha entusiasmado llegar a la gente, contar historias. Mi madre y mis amigas decían que los cuentos que me inventaba eran mejores que “los de verdad”

Islas desiertas empapeladas de historias, ¿tiene usted alma de náufraga?

¿Quién no ha sentido alguna vez cómo el mundo se hundía bajo sus pies? O bajo el agua, que viene a ser casi lo mismo. Seguramente, fue Robinson Crusoe quien me enseñó a flotar.

¿Por qué todos los escritores acaban sucumbiendo a la poesía?

Porque la poesía es el arte de la palabra y de los sentimientos.

¿En qué proyecto literario está inmersa en estos momentos?

Hay una novela muy madura… claro que eso, ya ha superado la fase de proyecto. Así que, en los próximos meses, me sumergiré de verdad en la poesía y, más adelante, quizá de a luz a una biografía.

¿Se siguen escribiendo buenos cuentos?

Por supuesto. Pero temo que aún no hemos sabido superar a los clásicos.

Articulista, escritora y aspirante a poeta, ¿hay algo más que quiera confesarnos?

Pues hay algo que también me fascina: promover el hábito de lectura, sea en colegios e institutos, en clubs de lectura o en cualquier foro que se preste. Hay algo maravilloso en mostrar a los demás todo el universo que se encierra en un buen libro.

Complete la frase, por favor: “Un escritor sin imaginación es como…”

…como un navegante sin brújula”. Sirenitas, barcos, náufragos, islas… para ser de tierra adentro, no está nada mal, ¿verdad?

A pesar de la eterna crisis editorial, ¿el futuro de los escritores se presenta del color del betún o, por el contrario, todavía tenemos mucha guerra que dar?

Por muchas batallas que perdamos, nadie será capaz de hurtarnos la palabra (ni aunque se acabe la tinta). ¿Me puedo poner un poquito solemne? ¡La palabra es inmortal! Si la palabra muere, el hombre perece. Y de momento, lo único que he visto morir es a mi primera portátil, una apreciada olivetti, víctima de los avances tecnológicos. No: ni las ideas, ni su expresión podrán jamás desaparecer; siempre habrá que contar historias y nunca faltarán quienes pongan toda su alma en contarlas, aunque sea preciso adaptarse a nuevos tiempos y fórmulas.

¿Cuál es el libro que cambio su vida? ¿Y el que la tiene completamente seducida?

Cambiar, cambiar, tal vez ninguno, pero, por uno u otro camino, todos han contribuido a forjar lo que soy. Desde mi infancia, me planteaba demasiados interrogantes que nadie quería responder… ¿adivinas donde encontré muchas respuestas? Y, respecto a ese juego de seducción que me comentas… pues no dejo de recordar a Luis Landero y sus “Juegos de la edad tardía” Intimidad, reflexión, un planteamiento realmente original… el polo opuesto de un best-seller, claro.

A modo de Presentación, por Carmen Bandrés.

Una buena memoria, unos libros fieles compañeros y, ¿por qué no? un teléfono…

Siempre he presumido de poseer una buena memoria; pues bien, incluso los más tiernos recuerdos de mi niñez yacen cobijados al amparo de algún libro, fiel compañero de aventuras, quién sabe si reales o…  ¿qué yo también le ponía mucha imaginación? ¡Claro!, pues, ¿qué sería de nuestra existencia sin ilusiones?
Libros, libros, libros… “Tú, lo que tienes es mucho cuento”, oía decir con frecuencia a mi abuelita, en tanto que, en cierta ocasión, mamá llegó a exclamar con, pienso, sincera sorpresa: “tus cuentos son mejores que los de verdad” Nada tiene, pues, de extraño que un buen día pasara de contar historias a escribirlas.
Seguro que a una isla desierta me llevaría no un libro, sino un paquetón de folios en blanco; tampoco olvidaría un teléfono, no para pedir socorro, sino para recibir de vez en cuando una buena noticia… uno de esos pequeños y grandes mensajes, quizá de nimia importancia pero a los que les concedemos un gran significado, como aquella llamada inesperada en la que un editor me propuso publicar mi primer libro (accedí, claro; ¿cómo negarme?); entre las narraciones que integraban aquella obra de relatos cortos figuraba “El diploma”, obra premiada en Oviedo y que supuso otra llamadita telefónica, esta vez de Emilio Alarcos Llorach, presidente del jurado que me otorgó el galardón: he de reconocer que aquella tarde, ya casi noche, me emocioné. ¡Qué gran invento es, sin duda, el teléfono!: también por esta vía me llegó el anuncio de que la University of North Carolina había seleccionado y adquirido “Las ventanas del alma” como obra recomendada para sus estudiantes de español y la invitación de Juancho Dumal, entonces primer director de El Periódico de Aragón, para que colaborara periódicamente en la sección de Opinión del diario.
Mucha tinta ha corrido desde entonces, confío que no en vano. Un par de novelas, cientos de artículos de Opinión, algún otro libro de narraciones cortas… Confieso que me atrae mucho el relato breve, por más que las leyes del mercado lo aprecien tan poco como a la poesía, otra de las vertientes literarias en la que aspiro a decir algo…
 ¡¡ALGO!!
(bueno, ya está dicho, así que la próxima vez intentaré expresarlo en verso, aunque sea sin rima, que los gritos del alma y las formalidades no casan bien).
Y todo esto no pretende ser sino una vaga promesa de pervivencia y futuro, pues sean cuales fueran mis vivencias aún pendientes, encontraré, sin duda, un camino para plasmarlas en letra escrita.

El desván
un relato de Carmen Bandrés

Mi memoria infantil permanece atrapada entre las cuatro paredes del desván de mi casa. Me gustaba denominar desván a aquel cuchitril de reducidísimas dimensiones, al que papá llamaba garito y mamá cuarto de los trastos. Su entrada me estaba vedada, pues mamá repetía una y mil veces que nada había allí que me pudiera interesar: todo eran viejos recuerdos e inútiles cachivaches que, liberados de su destrucción por la nostalgia, se habían acumulado cubiertos de un polvo añejo. Pero, por más que mamá perseveraba en tan juiciosos argumentos, yo sabía que no era sincera, entre otras razones, porque los mayores nunca dicen la verdad. Además… ¿por qué, entonces, cuando papá se ausentaba, tomaba ella la llave y penetraba sigilosamente en el desván?
Como mamá era muy bajita y guardaba la llave sobre el altillo de un armario, necesitaba subirse encima de una silla para alcanzarla. Suponía que así estaba suficientemente segura, a salvo de indiscreciones y lejos de mis manos. Se equivocaba en este punto, como también en suponer que mi curiosidad era incapaz de vencer la natural aversión al polvo y a las ratas, que según ella, campaban a sus anchas por el desván. Los mayores dejaron de ser niños hace demasiado tiempo: nos juzgan bajo su punto de vista y tiñen con sus manías todo lo que les rodea: que mamá odiara las ratas y sintiera pánico sólo de pensar que algún roedor pudiera andar cerca de ella, no quiere decir que yo hubiese de padecer, necesariamente, tal aprensión. Y en cuanto a trepar hasta la llave, ¿qué decir de mis dotes de la escaladora?
No, no era ese, de ningún modo, el problema. Para mi desgracia, mamá estaba tan pegadita a casa como un caracolillo: cuando no estaba ocupada con las tareas del hogar, se entretenía en pintar paisajes que olían a agua y flores, o a tejer hermosísimos tapices con hebras de oro y seda; incluso también componía poemas. Por estas razones, no había gozado de ninguna oportunidad para asaltar el cuarto secreto; sin embargo, desde muy pequeñita, me he crecido ante las dificultades: tanto obstáculo no hacía sino espolear mis deseos, hasta convertir en una obsesión lo que en principio no fue sino mera curiosidad.
Reza un antiguo proverbio chino que has de sentarte en la puerta de tu casa para ver pasar el cadáver de tu enemigo. Desde luego, no tengo la paciencia de un chino y no sé qué hubiera hecho si Cristina, una antigua amiga de mamá, de la universidad, no la hubiera telefoneado aquella tarde de forma inesperada. ¡Cristina! Aquí, en España. No se habían visto desde su boda con un portorriqueño que residía en Miami. ¡La primera vez en quince años! Deduje, con acierto, que aquel reencuentro iba a ser largo, muy largo. Todavía fue mayor mi alegría cuando, gracias a los comentarios de mamá sobre el evento, pude establecer un tranquilizador margen de seguridad, hasta por lo menos la cena. ¡Tenían tanto que contarse, tantas confidencias que hacerse…!
El feliz acontecimiento tendría lugar el viernes. Tuve, pues, dos días y medio para degustar el dulce placer de proyectar cuidadosamente, hasta el más nimio detalle, mi asalto al desván: ¿qué sorpresas me esperaban allí? ¿qué se guardaba con tanto secreto en aquel cuartucho inmundo? ¿cuál era el misterio que tanto atraía a mi madre y que, a veces, cubría su rostro de lágrimas? Al menos, esa era mi impresión, cuando abandonaba el desván con los ojos húmedos y las mejillas enrojecidas. Mamá ha sido siempre muy despistada. Jamás sospechó que la espiaba, que controlaba con precisión todos sus movimientos. Bueno, a decir verdad, no conseguí averiguar nada especial. Pero, entre lo que intuía, lo que escuchaba y lo que mi desbordada imaginación —la necesidad aguza el ingenio— inventaba, construí todo un entramado novelesco, que era preciso corroborar punto por punto.
Apenas mamá salió de casa, el viernes después de comer, me precipite a su habitación, arrimé una silla (la misma que usaba mi madre) al armario, extraje un cajón de la cómoda y lo situé cruzado, a modo de escalón, sobre el asiento. Ni siquiera fue necesario recurrir a la escalera de mano que mi padre guardaba en el patio para las reparaciones caseras. En un instante, la preciada llave estaba en la palma de mi mano. La acaricié con mimo mientras la insertaba en el ojo de la cerradura… La puerta se resistió. Nuevo intento. Sonó el teléfono…
—¿Sara? No. No, no puedo ir ahora… ni siquiera un momento… ¡Oye, que te he dicho que no! ¡Pero mujer…! Bueno, si te vas a poner así… Estoy allí en diez minutos ¿eh?
¡Qué fastidio! Precisamente ahora. ¿Puede haber mujer más inoportuna? Tengo que ir su casa para devolverle los ejercicios de lenguaje. No he tenido tiempo de copiarlos, pero cualquiera se niega… ¡Cómo se ha puesto la niña! Lo de chivarse ha sido un golpe bajo. ¡Qué le vamos a hacer! Espero, al menos, librarme de merendar en su casa.
¡Por fin! En total, casi una hora perdida. Simpática, Sara: la hubiera estrangulado con gusto. Pero he sabido comportarme. Controla, María, controla… que si pierdes la cabeza, la liamos. Que esta niña es boba y hay que saberla manejar… un poco de mano izquierda, María…
Y de mano derecha, que es la que ahora tiene de nuevo la llave del desván. ¿Qué le pasa a esta puerta? Tendría gracia…
Bueno, por fin. ¡Ya está! Sólo ha hecho falta un poco de maña. ¿Lo ves, María? controla… ponerse nerviosa no sirve de nada… Avanzo un paso. Otro. Y otro más. Todo un mundo misterioso me rodea, todo un mundo… de tinieblas, porque aquí no se ve ni tres en un burro. ¿Dónde estará el interruptor? Tendré que esperar un poco, hasta que mis ojos se acostumbren a la oscuridad. Ausculto las paredes con tanta minuciosidad como don Ramón mis pulmones cada vez que toso un poco. Nada, tampoco encuentro nada. ¿Dónde estará el maldito interruptor? Doy un paso más, segura de vencer este nuevo e impertinente obstáculo. Pero que… ¡¡Ayayay!!
He tenido suerte. He caído con las manos hacia delante, junto a la puerta. ¡Ay, mamita, qué hubiera pasado si me rompo las narices en el interior de este tenebroso agujero lleno de quién sabe que enigmas! Seamos prácticas, María. ¿Para qué sirve la linterna que te regaló Laura el año pasado? ¡Vaya ocurrencia! Pues ya va siendo hora de que sea útil.
La dejé en la consola de mi dormitorio. ¡Vamos a por ella…! Primero, el teléfono y, ahora, la linterna: abandonar de nuevo estas cuatro paredes que rezuman secreto por los cuatro costados es como traicionar a tu mejor amiga. ¿Y si en mi ausencia…? ¿qué? ¿qué puede suceder en menos de un minuto, eh? ¿qué puede pasar…? Pues nada. Claro. No pasó absolutamente nada, excepto algún segundo en el reloj. Y, nada más encender la linterna, localicé el dichoso interruptor, que sólo estaba un poco más apartado de lo usual de la jamba de la puerta. La única bombilla, sin tulipa, que pendía directamente del portalámparas, era de muchos vatios y daba mucha luz, tanta que de momento quedé algo deslumbrada, pues aquel potente foco se encendió muy cerca de mi cabeza. Fue como si el sol saliera de repente para iluminar mi territorio, recién conquistado. Ratas, no había. Al menos, no vi ninguna; pero, polvo… sí, ciertamente abundaba, y se hacía patente en cuanto intentaba remover alguno de aquellos enseres, cuyo profuso amontonamiento hacía difícil mis pesquisas.
“Déjame entrar al desván y te lo limpio” había suplicado un día a mi madre, con la más aviesa de las intenciones. “Empieza por arreglar tu cuarto” respondió ella de inmediato. No pude disimular un mohín de disgusto: ignoro si las madres son tontas o se lo hacen: ¿qué interés podía tener yo en ordenar mi habitación? Luego vendría —seguro— la de mi hermanita y quién sabe si después, también el baúl de los juguetes. Yo, la escoba sólo la quiero para barrer los obstáculos que se interponen con lo desconocido. ¿Por qué ahogarme en la rutina, si existe tanto por descubrir? Por ejemplo, esta muñeca sin brazos. Y, debajo…, ¡un precioso juego de café de porcelana! Claro, la tetera está rota, por eso está guardado aquí. ¡Es tan bonito…! Comprendo que a mamá le hiciera duelo arrojarlo a la basura. Otra muñeca… las llevaré a mi cuarto. Pero, ¿en qué estoy pensando? Mamá notaría enseguida su ausencia, y yo he olvidado el propósito de mi visita. Tengo que darme prisa, no sea que mamá regresé antes de lo previsto… quién sabe cuánto tiempo habrá de pasar antes de que tenga otra oportunidad.
Persevero en mi rastreo, husmeándolo todo como un sabueso: al final, la suerte es siempre de quien la persigue. Debajo de una sábana que lo cubría perfectamente, aparece el retrato enmarcado de un hombre bien parecido. Me gusta. Es más guapo que papá. Bueno… eso no es muy difícil. Hay una dedicatoria escueta, que nada aclara, firmada por un tal Federico. Mamá siempre dice que si hubiera sido chico me hubiese puesto Federico. Un nombre de poeta, de un gran poeta. ¿Será este señor tan apuesto el amor secreto de mamá? ¡¡Claro!! Por eso viene cuando no está papá y sale con los ojos brillantes. Federico es el culpable de los suspiros de mamá, porque mamá siempre está suspirando, y Juanita dice que sólo suspiran las mujeres enamoradas. La sonrisa de Federico se parece a la de mamá y es que, como ella asegura, los enamorados acaban pareciéndose. Seguro que fue el hombre de su vida. Porque tiene que estar muerto… ¿Y si todavía vive? ¿y si viene aquí, a reunirse con mamá y los dos juegan a médicos, pero de verdad, no como Felipe y yo, que lo hacemos de mentirijillas? Paz, no sé por qué, afirma que eso son marranadas. A lo mejor, Federico le escribe cartas a mamá y están guardadas por aquí, en algún cofre, como hacen los piratas, que guardan sus tesoros en un gran baúl y en una cueva oscura. Tienen que estar en algún rincón, ligadas con un lacito malva, por que ese es el color que más le gusta a mamá y el que más detesta papá, que considera que huele a Semana Santa y que no hay nada más triste que la Semana Santa…
Por mucho que hurgué, las dichosas cartas con su lacito malva no aparecieron. Al final, sólo me llevé unas canicas de cristal de preciosos colores. Será difícil que mamá las eche de menos, pero, por si acaso, las guardaré en casa de Paz. ¿Y si las cartas están escondidas en otra parte? No en su dormitorio: cerca de papá, no. Tal vez en el armario del pasillo… Eso será más fácil de registrar, pero tendré que esperar otra ocasión…
Devolví la llave del desván a su sitio, coloqué el cajón en la cómoda y me lavé las manos, negras como un tizón. Mamá regresó por la noche y no cesó de hablar. Jamás la había visto tan parlanchina. Entonces, sonó el teléfono.
Mamá cogió el auricular. Estuvo mucho tiempo sin decir nada, escuchando la voz al otro lado del hilo. Después, se puso pálida, sonrió y se quedó de nuevo muy seria, con los ojos fijos en alguna parte, muy lejos de nosotros. Papá y yo la mirábamos, desconcertados. Reía, lloraba… parecía haberse vuelto loca. Colgó, por fin. Y nos abrazó, con tal fuerza que casi nos ahoga.
 —Es el día de los reencuentros. Primero Cristina. Y, ahora… ¡¡Federico!! Regresa a casa… Mi hermano se siente cansado y enfermo y quiere vivir sus últimos días en España. Dios mío… ¡cuánta vida nos robó la guerra!

Publicado en Asociados, Entrevistas, Personaje del mes | Sin Comentarios »

Personaje del mes: Ángel Gracia

Publicado por Angelica en Septiembre 14th 2009

foto-angel-gracia1

Ángel Gracia en el pantano de Mezalocha.  Foto realizada por Leticia Civiriain.

Angélica Morales entrevista a Ángel Gracia:


- ¿Cuándo dejan de considerarle a uno joven poeta?

Publiqué mi primer libro (Valhondo, Diputación de Zaragoza, 2003) a los 33 años. Es decir, ya no tenía el Carnet Joven. De hecho, algún crítico (me refiero a mi querido Alfredo Saldaña) escribió que era un poemario largo tiempo meditado y madurado, de manera que podríamos decir que ese fue mi libro de senectud. Desde ese momento, disfruto de un proceso Benjamin Buttoniano, es decir, de inversión temporal, mediante el cual me siento un poeta cada vez más joven. Mi escritura rejuvenece año tras año. Retrocede a su primavera. Mis versos se aligeran de sobrepesos canónicos y metaliterarios, que tanto me lastraban al principio. Para comprobarlo, léase “Libro de los ibones” (Aqua, 2005); léase el poemario que publicaré en 2010.

 

- ¿Leemos menos de lo que confesamos?

Nos hemos creído que existe un canon inamovible, un catálogo de lecturas incuestionable. Nos lo enseñaron en la escuela y más tarde en la Universidad, aunque yo no iba mucho a clase. Nos adoctrinan desde los suplementos y las revistas culturales. Hasta el mismo Harold Bloom me envía spam todas las semanas con enormes listas de lecturas, no doy abasto.

Nos sentimos culpables cuando hacemos recuento y descubrimos que no conocemos a este o aquel autor canónico. Forma parte de nuestra cultura cristiana creer en los iconos y los santitos, ponerles velas y rezarles. Y también forma parte de nuestra cultura cristiana autoflagelarse y flagelar al prójimo. Confieso que yo mismo torturo a mis amigos: “¿Pero es que no has leído aún a Pound? Léelo y podrás saltarte a Eliot. ¿Es que no comprendes aún a Celan? Lee a Trakl y luego vuelve a leer a Celan y luego hablamos”, les digo.

También existe una ansiedad por leerlo todo, como si la lectura conllevase la adquisición de conocimiento y talento. Se trata de una obsesión neurótica con derivaciones megalomaníacas que desde hace años estudia el Insanity and Poetry Institut de la Syracuse University. Se lo tienen que estar pasando bomba en aquel sitio. Investigan todas las variantes del delirio poético: tanto el caso del tontiloco que quiere ser poeta (nunca quieren ser albañiles o repartidores, quieren ser artistas) sin haber leído ningún libro, como el caso del poeta obsesionado con leer a todos sus contemporáneos hasta que su propia escritura se resiente y se colapsa.

Creo sinceramente que cada uno debe leer lo que quiera leer. En todo proceso de lectura hay mucho de azar, de encuentro casual con obras y autores, de correspondencias y pasadizos entre unos y otros. Cada lector crea su propio canon, bien sea de diez libros o de mil.

 

- ¿Cuáles son sus fuentes de inspiración?

Es sabido que las drogas y el alcohol son perjudiciales. Sin embargo, las resacas de grado intermedio generan optimismo y poemas luminosos. Las resacas demoledoras producen metáforas insondables.

El cansancio físico por hacer deporte me aproxima a la poesía oriental. El cansancio laboral me provoca, paradójicamente, insomnio. Y éste, a su vez, teje en mí una prosa densa, acumuladora de frases subordinadas.

En cuanto al amor y la felicidad como imposibles fuentes de inspiración, confieso que uno y otra liberan mi escritura de la ansiedad y la obsesión por escribir. Es decir, me conducen a una escritura más feliz. Poseído por ella estoy.

 

- Háblenos de la obra de la que se siente más orgulloso.

Mis obras se caracterizan por la ausencia del concepto de “obra” o de “proyecto”. Mis humildes libros son apenas atisbos, aproximaciones. No siento que construya una así llamada obra. Más bien, siento que mi íntimo taller de escritura está siempre “en obras”. Apuntando, corrigiendo, borrando. Mis libros no son realmente obras cerradas. Sucedió que alguien por fin decidió publicarlas y tuve que dejar de corregirlas una y otra vez. De no haberlas editado en papel, aún seguiría con el infinito proceso de corrección.

En todo caso, si lo que me pides es que te hable de un texto mío que sea mi preferido, te diré lo mismo: salvo de la pira, de entre todo lo que he escrito, algún fragmento, algún artículo, algún poema. Salvo de la pira, si me apuras mucho, una palabra que ni siquiera es invención o hallazgo mío, una palabra que dio título a mi primer libro, “Valhondo”, un topónimo real que parece extraído de un cuento de Poe.

 

- ¿A qué sabe un premio?

Sabe mal, la verdad. Cuando se gana algún premio, uno se acuerda siempre de aquellos que se presentaron y no ganaron, sobre todo de los amigos más cercanos. Uno piensa que los libros de los demás eran sin duda mejores que el propio. Confesaré que uno sufre mucho cuando recibe un premio literario. Incluso he llegado a pensar, durante las terribles noches de insomnio, en renunciar a ese premio sin duda inmerecido.

Afirmo que es mejor no ganar los premios a los que uno se presenta. Más que la victoria, nos hace fuertes y verdaderamente grandes el sentimiento de derrota, sobre todo si es continuado y repetido.

En serio: la gente piensa que gano muchos concursos (apenas he ganado un puñadito y siempre de ámbito aragonés) y no se dan cuenta de cuántos premios he perdido. Centenares. Pero eso me ayuda a escribir y corregir. A esperar.

 

- ¿De qué carece la literatura actual? ¿Somos más payasos que artistas?

La literatura actual padece de muchas carencias, de muchas pérdidas irreparables. Imagínate, Paul Celan murió en 1970. Valente en 2000. En el ámbito aragonés, Miguel Labordeta murió en 1969. Mi querido Sergio Algora en 2008. Esto no tiene solución. Ellos son los que tendrían que haber seguido escribiendo para siempre, no nosotros. Los que permanecemos aquí hacemos lo que podemos. Unos escriben en silencio y otros escriben buscando el ruido de los bares. Unos sobreactúan y tienden al melodrama íntimo (el heautontimorumenos contemporáneo escribe blogs) y otros ocultan su impotencia creativa, su incapacidad, con maquillaje de payaso (también escriben blogs). Pero esto no significa que el payaso no nos haga reír a veces y que no nos guste el circo. Yo también tengo mi propia troupe.

 

- Comparta con nosotros sus nuevos proyectos literarios.

Estoy preparando una colección de relatos de ciencia ficción. Ya sabes: distopías, narraciones posapocalípticas, ciudades futuristas, pero todo con un enfoque muy humano, sin robots cabrones ni naves nodrizas ni nada de eso. Para mí, está siendo un esfuerzo de imaginación e inventiva muy costoso mentalmente. Al fin y al cabo, la realidad nos rodea de realismo sucio. Menos mal que tengo la edición de coleccionista de “Solaris” y que Philip K. Dick se me aparece en la mampara de la ducha cada mañana. Él me ha dado la idea de escribir una ucronía que cuente que habría pasado si Gran Scala se hubiese instalado en Los Monegros.

 

- ¿Existe Aragón, literariamente hablando?

Sí, claro. Gigantes como Cees Noteboom y Peter Handke han descrito lugares de Aragón en algunos de sus libros, tanto de viajes como de ficción.

 

- Narrador y poeta, ¿por cuál de los dos estilos se pirra?

Otro tópico canónico que no comparto: la clasificación por géneros literarios. Para mí no existe tal distinción. Otra cosa es que adapte las formas literarias al contenido que deseo expresar. Como diría el poeta cubano-aragonés Dolan Mor, “hermano, somos poetas y basta”. Aunque he de decir que el propio Dolan cree que un día seré mejor narrador que poeta. Y tú que lo veas.

-Sea valiente, ¿qué aplaudiría de la AAE y qué fustigaría?

Aplaudo cualquier proceso de renovación, regeneración y autocrítica. Abucheo los linchamientos, los corporativismos y el anquilosamiento. Abrazo las acciones de profunda naturaleza poética pero no abrazo a todos los poetas, no creas.

 

- Defínanos la literatura pulp.

Recomiendo vivamente la antología Los hombres topo quieren tus ojos y otros relatos de la Era Dorada del pulp (Valdemar, 2009), y muy especialmente la lectura del prólogo de Jesús Palacios.

De todos modos, yo convocaría un debate sobre este apasionante tema en Aragón Televisión, quizás de madrugada, después de “Borradores”. Un combate dialéctico entre mi admirado Quentin Tarantino (director de “Pulp fiction”) y mi editor (en el sentido anglosajón), y sin embargo amigo, Octavio Gómez Milián (antólogo de “El final del pasillo. Literatura pulp en Aragón”). Imagínate: el uppercut de Quentin contra las fintas de Octavio.

 

- “En bici por Aragón”, Y para el resto del mundo, ¿qué medio de locomoción recomienda?

Que la gente elija con libertad. Que no se sientan intimidados por la crisis del automóvil. Pondré como ejemplo a algunos de nuestros asociados: Forega conduce un todopoderoso Volvo. Tajahuerce un Ford de tres puertas (no son ciertos los rumores de que pidió un préstamo al Banco Espirito Santo para comprarlo). Ortiz Albero es copiloto de un Citroën que ha corrido varios rallyes. Yo mismo tengo un Peugeot de segunda mano, que eclipsa el Audi 100 de Vilas. Por su parte, Miguel Serrano, como es narrador de proyección nacional, tiene un Peugeot nuevo, de gama más alta y tamaño familiar.

 

- Enumérenos un poeta imprescindible, uno de bolsillo y otro al que se le siga maldiciendo entre dientes.

Los anteriormente citados, en el orden que guste situar el lector, podrían servir para la respuesta. Añado, como imprescindibles, la poesía de Saldaña, Vilas, Jesús Jiménez y Juan Marqués.

Los últimos clásicos aragoneses (Tello, Esquillor, Verón, Guinda), deberían estar ya en formato de bolsillo.

No maldigo a nadie. Al contrario. Ya he dicho que en esta época de mi vida estoy rebosante de buenos sentimientos y me gusta reconocer el talento y el trabajo de los demás.

Así pues, alabo la labor de las editoriales aragonesas de poesía: Olifante, Lola, Libros del Innombrable y Eclipsados, sobre todo, cuyos responsables merecen toda mi admiración.

También loo la sabiduría de David Mayor. Loo la inteligencia de Julio Espinosa. Loo la perseverancia de Octavio Gómez. Loo la iluminación de Ángel Sobreviela. Loo la fe de Dolan Mor.

Bendigo, finalmente, a Ana Muñoz.

 ÁNGEL GRACIA
Nació en 1970 en Zaragoza, donde reside. Como poeta, ha sido incluido en las antologías Cinco jovencísimos poetas aragoneses (Lola Editorial, 1993), Los chicos están bien (Olifante, 2007) y Veinte poetas aragoneses expuestos (Olifante, 2008), así como en Poesía de miedo (Olifante, 2008). Es autor de los poemarios Valhondo (Diputación de Zaragoza, 2003) y Libro de los ibones (Aqua, 2005).
Como narrador, ha sido incluido en las antologías El viento dormido. Nuevos prosistas en Aragón (Eclipsados, 2006) y Al final del pasillo. Terror, ciencia ficción y literatura pulp en Aragón (Comuniter, 2009). Es autor de la novela Pastoral (Prames, 2007) y del libro de viajes Destino y trazo. En bici por Aragón (Comuniter, 2009).

SEÑOR DE LA DANZA

Esta escultura de bronce, que representa al Señor de la Danza, lo muestra bailando dentro de un círculo de fuego. Una de sus manos sostiene una llama, mientras que la otra golpea un tambor. Su pie descansa sobre el demonio de la ignorancia.

Bridgeman Art Library, London / New York

Borrar el principio, escribir

el fin. Crear signos,

nombrar números y edades.

Regresar a las primeras palabras

que el aire oyó.

Yo, que creí en el manantial de luz,

en la tierra recién hollada. Yo, que imaginé

la lluvia abrazando a las raíces.

Yo tuve la eternidad entera para celebrar el día.

Aquí yacerá el mundo, dije. Su alfabeto

de sílice. El poema de piedra. La canción

de las hojas de noche. Pero pronto brotaron

las lápidas, las agrias plegarias.

Dioses y hombres juntos sin saberlo,

negándonos, nombrándonos.

Un dios no es nada, pensé,

sólo un vacío inmóvil. ¿Soy, pues, la nada misma?

Un hombre no es nadie. Una nada que camina

hacia sí misma, hacia su centro desangrado.

Así, la fe torturada de la repetición,

así, el miedo por el sueño del vigía.

Yo os creé y yo os destruiré.

Vuestras voces hablaron

del silencio, de mi voz.

Pero yo aguardé en la roca,

nadé en la montaña y su nube,

dormí con el rumor de las explosiones.

Yo os creé y yo os destruiré.

Sin ira. Sin piedad. Uno a uno,

porque no sois infinito.

No pensaré en ninguno de vosotros.

No recordaré vuestros nombres.

No os daré tiempo, sólo el espacio

donde debéis desaparecer.

Principio y fin reunidos en mi mano.

La luz negra inunda la luz.

Las palabras abandonan las cosas.

Aquí yace el mundo.

El horizonte se acaba en esta línea.

 

Premio del Público del II Premio Poesía de Miedo de Olifante (2007)

 

 

 

Publicado en Asociados, Entrevistas, Personaje del mes | 1 Comentario »