“Pantaleón y las visitadoras”
Publicado por Cobas en Noviembre 20th 2009
Pantaleón y las visitadoras
Mario Vargas Llosa
Amadeo Cobas
Esta es la historia del capitán Pantaleón Pantoja, encargado del SVGPFA (Servicio de Visitadoras para Guarniciones, Puestos de Frontera y Afines), fiel servidor del Ejército del Perú. Amarga historia por el poso que deja al final, es posible, mas una historia jalonada de momentos chisporroteantes, alegres, inopinados, que despiertan los sentidos, abren los ojos del lector hasta el pasmo, partiendo de una premisa que no parecería, a priori, que pudiera dar tanto jugo.
Destaca, como en toda su obra, la inigualable pericia que tiene Vargas Llosa para superponer conversaciones que se suceden simultáneamente o en distintos tiempos y lugares, creando no un caos, sino una concatenación de aportaciones de información para conseguir que el lector reciba estos datos de la manera más directa y sencilla. Como añadido, crea unos juegos de palabras muy divertidos, con respuestas que no se corresponden con la pregunta… pero que casan perfectamente, logrando el objetivo hilarante pretendido por el autor. Casi ninguno como él ha conseguido manejar esta técnica literaria con maestría semejante.
Es curioso el enfrentamiento, la batalla que se produce entre la seriedad y rigidez de los formularios y procedimientos militares frente al desahogo que representa la llegada de las “visitadoras”, con una cantidad importante de eufemismos que son utilizados para no tener que nombrar aquello que resulta vergonzante. ¿Un ejemplo? Las revistas pornográficas que debían prestarse a los soldados para que fueran poniéndose a tono antes de entrar a cumplir como hombres con las visitadoras: “a fin de distraer y preparar a los usuarios mientras se hallan esperando turno para entrar al emplazamiento, el jefe del convoy les distribuirá material impreso adecuado de carácter fotográfico y literario”… ¿Carácter literario las revistas pornográficas? Es sencillamente genial
Con Pantaleón y las visitadoras Mario Vargas Llosa despliega un humor de mordacidad cáustica, apoyado en un género epistolar muy simpático, porque combina oficios, informes, partes, órdenes y demás, cursadas por superiores a inferiores, o a la inversa, con un tono de jacaranda enmascarada en ocasiones, por no decir mofa del escritor hacia el hieratismo formal de los militares, tan fieros como nos los pintan normalmente.
Cuando las prostitutas se convierten en “visitadoras” les cambia la vida, se vuelven funcionarias, pasan a ejercer sus servicios en atención al reglamento castrense, hasta les componen un himno. Vaya un extracto
“Damos besos, abrazos y afines
servir, servir, servir
al Ejército de la Nación…”
Pantaleón Pantoja es tan escrupuloso en el cumplimiento de su deber que, en palabras de un general, “ese idiota ha convertido el servicio de visitadoras en el organismo más eficiente de las Fuerzas Armadas”. ¡Ah, paradoja! Está clara la certeza subyacente en el axioma que dice que en el Ejército lo mejor es no sacar la cabeza, no destacar… o te arriesgas a que te guillotinen.
Y Pantaleón destacó. Y mucho. Aunque dejó a todos perplejos, confusos. Así, uno de los mandos le espeta “todavía no descubro si es usted un pelotudo angelical o un cínico de la gran flauta”. Frase que viene a resumir la esencia de esta más que recomendable novela.
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