Asociación Aragonesa de Escritores

Decididamente a la difusión de la lectura y el libro.

Vacaciones

Publicado por Cobas en 30th Junio 2008

Nos vamos de vacaciones veraniegas, con vuestro permiso, queridos bloggeros.
Volveremos el 15 de septiembre.
Entretanto, os vamos a dejar una serie de recomendaciones literarias, firmadas por nuestro amigo y crítico literario Juan Ángel Laguna. Así veréis la calidad que tienen los escritores aragoneses.

Disfrutad del verano, sed buenos si no podéis ser malos y hasta la vuelta.

1863 pasos

Reseña de esta obra de Miguel Mena. Un libro muy personal en el que nos adentramos no sólo en su vida sino en la de todos los aragoneses. Un magnífico anecdotario genialmente conducido a través de sendos viajes realizados por el autor, hacia Utrillas, hacia el Moncayo y hacia su propio trabajo.

Debo reconocer que no son un gran aficionado a la radio. Comprar, por lo tanto, un libro de un locutor no me parecía una buena opción: tenía el convencimiento de que carecería de interés para mí. No obstante, quería conocer el trabajo de Miguel Mena por ser miembro de la Asociación Aragonesa de Escritores. Fue una buena decisión hacerlo.

Las anécdotas concretas que en 1863 pasos cuenta pueden revestir un interés mayor o menor para el lector. Después de todo, se restringen a un entorno geográfico bastante limitado, Aragón, y aunque abarcan un periodo histórico bastante amplio no dejan de tener carácter regional. Es cierto, no obstante, que todas encierran la universalidad que todo buen observador puede encontrar en cualquier parte, y quizá sea esa la gracia del libro.

Porque Miguel Mena nos cuenta tres viajes, algunos tan breves como un paseo hasta su trabajo, durante los cuales va encadenando historias que trascienden a la suya propia y al propio interés de quiénes las vivieron. Y es, a mi parecer, porque como magistral narrador consigue extraer esa perspectiva privilegiada de quien ve los mecanismos del mundo en cualquier situación más o menos cotidiana.

Autor
Miguel Mena nació en Madrid en 1959. Ha publicado entre otras obras “Bendita calamidad” (1994), “El escondite inglés” (1997), “Onda media” (1999) y “Cambio de marcha” (2000), el volumen de relatos “Una nube de periodistas” (2001) y el libro de viajes “Paisaje del ciclista” (1993).
Es periodista, escritor, fotógrafo ocasional y locutor de Radio Zaragoza, Cadena SER, donde realiza el programa diario “Estudio de Guardia” y el semanal “La Fonoteca”. En la actualidad colabora también en las revistas “Aragón Rutas” y “La Magia de Aragón” y en el suplemento “Artes y Letras” de Heraldo de Aragón.

Sinopsis
1863 es la historia de un caminante, una vista atrás de una vida –una época- vivida con la intensidad de quien sabe observar a su alrededor. Es una narración articulada en torno a tres viajes: el poético recorrido por la vía muerta que unía en tiempos las cuencas mineras de Utrillas con Zaragoza, el épico desafío al imponente monte Moncayo, rey de leyendas y mitos, y el paseo de casa al trabajo, mil ochocientos sesenta y tres irrepetibles pasos que, a pesar de su breve entidad, pueden dar mucho de sí.

Edición
1863 pasos
Xórdica editorial, 2005
Edición de bolsillo con solapas en la cubierta.

Conclusión
1863 pasos es una obra muy personal y que deja patente no sólo la buena labor periodística del autor sino una gran capacidad para la escritura. Es un libro muy entretenido que engancha de principio a fin, no sólo por los hechos que narra, sino por la calidad con que lo hace. Una mirada íntima y cálida de Aragón y, a través de esta tierra, del mundo, realizada con una agudeza y una pasión que convierten al libro en algo próximo y emotivo. En cierto modo, e imagino que eso es lo que hace a Miguel Mena grande como locutor de radio, te hace sentir junto a él, como si estuvieses escuchando a un viejo amigo.

Sin embargo, no sólo reviste interés esta narración en sí: un nuevo elemento, quizá el más diferencial de la obra, la añade más fuerza. Todas las anécdotas se entrelazan siguiendo los pasos del caminante a lo largo de los tres recorridos, todas ellas aparecen a lo largo del camino como parte más del paisaje, como si la memoria compartiese lugar con montes y estaciones abandonadas. Así, en lugar de escuchar al viejo amigo en torno a una chimenea o en un rincón de un bar, lo tenemos a nuestro lado mientras recorremos los paisajes más insólitos de Aragón. O tal vez, simplemente, parezcan los más insólitos porque, por una vez, les hemos dedicado la mirada que merecen.


El vigilante y su fábula

Comentario sobre este recopilatorio que recoge la obra completa del Poeta Rosendo Tello Aína, dividida en los libros “Ese muro secreto ese silencio”, “Fábula del tiempo”, “Paréntesis de la llama”, “Libro de las fundaciones”, “Balada a dos cuerdas”, “Meditaciones de medianoche”, “Las estancias del Sol”, “Caverna del sentido”, “Más allá de la Fábula”, “Augurios y leyendas de un tiempo que se va”, “Confesiones en vísperas de domingo”, “Cabaña de la luz”, “Hacia el final del laberinto” y “Consagración al alba”.

Edgar Allan Poe decía que únicamente un poeta tenía la capacidad de juzgar la obra de otro poeta. Partiendo de esta premisa, tendrán que disculpar que sea yo quien escriba este comentario. También tendrán que aceptar que lo comience con una cita elegida por el propio Rosendo Tello para abrir su libro “Augurios y leyendas de un tiempo que se va”.

─Hijo mío, nos pasamos la vida buscando algún país de cuya existencia no tenemos certeza. A veces, un relampagueo, una niebla dorada, un monte aterrador… Quién sabe si, después de muchos, muchos años, muy tarde y muy lejos, lo encontraremos. Quizás cuando no haya nada que buscar. Cuando todo se haya vuelto inexistente, como un alarido en la noche. (Cuento anónimo)

Emprender la lectura de una obra que es la obra de toda una vida, como es el caso de este libro, es una tarea impresionante. Uno se siente como un juez inmerecido y enmudecido ante la magnitud de las circunstancias. Cualquier comentario que se pueda hacer parece, en cierta medida, inapropiado. Cuando se conoce al propio autor, aunque sea del modo tan ligero que nos atañe, el sentimiento se incrementa. Sin embargo, la reseña no tendría sentido sin un comentario personal de quien la escribe, y es por ello que me obligo a hacerlo.

“El vigilante y su fábula” es una obra de proporciones épicas; no en vano abarca casi una vida entera, y eso se percibe en sus líneas, a través de las cuales navegamos en el tiempo. El dominio del lenguaje, del ritmo y de la sonoridad de las palabras del que hace gala el autor, convierte este viaje en un periplo mágico. Durante el mismo, también percibiremos la faceta de profesor del poeta, pues se puede hablar, sin temor a ser demasiado osado, de lecciones magistrales a la hora de jugar con ecos, resonancias y significaciones.

Todos estos recursos, fascinantes para todo aquél que ame la literatura, los encontraremos en un variado conjunto de escenarios, tras los cuales se percibe, en su mayoría, el sabor de la tierra aragonesa. El velo de magia, de épica, con el que nos la presenta no distorsiona la imagen; más bien al contrario, pues parece que sea a través del mismo el único modo adecuado de contemplarla.

Autor

Rosendo Tello Aína nació en Letux (Zaragoza, España) en 1931. Es catedrático de Lengua y Literatura Españolas, doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Zaragoza y Vicepresidente de la Asociación Aragonesa de Escritores.

Ha publicado los siguientes títulos, todos ellos recopilados en el volumen aquí reseñado: “Ese muro secreto ese silencio” (1959), “Fábula del tiempo” (1969), “Libro de las fundaciones” (1972), “Paréntesis de la llama” (1975), “Balada a dos cuerdas” (1979), “Meditaciones de medianoche” (1982), “Las estancias del Sol” (1990), “Caverna del sentido” (1992), “Confesiones en vísperas de domingo” (1996), “Más allá de la Fábula” (1998), “Augurios y leyendas de un tiempo que se va” (2000), “Cabaña de la luz” (2002)  y “Consagración al alba” (2004).

Sinopsis

El mundo y la vida vistos a través de los ojos del poeta a lo largo de su vida, retratados con una mirada especial llena de magia que ahonda en los misterios del espíritu humano.

Edición

El Vigilante y su Fábula
Rosendo Tello Aína
Prames, 2005
Edición de bolsillo

Conclusión

Rosendo Tello es una de esas personas que te fascinan inmediatamente por la gran pasión que ponen en lo que hacen, por la fe que tienen en ello. La primera vez que le vi fue en un taller de literatura sobre poesía organizado por la Asociación Aragonesa de Escritores. Era tal su entusiasmo leyendo, enseñando, comentando poesía, que desde aquel momento me propuse retomar esa vieja asignatura dejada de lado.

Cuando supe que estaba firmando en la feria del libro, me acerqué para comprar alguna de sus obras. El encuentro, como no podía ser de otra forma, fue memorable. Sólo diré que me pagó de su propio bolsillo parte del precio del libro; tal es su pasión por la poesía y por transmitirla. La lectura de su obra ha sido una continuación de la magia de aquel encuentro.

Sin duda una opción muy recomendable, también para aquéllos que, como yo, no son asiduos del género, sino grandes desconocedores. En sus páginas encontraremos versos memorables, figuras insospechadas que nos acariciarán el alma o la sacudirán de lado a lado, ¡incluso una definición a modo de poema de la propia poesía! Y entre todos los poemas, sin duda alguna, habrá alguno que hechizará al lector sin remedio. El que me atrapó a mí, sin lugar a dudas, es “La casa abandonada”. Sólo por leerlo mereció la pena pasar la vergüenza de no poder pagarme el libro. Vergüenza que el poeta, con su magia, supo convertir en complicidad.

Los hermanos de la costa

Reseña de la formidable novela policíaca del escritor y periodista Juan Bolea.

Juan Bolea es un hombre cabal, según he podido comprobar personalmente asistiendo a su intervención en unas cuantas conferencias, presentaciones y charlas. En esta novela lo demuestra desde el propio título: “Los hermanos de la costa”, una denominación que hará eco rápidamente en la memoria de aquéllos habituados a las historias de piratas y que encierra toda la poesía que requiere el nombre del grupo de artistas en el que se centra la novela.

En el género policiaco, o de novela negra, es vital más que importante el escribir de un modo cabal. Existe la tendencia, seguramente heredada de los novelistas norteamericanos, de llenar estas historias de fuegos de artificio totalmente fantásticos, así como la tendencia, ésta de origen local, de plagarlas con detalles cotidianos innecesarios para la trama. Juan Bolea, sin embargo, consigue gracias a su buen criterio escapar de ambas lacras.

En su novela el ritmo es ágil, pues no se pierde en descripciones de lo cotidiano que convierten en ocasiones estas obras en híbridos entre el realismo social e historia policíaca. La trama, sin verse afectada por ello, es increíblemente sugerente, pues aun dentro de un entorno nacional, creíble y lógico, introduce los elementos suficientes para que exista lo sorprendente, lo inesperado, lo insólito.

Es precisamente con este punto fuerte, con la genialidad de la trama, con el que me quedo de la novela. Los personajes, la situación planteada, la investigación en la costa; el autor parece haber abierto una puerta a lo improbable, pero siniestramente posible, al lado de nuestras vidas. Y esto, aunque muchos pudieran creer el contrario, no se consigue poniendo unos cuantos elementos estrambóticos al azar. No, la autentica fuerza para conseguir que una ambientación tan arriesgada como ésta funcione es la coherencia.

De hecho es gracias a ella, que aflora a través de los personajes y sus interacciones, que podemos disfrutar de la historia sin dudar un momento de lo que está ocurriendo. Y quizá, en estos tiempos, sean estos personajes los que más sorprendan, pues muchos escritores actuales parecen haber olvidado que la profundidad de éstos no se consigue con muchos detalles irrelevantes, sino haciendo que respondan de un modo humano, complejo, en sus interacciones con el entorno y, esto es importante, con los demás personajes. Nosotros no hablamos igual con la vecina del tercero que con el cura de la parroquia.

En “Los hermanos de la costa” Juan Bolea nos da una lección magistral sobre la creación de personajes que, francamente, merece la pena leer.

Autor

Juan Bolea nació en Cádiz en 1959. Licenciado en Geografía e Historia, antiguo concejal de cultura del ayuntamiento de Zaragoza, es miembro de la Asociación Aragonesa de Escritores, periodista y columnista del Periódico de Aragón, dónde publica su propia sección “Sala de máquinas”.

Sus obras publicadas son “El palacio de los jardines oblicuos” (1981), “Mulata” (1992), “El color del Índico” (1996), “El manager” (2001), “El gobernador” (2003) y “Los hermanos de la costa” (2005).

Sinopsis

Una inspectora de policía es enviada a la costa norte española a investigar una extraña muerte que le pondrá sobre la pista de las siniestras actividades y sucesos en torno a la autodenominada sociedad de “Los hermanos de la costa”.

Edición

Los hermanos de la costa
Ediciones B
Edición de bolsillo

Conclusión

Juan Bolea es un buen escritor en el sentido más amplio de la palabra. Sus personajes son vívidos, las situaciones que plantea creíbles y, al mismo tiempo, misteriosas y apasionantes. “Los hermanos de la costa” es una novela negra con un argumento fascinante y que nos resulta mucho más próxima por su ambientación pero que no cae en ese color de videocámara que tienen, en ocasiones, los relatos nacionales.

No creo equivocarme al paragonarle con Fred Vargas, la autora francesa que, al igual que él, están ayudando a cimentar una literatura policíaca propia y más acorde con la mentalidad y el entorno europeo. No nos olvidemos que en el siglo pasado fuimos el referente mundial de este género.

Por otro lado, y fuera de consideraciones tan globales, recomiendo la lectura de esta novela a todo aquel que disfrute con los personajes sólidos o a aquéllos que, como yo, pretendan crearlos. Sin duda no quedarán defraudados.


Los olvidados de Filipinas

Reseña de la novela de Lorenzo Mediano en la que se narran las aventuras y desventuras de un grupo de militares españoles tras la pérdida de las colonias de Cuba y Filipinas en 1898. El autor, nieto de uno de los últimos repatriados, novela en este libro experiencias reales rescatadas del pasado.

Que la historia española del siglo XIX es, al menos, tan apasionante como la de los Estados Unidos de América (esa de los indios y vaqueros y azules y grises) es un hecho objetivo. Por lo tanto es lógico pensar que se podrían obtener héroes nacionales del mismo calibre que los interpretados por John Wayne. “Los olvidados de Filipinas: Amor, guerra y traición” es una prueba de ello. Y digo que es una prueba porque el señor de la larga barba que se puede ver en la fotografía del recorte de periódico es abuelo de otro señor, el autor del libro.

De hecho, aunque los hechos narrados en esta historia están novelados, los personajes que aparecen y las situaciones que se cuentan son reales, por escalofriantes o increíbles que resulten algunas veces. Éste es el gran añadido que convierte a esta buena novela de aventuras en una magnífica novela histórica con muchos aspectos de documental.

Un abismo nos separa de aquel momento histórico, un abismo geográfico, social y temporal cruzado por un puente que son estos hombres abandonados a su suerte en la otra punta del mundo: los olvidados de Filipinas. Al leer su historia podemos llegar a entender una realidad que nos puede parecer totalmente extraña pero que, en el fondo, forma parte de la nuestra.

Mi bisabuelo fue enviado como soldado de reemplazo a Cuba y contaba que muchos de los que estaban allí no sabían muy bien ni dónde estaban. Ahora, gracias a este libro, sé un poco mejor dónde estaban esas islas filipinas.

Autor
Nacido en Zaragoza en 1959. Médico de profesión, la cual ejerce en apartados valles del Pirineo, y autor de diversas obras sobre técnicas de supervivencia en la naturaleza, empezó su carrera literaria como narrador de relatos orales. Ha publicado varios libros, entre los que destacan “La escarcha sobre los hombros” (1998), “Cuentos de amor imposible” (2002), “Los olvidados de Filipinas” (2001) y “El secreto de la diosa” (2003).

Sinopsis
En 1898 el imperio español se desmorona. En Filipinas un grupo de oficiales destacados en Tayabas se enfrenta a esta realidad en medio de una jungla sublevada y cercados por una cada vez más próxima flota estadounidense. El honor y el sentido del deber les atan a una tierra lejana de la que ya no cabe esperar nada más que la muerte.

Edición
Los olvidados de Filipinas. Amor, guerra y traición.
Zócalo Editorial, 2001
Edición de bolsillo de buena calidad con solapas en la cubierta

Conclusión
Bandidos tendiendo emboscadas, pequeños monos delatándolas, persecuciones con piratas joloanos, caníbales cortadores de cabezas, brujas, cargas de caballería, tesoros robados, prisiones en medio de la jungla… ¿Qué más se le puede pedir a una novela de aventuras?

Y si a esto sumamos una magnífica labor de documentación histórica, un buceo en el pasado para completar los recuerdos transmitidos por el abuelo Mariano Mediano, que convierte estos hechos en memorias, ¿no resulta todavía más impactante la historia y a la vez más interesante?

Dicen que la realidad supera a la ficción. Éste es un caso claro. “Los olvidados de Filipinas” nos permite echar la vista atrás sobre un periodo histórico que juntaba en un escenario sangriento todos los elementos de una terrible tragedia griega. Lorenzo Mediano ha conseguido novelarlo de un modo ameno y consistente. Sin duda un buen tributo a su abuelo y un regalo para sus lectores.

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“María de Sanabria”

Publicado por Cobas en 27th Junio 2008

María de Sanabria; Diego Bracco
Ediciones Nowtilus, Madrid
2007, 256 págs.

María, la sevillana del Trópico
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Julio Cristellys Barrera
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Con una imagen de la joven, casi adolescente, María leyendo, a espaldas de su padre, la crónica de los viajes, los lances y el naufragio de Cabeza de Vaca comienza la novela “María de Sanabria”, última de las obras del escritor uruguayo-italiano Diego Bracco.
Es María una de las dos hijas del segundo matrimonio del sevillano Juan de Sanabria, pariente de Hernán Cortés, además de un acaudalado patricio. Aquí concluye el enunciado de los méritos del detestable don Juan quien, no contento con sus incensantes humillaciones a su abnegada esposa, Mencía, y a sus encantadoras hijas, Mencita y María, intenta valerse de la belleza y del ingenio de esta última como hechiceros señuelos para cautivar los sentidos y la voluntad del envejecido Alvar Núñez Cabeza de Vaca, a quien conocemos ya destituido de su cargo de gobernador del Río de la Plata y encarcelado en una casa sevillana. Las más que fundadas esperanzas de Juan de Sanabria de ser nombrado sucesor de Cabeza de Vaca en el puesto de gobernador del Río de la Plata, le alientan a tramar el infame plan de servirse de la hermosa y temperamental María para arrancar de ese tronado náufrago la revelación de secretos tales como la exacta localización de El Dorado.
La primera parte de la novela desvela el fogoso carácter de esta singular muchacha, ansiosa por vengarse de los desmanes y tormentos paternos, así como por colmar su afán de capitanear una expedición marítima de mujeres rumbo a Paraguay. Seria, concienzuda, no pedante, es la investigación soporte de esta narración histórica y muy entretenido es el relato de los sucesos y trances padecidos por los héroes de la crónica de este episodio del siglo XVI español, ya durante la preparación del viaje, ya a bordo de las naves hasta su arribada a las playas brasileñas, término de la travesía, fin de la novela, mas preludio de la azarosa caravana emprendida por algunos de esos pasajeros que, andando el tiempo, cruzarían la selva para llegar a Asunción de Paraguay. Tal vez el novelista haya pensado en una continuación de las aventuras de María de Sanabria ya instalada en las Indias Occidentales.
Muy estimables me han resultado los sucesivos retratos de los compañeros de ruta de María, la heroína: Juan de Salazar, capitán de las tres carabelas, un curtido marino, cuyos trazos, sin embargo, eluden los consabido tópicos de este género de historias; Hans Staden, el apuesto arcabucero alemán, cuya galanura, cuyo arrojo, nos serán descritos por la apasionada y golosa mirada de María; “las tres jotas”, Juana, Justa y Josefa, en mi opinión, los personajes más logrados de la narración, cada una de ellas en fuga de un pasado que, en sí, contiene un delicioso cuento; y, por último, el clérigo Fray Agustín, la sosegada réplica al ardiente temperamento de la muchacha sevillana, un muro de contención contra el brío de ese torrente bautizado María, una mujer distinta y arrolladora, no lo niego, pero a quien, a mi modo de ver, el autor, quizás arrastrado por un bienintencionado afán de realzar sus penalidades de mujer contra el fondo de un patriarcal ambiente, ha lastrado con un, a veces, desbocado feminismo, en lugar de haberse ceñido a dibujar exclusivamente la furiosa naturaleza de esta chica de diecisiete años, protagonista de una no menos fiera aventura, por lo demás narrada con un fluido y correcto estilo que, a la postre, ofrece al lector un trabajo que, seguro estoy, no le defraudará y le brindará unas horas de grata distracción.

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“Cazador de mentiras”

Publicado por Cobas en 26th Junio 2008

Cazador de mentiras

Reseña de la novela escrita a dos manos por Santiago Eximeno y David Jasso y publicada por Ediciones Jaguar en su colección La Barca de Caronte

Juan A. Laguna

Cazador de mentiras es una novela de terror repleta de particularidades. Para empezar, algo bastante raro en el género, bebe directamente de una leyenda de nuestra propia cultura: la del Caçamentides catalán. Este personaje, reconvertido a las exigencias narrativas impuestas por el libro, es el eje de la historia, el protagonista en la sombra, y sin duda un horror que nos resulta bastante cercano a todos los lectores. ¿O es que alguno no ha oído hablar del hombre del saco?

Dicho esto, no extrañará saber que la obra se ambienta en nuestro país, en una localidad -imaginaria, quiero pensar- a la que van a pasar un fin de semana unos cosmopolitas madrileños. Esta elección no se queda en la mera comodidad ambiental, sino que Jasso y Eximeno aprovechan para hacer su particular incursión en el retrato social; puede, incluso, que en el autorretrato, a juzgar por como se ven algunos escenarios en primera persona. Desde luego, ésta no es una novela costumbrista en el sentido estricto del término, lo que no es óbice para que en ella se haga una aguda fotografía de nuestra propia sociedad. De este modo, la propia ambientación crece dentro de sus páginas convirtiéndose en algo más que el mero soporte. Como decía M.R. James, una de las claves del terror es que éste sea cercano, y desde luego uno aquí se ve fácilmente emprendiendo un viaje similar al de los protagonistas.

Para el desarrollo de la obra se aprovecha la coyuntura de la escritura a dos manos para convertir este posible escollo en una baza adicional, y no en un posible problema. Así, los capítulos se van dando pie unos a otros como en una obra teatral, como si se dieran la réplica, enganchando irremediablemente al lector y espoleándole a sumergirse más y más en la trama. Ésta se desarrolla a un ritmo sostenido, sin prisas pero implacable, liando la madeja de los distintos hilos narrativos hasta llegar a un final de éstos que consiguen arrancarte un escalofrío.

Con estos elementos, Cazador de mentiras pone de manifiesto que hay novelas frescas dentro del género, y que los experimentos literarios se pueden usar como ariete para derribar las paredes que hacen que, a veces, el terror parezca algo apolillado. O escondido en algún refugio exclusivo para iniciados.

Autores

Santiago Eximeno, autor madrileño nacido en 1973, es uno de los referentes del cuento de terror en España. Sus relatos, que transitan desde el horror más descarnado hasta el realismo mágico más intimista, han aparecido en varias antologías del género, como Artifex o Paura, y en la mayoría de las revistas especializadas. Ha publicado previamente dos novelas; Asura (2004), Subcontratado (2006), y una antología propia Imágenes (2004). Ha ganado varios premios por sus relatos, entre ellos dos veces el Premio Ignotus - “Origami” (2003), “Días de Otoño” (2006)- otorgado por la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror. Su interés en el género fantástico no se limita a la literatura, y pronto verá la luz su primer juego de mesa, diseñado junto a Pedro Belushi. Mantiene una web, www.eximeno.com, con información actualizada sobre su obra.

David Jasso nació en Zaragoza en 1961, ha trabajado como periodista en prensa, radio y televisión, actualmente es productor videográfico, algo que se nota en su manera de escribir ya que dota a sus historias de un trepidante ritmo cinematográfico y de una gran carga emocional. Su novela de terror psicológico La Silla (2006) fue toda una sorpresa por la fuerza de su narrativa y la intensidad de las emociones que producía en el lector. Ha publicado relatos en antologías y revistas como Paura, Tierras de Acero, Sable o Galaxia. Ha ganado varios certámenes literarios entre los que destaca el Primer Premio LITER de Relatos de Terror con el relato La niebla. Aunque cultiva géneros como la ciencia ficción o la poesía, es en el terror donde más a gusto se siente y confiesa que en casi todo lo que escribe acaba surgiendo una veta oscura que no puede controlar.

Sinopsis

Una joven pareja va a disfrutar de un fin de semana de relax a una casa rural sita en un pueblecito aislado… sin saber que una siniestra presencia les espera con infinita paciencia.

Edición

Cazador de mentiras
Santiago Eximeno y David Jasso
Colección La Barca de Caronte
Ediciones Jaguar, 2007
Rústica

Conclusiones

La apuesta de Cazador de mentiras es arriesgada en muchos aspectos. Jasso y Eximeno son dos autores con marcados estilos narrativos y, a priori, no resulta sencillo imaginar cómo conjugarlos. Si a esto añadimos la ambientación y el trasfondo del libro, la ecuación se vuelve todavía más complicada. Es por ello que verla resuelta de un modo tan brillante reconforta.

La novela tiene pasajes duros -demonios, es de terror-, pasajes cómicos y tragicómicos, trazos de nuestro propio mundo, pinceladas del que, desde siempre, hemos intuido detrás, escondido en las sombras, una trama actual que se conjuga a las mil maravillas con nuestras tradiciones, y dos pesos pesados del terror nacional cocinando toda esta mezcla. Francamente, recomiendo su lectura, tanto a los aficionados al género como a los que quieran descubrirlo sin pasar por el aro de los bestsellers de corte norteamericano. Merece la pena.

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Presentación

Publicado por Cobas en 25th Junio 2008

Os recordamos que este viernes, 27 de junio, Míchel Suñén presenta

su última novela, Látex, editada por Onagro Ediciones, en La Casa

del Libro (calle San Miguel 4, Zaragoza), a las 19,30 horas.

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No os olvidéis.

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Julio Cristellys

Publicado por Cobas en 24th Junio 2008

Julio Cristellys Barrera

Abogado y Escritor

Nacido en Zaragoza el día 26 de agosto de 1.950

Comienza su andadura escolar a los cuatro años de edad en el parvulario del Colegio de las Madres Teresianas, entonces ubicado en las calles Isaac Peral y Sanclemente de nuestra ciudad. Cuando cumple siete años es matriculado en el Colegio de los Hermanos Corazonistas, centro en el que cursará la Enseñanza Primaria y el Bachillerato Elemental para, posteriormente, continuar con sus estudios de Bachiller Superior y Preuniversitario en el Instituto Goya, donde tuvo la fortuna de ser alumno de muchos e ilustres catedráticos, tales como don Eugenio Frutos y don Serafín Agut.

Con diecisiete años se matricula en la Facultad de Derecho de la Universidad de Zaragoza, iniciando, entonces, un período de cinco años de los que guarda un entrañable recuerdo tanto por los compañeros con quienes compartió pupitre en las aulas como por muchos de los profesores responsables de su formación académica, especialmente don José Orlandis, don Miguel Sancho Rebullida, don Agustín Vicente y Gella, don Luis Martín Ballesteros y don José Luis Lacruz.
Siempre ha vivido en Zaragoza, ciudad en la que ejerce su profesión de abogado y en la que vive con su mujer, Ales, y sus tres hijos, Mariana, Jacobo y Juan. Fue precisamente su primogénita Mariana quien, con un sencillo “Papá, ¿por qué no escribes?”, alentó en el abogado una vocación literaria deudora de muchas horas de lectura y encarnada en un libro titulado “Relatos para Mariana”, trece historias en las que el autor, partiendo de una mínima anécdota autobiográfica tal como una caja de latón utilizada por su abuela para guardar las galletas, fabula con absoluta libertad componiendo unos cuentos en cuyas tramas desempeñan la mujer y nuestros más escondidos sentimientos un papel único y decisivo.
Su segundo libro “Caminos de Ronda” reúne una colección de nueve relatos de muy distintas tramas, todos ellos inspirados al escritor durante sus paseos por los acantilados de la Costa Brava.

Aborda el autor, en este nuevo libro, argumentos en los que el misterio y la pasión se apoderan de la vida de personajes enredados en atractivas historias de amor, ambición y traición, donde, una vez más, las mujeres, a veces adorables, en ocasiones detestables, se erigen en dueñas y señoras del destino de las criaturas imaginadas por el narrador, personajes siempre de doble faz que nunca dejan de conmover a los lectores, sean los que fueren sus gustos y tendencias.

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Es Julio Cristellys un gran aficionado a la música -con predilección por la ópera-, al cine, a la novela realista del siglo XIX y a las vanguardias literarias del pasado siglo XX.

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“Roma”

Publicado por Cobas en 23rd Junio 2008

Ángel Sobreviela, Roma. Poema en prosa,
Zaragoza, Olifante, 2008, 66 páginas

Arquitectura lírica: Roma

M. Martínez Forega

Fuga salutem petere intenderunt

Roma jamás se rindió. Ni siquiera con Aníbal ante portam latinam. Superado este delicado trago, el derecho romano creó, de facto, una sociedad sujeta a la razón bajo un control legislativo para muchos modélico, pero que, a la postre, resultó ser su perdición. Roma fue tomada y destruida desde dentro, por los bárbaros, con el sentido que este sustantivo tenía coetáneamente para los romanos.
Aquella Roma que impulsó al abogado Javoleno Prisco a decir Amoenus piscor est ad Tiber cum eo centurionis, era una Roma republicana dichosa de sí misma y que todavía no tenía conciencia de lo que se le vino encima cuatro siglos después. Era una Roma guerrera, pero jurídica, conquistadora, pero procesal, que comenzó a repartir estatus de ciudadanía para favorecer un comercio que la enriqueció desmesuradamente. Plutarco describió muy bien aquella Roma debatiente y, en cierto modo humana. Fue la era de los Césares la que, desde la atalaya de la riqueza acumulada, inició su irrefrenable declive, deshumanizando las conquistas y colocando en los solios, salvo alguna escasa excepción, a emperadores egotistas, esquizofrénicos, vengativos y pacientes de diversas patologías a cual peor que suprimieron el papel del Senado y abolieron la figura del Tribuno de la Plebe.
Pero esto es historia; historia, en todo caso, que concluyó con la frase con que he comenzado este comentario: Fuga salutem petere intenderunt, pues, en efecto, los miembros de la última corte romana (hacía tiempo ya cristianizada), buscaron su salvación en la fuga.
Esto es historia, pero es también historia esta Roma de Ángel Sobreviela, y lo dice: Ami propia historia es ya una historia@. Es la reconstrucción histórica de un paseante superviviente, una reencarnación del antiguo morador doliente cuyos ojos han transmigrado, metempsicotizado, hasta la que un día fue su ciudad excelsa y esplendorosa. Ahora bien, lo hace con la conciencia de su ruindad, y lo hace desde Cesaraugusta, no desde Zaragoza; desde Cesaraugusta. Virgilio, poeta mecénico al servicio del fundador in pectore de Cesaraugusta, puso en boca de Eneas las siguientes palabras cuando argumentaba la razón de abandonar Carthago y a Dido: Mens agitat molem. Idéntica razón puede argüir Ángel Sobreviela para su refundación de Roma. Una idea empuja su cuerpo: sube a la nave y se embarca hacia su destino; en todo caso, un destino épico. Y lo dice él -no sólo yo- en estos versos:

Aprendía obediencias desconocidas.
Pero ante todo el cuerno épico.

Lo dice precedido de los poetas ya desaparecidos que miraban con sus ojos el árbol, la piedra, la iglesia entre los edificios y de los que acogía, sumiso, cada una de sus voces. Pero también lo dice en esta apelación: AHe cantado mi epopeya entre las ruinas@.

Los ojos del poeta han recurrido a las páginas del arte, a sus referencias toponímicas y ha construido un espacio nuevo sobre el antiguo; no se trata de una simple descripción ni de una simple narración; tampoco de un relato a base de catálogos nominales. La construcción es poética y, como haría más tarde en su Epístola desde Cimeria, la perfila una disposición eminentemente lírica. Roma es el espacio físico dado, una realidad que ha sido visitada por otros con análogos o similares ojos. El poeta lo sabe; sabe que por allí han pasado el ubicuo Torquato Tasso, que Goethe inauguró el hábito del amor a la tradición con sus visitas a Roma (donde, por otra parte, perdió a su hijo), que Freud escribió en Roma su primera carta en español, que en Roma fue asesinado el filósofo Giovanni Gentile, que Visconti enrojeció los terciopelos del Inocente de D=Annunzio… Todos ellos aparecen citados como antecedentes visitantes eximios de la Roma que miran sus ojos. Una Roma en ruinas, con sus águilas rotas hundidas en el fango; una Roma pétrea, o, mejor, petrificada tras la mirada de la Medusa. Sobreviela nos lo advierte ya en el primer sintagma del libro, para que no haya engaños, y enuncia: ARoma medúsea@; Roma pétrea, por tanto.
Es Roma el espacio físico, pero sólo aparece citada en trece ocasiones. Prefiere Sobreviela utilizar los epítetos; lo hace profusamente: Ala impaciencia de lo eterno@, Aherida de la eternidad@, Agigantesco cadáver@, Ala gloria que resbala@, Alo que se hunde@, Alas venas del cadáver@, Atu frío@, Atu musgo@, Aaves heráldicas@, Aestos muros@, Asus siete cuerpos@, Aguirnaldas pétreas@ son algunos de entre muchos. No extraña, por lo tanto, que el visitante invoque a Némesis ante tanta destrucción, que invoque a Némesis así: AVen, Némesis@, y lo haga con el ánimo bien dispuesto para que la diosa equilibradora de la fortuna y de la desdicha, castigue a los causantes de la ruindad en su forma más furibunda.
Pero decía que es una construcción lírica. Debo decir mejor, que no hay duda de que se trata de una construcción lírica. El visitante oculta por lo general su voz, pero muchas veces se revela inequívocamente en ese yo lírico, al comienzo ya, cuando sentado sobre el monte Mario (la colina más alta de las siete romanas), confiesa: Ame senté a contemplar… rogando bendiciones de mi pluma y despertares del ser@ Allí, en esa colina, la cita apolínea viene a propósito en su esquema comparativo. El poeta quiere una lengua dorada sobre el papel también Ateñido de oro@ y registra así su pausa: ALa poesía detuvo su carro en un remolino dorado@. Si antes lo habían mirado los cien ojos del Coliseo como émulo del Argos de Hera, esos ojos antiguos, inermes, arquitectónicos, son ahora, sobre la colina, Alos ojos romanos vivos, ojos negros, océano de presentes esplendorosos@ los que le miran. Y esta transposición de tiempos no es ni mucho menos baladí en la estructura que Ángel nos propone. Si la movilización del libro Roma es de impulso culturalista, donde la abundancia referencial exige no pocos esfuerzos de memoria y de consulta a veces inabordables, es cierto también que existen claves que nos sitúan en el contexto, llaves que abren la puertas de la cripta escritural. De ahí que la cita de Mauberley, dicha al desgaire de unos interrogantes en estilo indirecto, denuncie su verdadero propósito, el mismo que Pound en su conocido Hugh Selwyn Maurbely, y este propósito se centra en la idea de la presencia simultánea del pasado y del futuro en el presente, la idea de la unidad de tiempo, consciente quizá de que todas las edades son contemporáneas. Y viene más a propósito por cuanto el propio Pound asevera ser su Marbeley una reescritura de Propercio (a quien por cierto, he citado sin nombrarlo al comienzo de mi intervención). Ángel Sobreviela parece seguir este esquema al que incorpora los dos modos del discurso: el monológico como manifiesta prueba de su lirismo épico y el diálogico, consistente en una secuencia seminarrativa compuesta de episodios disyuntivos mediante la adición de momentos líricos fragmentarios dentro de una coherencia narrativa. El propio Pound, pero también Eliot y Joyce cultivaron este sesgo estilístico en el que Ángel Sobreviela se desenvuelve a sus anchas. Una exhaustividad necesaria, pero aquí impropia, me impide poner ejemplos ilustrativos de lo que acabo de decir, por lo que me remito a que vosotros, lectores, os acerquéis, para comprobarlo, a los episodios, V, VI y VII, en los que el modo impersonal descriptivo de la narración convive con el diálogo en modo indirecto y el monólogo lírico, dando paso al modo dialógico y monológico en sucesivas secuencias. Superposición de planos temporales que se advierte con mayor evidencia en el tránsito de los episodios XIX a XXIII.

Al margen de este apunte formal -para mí muy interesante-, es necesario descubrir otros asuntos para una mejor interpretación del texto. Y es precisamente en el episodio VI donde el poeta, abrumado por la humillación de la Magna Roma, cuando contempla Ael arte de Roma arrastrado en sangre@, ahí, digo, casi como un improperio, grita: ARoma, erwache! Este (Despierta! como apelación enfática nada tiene que ver con aquel vehemente grito de Dietrich Eckart cuando lo arrojaba a las orejas de Alemania y lo convirtió, además, en canción. O sí tiene que ver. Sobreviela lo utiliza aquí como su analogía antónima. Porque, a ellos, a todos aquellos que han contribuido a la ruina de Roma, van dirigidos sus Acantos sombríos@, sus Acantos de dolor@, una especie de aplicación directa de la Ley del Talión de quien todavía nos desvela otro rasgo: su senequismo en otra cita culta: Nec Spe Nec Metu. Este Asin miedo ni esperanza@ que prosperó modernamente en otra obra épica y fantástica en boca Von Röbruck, protagonista de Los hijos del Grial de Peter Berling, pero que no pasó desapercibida a Fray Luis de León en su AContra el juez avaro@ (Ani el espanto ni la esperanza@, dice Fray Luis) ni a Gamoneda en el Libro del frío (AAhora contemplo el mar. No tengo miedo ni esperanza@, dice el poeta ovetense), ni tampoco a Luis Alberto de Cuenca como epígrafe titular de una de sus recopilaciones poéticas, pero cuyo significado haya tal vez recogido Sobreviela en su más antiguo origen heráldico, o incluso de los comentarios a las leyes romano-bárbaras reunidos por Melchor Silesio en el Vitae germanorum  iureconsultorum et politicorum. Tenemos, por lo tanto, un elemento referencial multiplicador, una referencia que, en su papel exponencial podríamos trasladar a cuantas abundan en esta Roma escrita. Éste es un gran valor del libro que, sin duda, ruborizará a más de uno. Pero a lo que íbamos -que habría dicho Ortega y Gasset-. Llamará el poeta Amanzana de la indolencia@ a la más que célebre manzana de la discordia protagonista del juicio de Paris. Pero no es por casualidad el que la nombre así. Vista la ruina romana, la infidelidad que Sobreviela promete a Venus resulta más que coherente con una actitud que desencadenó la guerra de Troya y, consecuentemente, su destrucción. Enemigo de todo lo que atente contra la belleza, el poeta afirma: Aseré su gusano@, el de la manzana, que no el de Venus; podríamos decirlo de otro modo más séptico: muerto el perro, se acabo la rabia. Hay más en este referencial alarde rococó: el poeta ha sido bautizado en la Fontana de Trevi, ni más ni menos que en el punto donde, originalmente, se situaba el Aqua virgo del antiguo acueducto romano, agua virgen, pura, por tanto, y contraria a las veleidades lúbricas de Afrodita.
Dentro de este mundo referencial, Roma es naturalmente la protagonista, aunque se me antoja una ciudad cuyo visitante es hipotético; quiero decir que el poeta ha estado allí, hasta afirma con convicción que ALa vida comienza hoy y en Roma@, pero Atu dolor comienza hoy y en Roma@. Dos afirmaciones muy significativas dentro del cuerpo textual por cuanto determinan la tarea del poeta, su trabajo hercúleo cifrado en poema, en un carmen que encarga a su alter ego: AVoy en tu busca, mi Eurídice@ es una proposición con elipsis en la que el término elidido es naturalmente Orfeo. Pero el hombre que le antecede es y está de y en Cesaraugusta: Ángel Sobreviela no parece haber pisado esa Roma republicana y augustea en la que -nos dice el poeta- ATodavía hay belleza, pero ni un latido@. Esa Roma de la piazza del Popolo, antigua Via Flaminia, y del Capitolio, colina rodeada por otra piazza diseñada por Miguel Ángel, revelaciones todas que entroncan con una disposición artística envuelta en la conciencia estética del hombre y de la que se sirve el poeta con la cita profusa de paisajes pictóricos, bóvedas, capiteles, arcos y columnas, manchas de color, brochazos negros, puntos de luz sobre gruesos empastes, pinceladas verticales, paredes barrocas…
Sin embargo, es Medusa la que marca el ritmo, Medusa la que de, cuando en vez, aparece con su mirada petrificadora. )Quién podrá cortarle la cabeza? Perseo no aparece por ningún lado; sin embargo está Malory, Malory y su Arturo, y su Excalibur. Tal vez corresponda a esta espada y a su poseedor emprender la tarea de la decapitación. La superposición de planos temporales daría pábulo a esta posibilidad; y está Karl Moor, ese Robin Hood alemán que Schiller heroizó en Los bandidos, porque también la presencia del pasado en el presente lo aprobaría. Lo ha escrito desde Cesaraugusta, así lo señala su pie datal. )Y qué? Tampoco Platón se llamaba Platón, sino Aristacles; ni los ingleses inventaron el fútbol, pues era el propio Platón quien tenía entre sus principales aficiones practicar la Spheromaquia.
Y termino: si la Roma de Sobreviela es una refundación desde la conciencia artística, una reconstrucción estética de la ruina, podemos preguntarnos: )es posible, realmente, una refundación? Desde la poesía, sí. Sólo la poesía es capaz de fundar a partir de la ruina, y esta Roma es la prueba.

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Congreso

Publicado por Cobas en 20th Junio 2008

Hoy se inicia el V Congreso de la Asociación Aragonesa de Escritores, que durará hasta el próximo domingo,

y que tendrá lugar dentro del recinto de la Expo Zaragoza 2008.

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Os recordamos que hoy tenemos un plato fuerte

como es la conferencia a cargo del escritor Antonio Gala.

A disfrutar.

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Presentación

Publicado por Cobas en 19th Junio 2008

Más presentaciones para esta semana. Atended:
Mira Editores se complace en invitarle a la presentación del nuevo libro de relatos de ROBERTO MALO, “LA LUZ DEL DIABLO“, que se celebrará el viernes 20 de junio, a las 20:00 horas, en la Sala Cultural de Librería Central (Corona de Aragón, 40, entrada por Concepción Arenal, 29) de Zaragoza.
En el acto intervendrán el escritor David Jasso, el autor Roberto Malo y el editor Joaquín Casanova.
Al final del acto se servirá una copa de cava.

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Presentación

Publicado por Cobas en 18th Junio 2008

Libros Certeza y Joaquín Sánchez Vallés tienen el gusto de invitarle a la presentación del libro “EL HOMBRE-LOBO DE HUESCA”,volumen nº 19 de la colección CANTELA,de Joaquín Sánchez Vallés.

El acto estará a cargo de Ramón Acín.
La presentación será hoy miércoles, día 18 de junio, a las 19,30 h.,
en el salón de actos de la Biblioteca de Aragón, calle Dr. Cerrada nº 22, de Zaragoza.

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Presentaciones

Publicado por Cobas en 17th Junio 2008

Os recordamos que hoy martes, día 17 de junio, a las 19:30 horas, en la carpa de la feria del libro, sita en Plaza de Santa Engracia, Zaragoza, se procederá a la entrega de los Premios del I Concurso Nacional de Microrrelatos AAE, publicado en el blog de la Asociación Aragonesa de Escritores, es decir, en éste. Además, leeremos los relatos finalistas para que todo el mundo se dé una idea y pueda hallar las claves para ganar la 2ª edición, que está en marcha (como veréis si abrís la pestaña del Concurso) sobre temática musical. A continuación, a eso de las 20:30 horas, como ya os hemos anunciado, presentaremos el número 8 de la Revista Literaria “Criaturas Saturnianas“, que está dedicada a la novela histórica. Para finalizar habrá vino y canapés. ¿Os lo vais a perder? Yo de vosotros no lo haría, forasteros…

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